El deporte es fundamental a todas las edades
Descubren cómo el músculo se repara después del ejercicio de fuerza
El entrenamiento de resistencia activa la maquinaria de reparación muscular
Una alimentación equilibrada, la práctica deportiva y una correcta higiene de sueño son factores fundamentales a cualquier edad. De hecho, la Organización Mundial de la Salud recomienda realizar actividades de fortalecimiento muscular moderado al menos dos veces por semana, incluso para adultos mayores, para ayudar a prevenir la pérdida de fuerza muscular.
El entrenamiento de fuerza es uno de los pilares para mantener la masa muscular y favorecer un envejecimiento saludable. Sin embargo, el esfuerzo que permite ganar músculo también provoca pequeñas lesiones en las fibras musculares que el organismo debe reparar para hacerse más fuerte.
Ahora, investigadores de las universidades de Hildesheim, Bonn y Friburgo han descubierto cómo responde el músculo esquelético humano al ejercicio de resistencia a nivel molecular. Sus hallazgos, publicados en Nature, aportan nuevos conocimientos que podrían ayudar a optimizar los programas de entrenamiento para atletas, mejorar las estrategias de rehabilitación y contrarrestar la pérdida muscular relacionada con la edad.
Proceso de reparación
Los investigadores han desvelado con detalle cómo se produce ese proceso de reparación, identificando proteínas hasta ahora desconocidas que desempeñan un papel clave en la recuperación y adaptación del músculo tras el ejercicio.
Sistema de reparación
Para estudiar este mecanismo, los investigadores analizaron biopsias musculares obtenidas de voluntarios sanos antes y después de realizar una sesión de entrenamiento de fuerza de alta intensidad.
Mediante técnicas avanzadas de proteómica, que permiten analizar miles de proteínas al mismo tiempo, comprobaron que el ejercicio activa un sistema altamente especializado encargado de localizar y eliminar las proteínas musculares dañadas mientras favorece la fabricación de otras nuevas.
Este mecanismo permite reparar las pequeñas lesiones provocadas por el entrenamiento y reforzar el aparato contráctil del músculo, responsable de generar la fuerza. El estudio también identifica nuevos componentes de esta red de reparación y muestra cómo se regulan tras el ejercicio.
El papel de las proteínas
«Nuestros métodos analíticos nos permitieron identificar proteínas que se incorporan al aparato contráctil después del ejercicio de resistencia, donde desempeñan funciones esenciales de protección y reparación», explica el profesor Pitter Huesgen, experto en proteómica de la Universidad de Friburgo.
Una vez identificadas, los científicos estudiaron su función utilizando células musculares cultivadas en el laboratorio de la Universidad de Bonn.
«Utilizando células musculares cultivadas, demostramos que estas proteínas reparadoras primero reconocen las estructuras musculares dañadas y luego las eliminan mediante una vía de degradación celular conocida como autofagia. Esto facilita la reparación muscular y la adaptación al entrenamiento de resistencia», explica el profesor Jörg Höhfeld, del Instituto de Biología Celular de la Universidad de Bonn y miembro del Área de Investigación Transdisciplinaria «Vida y Salud» de esta institución.
La autofagia es un proceso natural mediante el cual las células eliminan componentes deteriorados para poder sustituirlos por otros nuevos y mantener su correcto funcionamiento.
Las biopsias musculares y los primeros análisis del daño inducido por el ejercicio fueron realizados por el equipo del profesor Sebastian Gehlert, de la Universidad de Hildesheim.
La intensidad del entrenamiento y la experiencia previa del deportista influyen en el grado de daño muscular y en la activación de reparación
«Nuestros hallazgos revelan cómo la intensidad y el historial de entrenamiento influyen tanto en el daño muscular como en la activación de los mecanismos de reparación», afirma Gehlert.
El investigador añade que «este conocimiento nos ayudará a optimizar la secuencia de las sesiones de entrenamiento para atletas, así como los programas de rehabilitación para pacientes en entornos clínicos».
Los autores consideran que estos hallazgos podrían aplicarse tanto al diseño de programas de entrenamiento para deportistas de alto nivel como a estrategias de recuperación funcional en personas que necesitan rehabilitación tras una lesión o una enfermedad.