Una mujer pensando
Las tres señales del alzhéimer antes de los problemas de memoria
Un estudio apunta a unos síntomas que podrían aparecer antes que la pérdida de memoria
Cuando se habla de enfermedad de Alzheimer, la pérdida de memoria suele ser el primer síntoma que viene a la mente. Sin embargo, una nueva investigación realizada por científicos de Texas A&M Health plantea que la enfermedad podría comenzar a manifestarse mucho antes a través de otro signo menos conocido: la dificultad para adaptarse a los cambios o aprender nuevas reglas.
El estudio, realizado en modelos animales, observó que las alteraciones en la denominada flexibilidad cognitiva aparecían meses antes de que se detectaran problemas de memoria. Esta capacidad permite al cerebro modificar el comportamiento, adaptarse a nuevas situaciones y cambiar de estrategia cuando las circunstancias lo requieren.
«Descubrimos que esta función estaba deteriorada antes de que pudiéramos detectar déficits en la memoria espacial», explica en un comunicado el neurocientífico Jun Wang, profesor de la Facultad de Medicina Naresh K. Vashisht de la Universidad Texas A&M.
Según los investigadores, estos resultados sugieren que la pérdida de memoria no siempre sería la primera manifestación del alzhéimer. Cuando los olvidos comienzan a ser evidentes, los cambios cerebrales asociados a la enfermedad podrían llevar tiempo desarrollándose. Por ello, los autores consideran que evaluar funciones ejecutivas como la planificación, la toma de decisiones o la capacidad de adaptación podría ayudar a detectar la enfermedad en fases más tempranas.
Dificultad para adaptarse
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores utilizaron un modelo animal de alzhéimer conocido como 5xFAD, caracterizado por desarrollar placas de beta-amiloide, uno de los principales rasgos de esta enfermedad.
El equipo analizó la flexibilidad cognitiva mediante una prueba de aprendizaje por inversión. En ella, los animales aprendían inicialmente que una determinada acción les proporcionaba una recompensa. Posteriormente, las reglas cambiaban y la recompensa pasaba a asociarse a otra conducta distinta.
Mientras que los animales sanos se adaptaban rápidamente al cambio, los modelos con alzhéimer continuaban aplicando la estrategia anterior, incluso cuando ya no obtenían ningún beneficio. Lo más llamativo fue que, pese a esta dificultad para adaptarse, seguían obteniendo resultados normales en las pruebas de memoria espacial, encargada de recordar la ubicación de objetos y orientarse en el entorno.
Las tres señales
El estudio también detectó una actividad excesiva en la corteza prefrontal medial, una región del cerebro implicada en la toma de decisiones, la adaptación del comportamiento y el control de acciones dirigidas a objetivos.
Esta hiperactividad afectaba a un circuito que conecta la corteza prefrontal con el cuerpo estriado, dos áreas fundamentales para modificar la conducta cuando cambian las circunstancias.
Además, los investigadores observaron una menor actividad de las interneuronas colinérgicas, células nerviosas relacionadas con el aprendizaje y la capacidad de adaptación. Esta alteración coincidía con los problemas de flexibilidad cognitiva detectados en los modelos animales.
Romper el círculo
Los científicos recuerdan que la acumulación de beta-amiloide y la hiperactividad neuronal parecen alimentarse mutuamente. Cuanto mayor es la actividad de las neuronas, más beta-amiloide se produce y, a su vez, esta proteína favorece una mayor excitabilidad cerebral.
Para comprobar si era posible romper este círculo, el equipo redujo de forma temporal la actividad de determinadas neuronas del circuito alterado. Tras la intervención, los modelos animales mejoraron su capacidad de adaptación, recuperaron patrones de actividad cerebral más normales y presentaron una menor acumulación de beta-amiloide.
Además, estos beneficios se mantuvieron incluso después de finalizar el tratamiento, lo que sugiere que la intervención produjo cambios duraderos en los circuitos neuronales.
Avance para el diagnóstico precoz
Aunque los autores subrayan que los resultados proceden de modelos animales y deben confirmarse en estudios con personas, consideran que abren una nueva vía para la investigación del alzhéimer.
En lugar de centrar la atención únicamente en la pérdida de memoria, proponen incorporar la evaluación de la flexibilidad cognitiva y de otras funciones ejecutivas como posibles marcadores tempranos de la enfermedad. Si futuros estudios confirman estos hallazgos, estas pruebas podrían complementar las herramientas diagnósticas actuales y facilitar la identificación del alzhéimer años antes de que aparezcan los síntomas clásicos.
«Algo en lo que la mayoría de los expertos coinciden es en que el diagnóstico precoz es fundamental», afirma Wang. «La enfermedad de Alzheimer es progresiva. Las neuronas se degeneran progresivamente con el tiempo. Si podemos identificar la enfermedad a tiempo, el tratamiento tendrá muchas más probabilidades de ser eficaz».