Se ha descubierto una “ventana de resiliencia” oculta en el cerebro

Gestionar el estrés también protege el cerebroGetty/ René Schmidt

Gestionar el estrés también protege el cerebro: «Es un acto de neuroprotección»

Los especialistas hacen un llamamiento a evitar los hábitos tóxicos, mantener activo el cerebro, cuidar la rutina de sueño y la gestión del estrés

El cerebro es el órgano que permite pensar, sentir, recordar, moverse y coordinar las funciones esenciales del organismo. Su cuidado no debe limitarse a una etapa concreta de la vida: mantenerlo saludable requiere atención continua para favorecer el bienestar físico, mental y emocional, y reducir el riesgo de desarrollar enfermedades neurológicas.

Los especialistas recuerdan que la prevención y la incorporación de hábitos saludables son las principales herramientas para proteger este órgano fundamental.

María Morejón, directora de la Clínica Casaverde Murcia, ha subrayado la trascendencia de incorporar una rutina de prevención integral en el día a día para salvaguardar la salud cerebral.

«Es prioritario mantener una buena salud cardiovascular, teniendo a raya la tensión arterial, el azúcar y el colesterol. Asimismo, es fundamental evitar el sedentarismo e incluir rutinas diarias de ejercicio físico», señala Morejón.

La relación entre salud cardiovascular y cerebro está ampliamente demostrada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la hipertensión arterial es el principal factor de riesgo de ictus y puede multiplicar casi por tres la probabilidad de sufrirlo. Además, la presión arterial elevada, la diabetes y unos niveles altos de colesterol forman parte de los principales factores modificables asociados al riesgo de demencia.

La Sociedad Española de Neurología (SEN) estima que el control de estos factores y la adopción de estilos de vida saludables podrían prevenir hasta el 90 % de los ictus.

La especialista también insiste en la necesidad de «eliminar factores de riesgo cotidianos y fomentar el entrenamiento mental». Para ello, recomienda abandonar hábitos perjudiciales como el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol, además de seguir una alimentación equilibrada.

El tabaco y el alcohol se encuentran entre los principales factores de riesgo modificables relacionados con la demencia. En el caso del alcohol, forma parte del conjunto de factores a los que se atribuye hasta el 40 % de los casos de demencia en el mundo.

Frente a ello, la evidencia científica respalda especialmente la dieta mediterránea, asociada a un mejor rendimiento cognitivo durante el envejecimiento.

Dormir y mente activa

El descanso adecuado y la reducción del estrés prolongado también forman parte de la protección cerebral. A ello se suma la importancia de mantener una actividad intelectual constante.

«Resulta sumamente beneficioso incorporar rutinas de estimulación cognitiva de forma regular para mantener el cerebro activo y en forma», concluye Morejón.

Leer, aprender nuevas habilidades, realizar actividades sociales o practicar juegos que impliquen concentración son algunas de las estrategias que ayudan a mantener la función cognitiva.

Sin embargo, los datos muestran que todavía existe margen de mejora: más del 35 % de la población española apenas dedica tiempo a leer, jugar o realizar otras actividades cognitivas, mientras que el 60 % asegura no haber aprendido nada nuevo durante el último año.

Estrés crónico en el cerebro

La investigación científica continúa revelando nuevos mecanismos sobre cómo los hábitos diarios influyen en el cerebro. Uno de los aspectos que más preocupa a los expertos es el efecto del estrés mantenido en el tiempo.

Laura Martín-Romo, neuropsicóloga del Hospital Casaverde Extremadura, advierte de que el estrés sostenido puede modificar la estructura cerebral y afectar a zonas esenciales como el hipocampo, una región clave para la memoria.

Por ello, asegura que «gestionar el estrés no es solo un consejo de bienestar, sino un auténtico acto de neuroprotección». El estrés crónico altera además la regulación inmunológica del organismo y favorece un estado proinflamatorio que puede afectar al sistema nervioso.

Desde la Fundación Casaverde también señalan la importancia del cuidado de la salud cerebral en aspectos como:

La plasticidad neuronal: el sistema nervioso posee una notable capacidad para reorganizar sus conexiones en respuesta a la experiencia, el aprendizaje o el ejercicio físico. El ejercicio aeróbico regular aumenta los niveles de BDNF, una proteína vital para la conexión neuronal, y se ha asociado con un mayor volumen del hipocampo en adultos mayores. La actividad intelectual y social sostenida a lo largo de la vida también ayuda al cerebro a tolerar mejor el paso del tiempo, retrasando la aparición de síntomas de deterioro cognitivo, un fenómeno que la neurociencia llama «reserva cognitiva».

La neurogénesis en adultos: frente a la antigua creencia de que no nacían nuevas neuronas en la edad adulta, los expertos recuerdan que el cerebro adulto sí genera neuronas nuevas, sobre todo cuando se le estimula mediante actividad física, intelectual y social. De hecho, la evidencia científica confirma que el hipocampo humano sigue generando neuronas nuevas hasta la novena década de vida en personas sanas.

Proteger el cerebro

El desarrollo de enfermedades neurológicas depende de múltiples factores, entre ellos la edad, la genética, el estado general de salud y las condiciones sociales y ambientales. Sin embargo, la prevención ofrece una oportunidad real para reducir riesgos y preservar la autonomía.

Controlar la tensión arterial, practicar ejercicio de forma regular, dormir adecuadamente, seguir una dieta equilibrada y mantener la actividad intelectual son medidas respaldadas por la evidencia científica.

Sus beneficios son mayores cuando estos hábitos se incorporan desde etapas tempranas, se mantienen en el tiempo y cuentan con un entorno que facilite su cumplimiento.

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