La sarcopenia está reconocida oficialmente como enfermedad desde 2016
Una experta alerta: «La sarcopenia no debe confundirse con el envejecimiento normal»
La sarcopenia es una enfermedad que provoca una pérdida progresiva de masa, fuerza y función muscular y que puede tener importantes consecuencias sobre la autonomía y la salud. La especialista de Medicina Interna de Quirónsalud Huelva María Pérez Tristancho ha advertido de que esta patología, «de manera general, suele asociarse al envejecimiento, aunque no debería considerarse una consecuencia inevitable de cumplir años», ya que ocasiona una pérdida muscular acelerada que eleva el riesgo de sufrir caídas y fracturas, ser hospitalizado, desarrollar una discapacidad e incluso morir.
Pérez Tristancho explica en una que la enfermedad afecta a millones de personas en todo el mundo y representa «una de las principales causas de pérdida de autonomía en las personas mayores». La sarcopenia está reconocida oficialmente como enfermedad desde 2016 y se distingue del proceso normal de envejecimiento precisamente por esa pérdida acelerada de musculatura y por las consecuencias que puede tener para quienes la padecen.
Disminución de la masa muscular
La disminución de la masa muscular comienza de manera gradual a partir de los 40 años y suele intensificarse entre los 50 y los 65. No obstante, la edad no es el único elemento que interviene en su aparición y desarrollo. Según subraya la doctora, «intervienen otros factores como el sedentarismo, la malnutrición, determinadas enfermedades crónicas o los periodos prolongados de inmovilización tras una cirugía o una hospitalización».
Por ello, Pérez Tristancho insiste en la conveniencia de reconocer cuanto antes las posibles señales que pueden advertir del problema. «debemos prestar atención a las primeras señales de alerta entre las que destacan la pérdida de fuerza, la dificultad para levantarse de una silla, la lentitud al caminar, los problemas para subir escaleras o las caídas frecuentes», advierte. A estas manifestaciones se puede sumar «una pérdida involuntaria de peso o de una disminución evidente de la capacidad para realizar actividades cotidianas».
A medida que la enfermedad avanza, acciones habituales y esenciales de la vida diaria pueden resultar cada vez más complicadas. Tareas tan básicas como ducharse, vestirse, desplazarse a pie o encargarse de las labores domésticas «pueden convertirse en un desafío, comprometiendo la independencia y la calidad de vida de quienes la padecen».
Enfermedad prevenible
Pese a las consecuencias que puede ocasionar, Pérez Tristancho destaca que «la buena noticia es que la sarcopenia puede prevenirse y retrasarse». La especialista explica que «la evidencia científica señala que el ejercicio físico, especialmente el entrenamiento de fuerza constituye la medida más eficaz para preservar la musculatura y mantener la capacidad funcional».
Entrenamiento de fuerza
La actividad física ocupa, por tanto, un papel central a la hora de tratar de evitar o retrasar el deterioro muscular. En este sentido, la doctora recomienda combinar diferentes tipos de ejercicios para mantener tanto la fuerza como la funcionalidad. «La actividad física moderada es imprescindible en la prevención de la sarcopenia, combinada con ejercicios de fortalecimiento muscular, y de manera ideal complementada con ejercicios de equilibrio y trabajo funcional en las personas de mayor edad», señala.
Alimentación
Junto al ejercicio, la alimentación constituye el otro gran elemento preventivo. La nutricionista del Hospital Quirónsalud Huelva Jerusalén Antúnez señala que mantener una dieta «adecuada» supone «otra de las claves» para prevenir la sarcopenia. La especialista recuerda que la conservación de la musculatura depende también de que el organismo reciba los nutrientes necesarios. «El músculo necesita energía y proteínas para conservarse y repararse, por lo que una ingesta insuficiente puede acelerar el deterioro muscular».
En cuanto a los alimentos que pueden contribuir al aporte de proteínas, Antúnez destaca diversas opciones que pueden formar parte de una alimentación equilibrada. «Pescados, huevos, carnes magras, lácteos, legumbres y frutos secos son algunas de las principales fuentes de proteínas recomendadas, así como la suplementación de vitamina D», ha remarcado.
Detección precoz
Además de la prevención, Pérez Tristancho hace hincapié en la necesidad de identificar la enfermedad en sus primeras etapas, puesto que detectar la sarcopenia en fases tempranas «permite actuar antes de que aparezcan complicaciones graves». Por este motivo, recomienda acudir a un profesional sanitario cuando se produzca una pérdida notable de fuerza, aparezcan dificultades para caminar o levantarse, se registren caídas de manera recurrente o exista una disminución involuntaria del peso corporal.
El diagnóstico en consulta se realiza mediante la valoración de diferentes aspectos relacionados con el estado muscular y la capacidad del paciente. Para ello se estudian la fuerza muscular, la masa muscular y la capacidad funcional a través de distintas pruebas y cuestionarios clínicos.
Una vez diagnosticada la sarcopenia, el abordaje terapéutico se basa en la mayoría de los casos en una alimentación saludable y equilibrada, acompañada de una intervención nutricional en aquellos pacientes que la necesiten. A ello se suma la práctica de actividad física dirigida a favorecer la ganancia muscular. El tratamiento también contempla la terapia hormonal y los inhibidores de la miostatina.