El 4 de septiembre se celebra el Día Mundial de la LeucemiaGetty Images

Leucemia: qué es, cuáles son sus síntomas, qué tipos existen o cómo se diagnostica

El 4 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Leucemia

La leucemia es un cáncer de la sangre que afecta a la producción y el funcionamiento de las células sanguíneas. Se origina en la médula ósea, el tejido situado en el interior de los huesos donde se producen los glóbulos blancos, los glóbulos rojos y las plaquetas.

En esta enfermedad, la médula ósea genera glóbulos blancos anormales, conocidos como células leucémicas o blastos. Estas células no funcionan correctamente y se acumulan en la sangre y la médula ósea, desplazando a las células sanguíneas sanas, según explican en un artículos hematólogos y oncólogos de HM Hospitales.

La leucemia comienza cuando el ADN de una célula de la médula ósea sufre una mutación. Este cambio altera las instrucciones que regulan su crecimiento, desarrollo y muerte, haciendo que la célula se multiplique de forma descontrolada. Las nuevas células que proceden de esa célula mutada heredan la misma alteración. La causa exacta de estas mutaciones no se conoce por completo, aunque se considera que pueden intervenir una combinación de factores genéticos y ambientales.

Síntomas de la leucemia

Los síntomas pueden variar según el tipo y la fase de la enfermedad. Entre los más frecuentes se encuentran:

  • Fatiga persistente, debilidad y dificultad para respirar, relacionadas con la anemia provocada por un descenso de los glóbulos rojos
  • Infecciones frecuentes o recurrentes, debido a la reducción de glóbulos blancos sanos
  • Fiebre y sudores nocturnos
  • Pérdida de peso sin causa aparente
  • Dolor en los huesos o las articulaciones, causado por la acumulación de células leucémicas en la médula ósea.
  • Sangrado de encías o nariz, aparición de petequias y facilidad para sufrir hematomas, asociados a un descenso de las plaquetas
  • Inflamación de los ganglios linfáticos, especialmente en cuello, axilas o ingles
  • Aumento del tamaño del bazo o el hígado, que puede provocar dolor abdominal.

Estos síntomas también pueden aparecer en otras enfermedades, por lo que es necesario consultar con un médico para determinar su causa.

Cuatro tipos de leucemia

La leucemia se clasifica según la velocidad con la que progresa y el tipo de célula sanguínea afectada. Existen cuatro tipos principales:

Leucemia linfoide aguda (LLA): se origina en los linfoblastos, células inmaduras que normalmente dan lugar a los linfocitos. Es el tipo de leucemia más frecuente en niños, aunque también puede aparecer en adultos.

Leucemia mieloide aguda (LMA): comienza en los mieloblastos, células inmaduras que posteriormente dan lugar a distintos tipos de glóbulos blancos. Es más frecuente en adultos que en niños.

Leucemia mieloide crónica (LMC): Se origina en las células madre hematopoyéticas, responsables de generar los diferentes tipos de células sanguíneas. Es más habitual en adultos y puede evolucionar durante años antes de producir síntomas.

Leucemia linfoide crónica (LLC): Afecta a los linfocitos y es el tipo de leucemia más común en adultos, especialmente en personas mayores. Las células leucémicas se multiplican lentamente y pueden no provocar síntomas durante años.

Diagnóstico de la leucemia

El diagnóstico de la leucemia, explican desde la Clínica Universidad de Navarra se realiza a través de diversas pruebas. Tras observar la sintomatología clínica, se realizan análisis de sangre y una punción de médula ósea, donde se estudian las células afectadas.

En algunos casos, se emplean técnicas citoquímicas para diferenciar la leucemia de otras afecciones con síntomas similares. También se utilizan pruebas de imagen, como el escáner, para evaluar la afectación en ganglios linfáticos, hígado y bazo, especialmente en los síndromes linfoproliferativos crónicos.

Tratamientos

En la leucemia linfática, realizar un correcto estadiaje de la enfermedad es fundamental, ya que el tratamiento depende de la fase en la que se encuentre. En los casos de mejor pronóstico, incluso puede optarse por no iniciar tratamiento y mantener una vigilancia médica.

Entre las opciones terapéuticas se encuentran la fludarabina y otros derivados de los análogos de las purinas, que han demostrado buenos resultados. Además, en los últimos años se han incorporado nuevas terapias biológicas, como los anticuerpos monoclonales.