La farmacéutica Teresa Bueno explica cómo afrontar la menopausia en la oficina
La menopausia también vuelve a la oficina: cómo afectan el estrés y el cambio de rutinas a los síntomas
Septiembre trae consigo horarios, madrugones, reuniones, prisas y vuelta al trabajo. Y para muchas mujeres que están atravesando la menopausia, este cambio de ritmo puede hacer que algunos síntomas se noten más. No es que la vuelta a la oficina «provoque» la menopausia, pero el estrés y los cambios de hábitos sí pueden influir en cómo nos encontramos, explica la farmacéutica Teresa Bueno.
Después de unas semanas con horarios más flexibles, menos despertadores y, en muchos casos, más descanso, septiembre puede suponer un cambio brusco. Y en una etapa en la que el organismo ya está adaptándose a importantes fluctuaciones hormonales, ese incremento del estrés puede hacer más evidentes síntomas que durante las vacaciones parecían estar bajo control.
Uno de los grandes afectados suele ser el sueño. Dormir peor puede aumentar el cansancio, la irritabilidad y esa sensación de tener la cabeza a medio gas que muchas mujeres describen como «niebla mental». Si además aparecen sofocos o sudores nocturnos, descansar bien puede convertirse en todo un reto.
Y aquí aparece un círculo bastante fácil de reconocer: dormimos mal, llegamos más cansadas al trabajo, aumenta el estrés, recurrimos a más café para mantenernos despiertas y llegamos a la noche todavía aceleradas. Romper esa dinámica no siempre es sencillo, pero sí podemos intentar no alimentarla.
Por eso, recuperar poco a poco unos horarios regulares puede ayudar. Intentar acostarse y levantarse a horas similares, reducir las pantallas antes de dormir y mantener el dormitorio fresco son pequeños gestos que pueden marcar diferencia. También es recomendable vigilar el consumo de cafeína, sobre todo a partir de determinadas horas, y el alcohol. Aunque una copa pueda producir inicialmente sensación de somnolencia, el alcohol puede fragmentar el sueño y empeorar el descanso.
Cuando los síntomas llegan al trabajo
Hay síntomas de la menopausia de los que hablamos con relativa normalidad y otros que permanecen bastante invisibles. Un sofoco en mitad de una reunión puede resultar evidente, pero no ocurre lo mismo con la falta de concentración, el cansancio después de varias noches durmiendo mal o esa dificultad puntual para encontrar una palabra o mantener el nivel de atención habitual.
Esto puede generar preocupación, especialmente en mujeres que hasta entonces habían desarrollado su trabajo sin ninguna dificultad.
La sensación de no rendir igual puede convertirse, además, en una fuente añadida de estrés
No deberíamos asumir que una mujer tiene que acostumbrarse sin más. Algunas medidas aparentemente pequeñas pueden facilitar mucho el día: tener agua a mano, vestir con prendas que permitan adaptarse a los cambios de temperatura, hacer pequeñas pausas, levantarse y moverse si se pasan muchas horas sentada o intentar reservar las tareas que requieren mayor concentración para los momentos del día en los que una se encuentra mejor.
Y, sobre todo, no culpabilizarse. Atravesar una etapa fisiológica que puede producir síntomas reales no significa haber perdido capacidad profesional.
También merece atención la alimentación. No hace falta ponerse a dieta cada septiembre, pero sí recuperar una alimentación variada, con frutas, verduras, legumbres, proteínas de calidad y alimentos ricos en calcio. Mantener una buena hidratación también es importante, especialmente si los sofocos son frecuentes.
En esta etapa merece especial atención la conservación de la masa muscular y de la salud ósea. Por eso es preferible abandonar la idea de septiembre como el mes de las dietas exprés y plantearlo como una vuelta a hábitos que podamos mantener durante todo el año. Una restricción excesiva puede conseguir que baje rápidamente el número de la báscula, pero ese no debería ser nuestro único indicador de salud.
Fuerza, no solamente adelgazar
¿Y el ejercicio? Después del parón veraniego, mejor volver poco a poco y sin querer recuperar todo en una semana. Caminar, hacer ejercicios de fuerza y mantenernos activas de forma regular puede contribuir al bienestar físico y emocional y ayudar a cuidar la masa muscular y la salud ósea.
El entrenamiento de fuerza cobra especial importancia a partir de la mediana edad. No significa necesariamente levantar grandes pesos ni convertirse de repente en una deportista. Significa trabajar de manera progresiva los principales grupos musculares y adaptar el ejercicio a la condición física de cada mujer.
Además, si trabajamos muchas horas sentadas, ir al gimnasio una hora no debería ser nuestra única actividad del día. Levantarnos periódicamente, caminar siempre que sea posible o utilizar las escaleras son pequeños movimientos que, sumados, también cuentan.
Ojo con los suplementos
Septiembre es también temporada de buenos propósitos y, con ellos, aparecen productos que prometen recuperar energía, adelgazar, dormir mejor, reducir los sofocos o «equilibrar las hormonas». Como farmacéutica, creo que aquí debemos ser especialmente prudentes.
Un suplemento puede ser útil cuando responde a una necesidad concreta, pero no existe un producto universal para la menopausia
Ni todas las mujeres presentan los mismos síntomas ni todas necesitan lo mismo. Tampoco «natural» significa automáticamente inocuo: algunos complementos pueden tener contraindicaciones o interactuar con medicamentos.
Antes de empezar a tomar varios productos a la vez, es preferible preguntarse qué queremos mejorar y consultar si realmente existe una indicación para utilizarlos. A veces el problema no necesita un suplemento, sino abordar correctamente un trastorno del sueño, un síntoma menopáusico que tiene tratamiento o un déficit que debe ser diagnosticado.
Y hay algo que tampoco debemos pasar por alto: hablar de lo que nos ocurre. Los cambios hormonales pueden afectar al estado de ánimo, la concentración o la sensación de energía, pero no hay que resignarse a encontrarse mal. Si los síntomas son intensos, interfieren con el trabajo o con la vida diaria, o afectan de forma importante al descanso, merece la pena comentarlo con un profesional sanitario.
Tampoco debemos meter automáticamente en el cajón de la menopausia cualquier síntoma que aparezca a partir de cierta edad. Un cansancio extremo y persistente, palpitaciones frecuentes, una tristeza intensa, sangrados inesperados o cualquier síntoma nuevo que resulte preocupante merece una valoración adecuada. Que una mujer esté atravesando la perimenopausia o la menopausia no significa que todo lo que le ocurra tenga necesariamente un origen hormonal.
La menopausia forma parte de una etapa natural de la vida, pero vivirla con molestias importantes no tiene por qué convertirse en lo normal que simplemente hay que aguantar.
Porque volver a la rutina también puede ser una buena oportunidad para volver a cuidarnos.
- Teresa Bueno, farmacéutica