Cambio de horarioGetty/ Stephanie Frey

Cambio de hora: verano o invierno, ¿en qué horario deberíamos vivir todo el año?

El mes de octubre no solo viene acompañado de caída de las hojas, lluvia y bajada de las temperaturas, a todo ello se le suma el cambio horario. La noche del sábado 24 al domingo 25 de octubre los relojes se retrasan una hora para adaptarnos al horario de invierno. A las 03:00 horas de la madrugada las agujas marcarán las 02:00 horas.

Aña tras año, los cambios horarios siguen creando confrontación y la posible eliminación continúa bloqueada en el Consejo de la UE. La falta de consenso y de una mayoría cualificada entre los países mantiene paralizada una reforma que lleva años sobre la mesa. Los hay que siguen defendiendo el uso del horario de verano frente a los que prefieren el uso del de invierno.

Un nuevo análisis, publicado en CMAJ (Canadian Medical Association Journal) plantea esta cuestión de fondo: mantener durante todo el año: el estándar –el conocido como horario de invierno– o el de verano.

Ambas opciones presentan ventajas e inconvenientes. Mantener el horario de verano permitiría disfrutar de más horas de luz por la tarde, algo que puede favorecer la actividad física, la vida social, los desplazamientos y determinadas actividades económicas. A cambio, retrasaría una hora el amanecer, lo que durante el invierno supondría que más personas se levantarían, acudirían al colegio o se desplazarían al trabajo cuando todavía está oscuro.

El horario estándar permanente conservaría más luz durante las primeras horas del día y se ajustaría mejor al funcionamiento del reloj biológico humano, aunque implicaría tardes más oscuras durante el invierno.

«Eliminar el cambio de hora resuelve un problema, pero plantea otra disyuntiva: ¿en qué horario deberíamos vivir todo el año?», afirma el Dr. Raymond Lam, autor principal del estudio y profesor de psiquiatría en la Universidad de Columbia Británica (UBC), Vancouver, BC. «La evidencia científica apunta al horario estándar, principalmente porque la luz matutina es importante para nuestros relojes biológicos, el sueño y el estado de ánimo».

Beneficios del horario de invierno

Las principales organizaciones especializadas en sueño y cronobiología recomiendan mantener el horario estándar durante todo el año. Los autores explican que la luz de la mañana ayuda a sincronizar el reloj circadiano con el ciclo de 24 horas, mientras que la exposición a la luz vespertina tiende a retrasarlo.

La luz de la mañana ayuda a sincronizar el reloj circadiano con el ciclo de 24 horas, mientras que la exposición a la luz vespertina tiende a retrasarlo

Por este motivo, el horario de verano permanente podría dificultar esa sincronización durante los meses de invierno, al reducir la exposición a la luz matutina y prolongarla por la tarde.

«Nuestros relojes biológicos necesitan la luz matutina para mantenerse sincronizados con el ciclo de 24 horas», afirma el Dr. Ralph Mistlberger, profesor de psicología en la Universidad Simon Fraser de Vancouver, Columbia Británica. «El horario de verano permanente retrasa esa luz una hora justo cuando las mañanas de invierno ya están más oscuras».

Los autores señalan que esta cuestión puede tener especial relevancia para el sueño y el estado de ánimo. Según el análisis, entre el 1 % y el 3 % de la población canadiense padece trastorno afectivo estacional (TAE), mientras que hasta un 15 % experimenta cambios estacionales más leves relacionados con el estado de ánimo, el sueño, el apetito o los niveles de energía.

Los niños y adolescentes podrían ser especialmente sensibles a estos cambios. La pubertad tiende a retrasar de forma natural el horario de sueño, mientras que los horarios escolares suelen comenzar temprano. En un escenario de horario de verano permanente, esto podría coincidir con mañanas especialmente oscuras durante el invierno.

Otros colectivos que podrían verse afectados son los trabajadores por turnos o con jornadas que comienzan a primera hora, los usuarios del transporte público, peatones y ciclistas, así como las personas que viven en zonas rurales o comunidades con menores recursos y una infraestructura de transporte e iluminación más limitada.

Beneficios del horario de verano

El análisis también reconoce los posibles beneficios del horario de verano permanente. Contar con más luz después de la jornada laboral y escolar puede facilitar la práctica de ejercicio, las actividades sociales o las compras.

«El atractivo del horario de verano permanente es fácil de comprender. A la gente le gusta tener más luz después del trabajo y la escuela», afirma el Dr. Patrick Baylis, profesor asociado de la Escuela de Economía de Vancouver en la UBC. «Pero esos beneficios vespertinos deben sopesarse con la evidencia que relaciona la disminución de la luz solar con menos horas de sueño, menor productividad y peores resultados académicos».

La experiencia de otros países

La experiencia internacional también ofrece ejemplos sobre las dificultades de mantener el horario de verano durante todo el año.

Estados Unidos adoptó el horario de verano permanente en 1974, en plena crisis energética, pero recuperó el sistema anterior un año después, en un contexto marcado por la oposición a las mañanas oscuras de invierno y la preocupación por los niños que acudían al colegio antes del amanecer.

Rusia implantó el horario de verano permanente en 2011 y lo abandonó en 2014 después del descontento generado por los horarios de luz durante el invierno. Chile también dio marcha atrás tras experimentar con el horario de verano permanente en 2015.

Los autores subrayan que, independientemente de la opción que adopten los gobiernos, sus consecuencias deberían vigilarse y evaluarse una vez aplicada la medida.

Si se optara por mantener el horario de verano, entre las posibles medidas de adaptación estarían mejorar la seguridad de carreteras y vías peatonales, retrasar o flexibilizar los horarios de entrada a colegios y centros de trabajo y aumentar la exposición a la luz natural por la mañana en escuelas y lugares de trabajo. También plantean monitorizar indicadores como el sueño, el estado de ánimo, las lesiones y otros parámetros de salud.

El horario estándar permanente requeriría menos medidas de adaptación, aunque obligaría a abordar el problema de las tardes más oscuras durante el invierno y el amanecer más temprano en verano.

«La política horaria es una política de salud pública», afirma la Dra. Alexandra Choi, médica de Vancouver Coastal Health. «Si los gobiernos optan por el horario de verano permanente, deberían planificar las consecuencias antes del primer invierno: desde desplazamientos matutinos más seguros y horarios de inicio flexibles hasta el control del sueño, la salud mental y las lesiones».

La ciencia respalda el de invierno

Los autores concluyen que el conjunto de la evidencia científica analizada respalda el mantenimiento del horario estándar durante todo el año, principalmente por su mayor alineación con los ritmos circadianos y la exposición a la luz matutina.

«Durante años nos hemos centrado en si debíamos dejar de cambiar la hora», dice el Dr. Lam. «La pregunta más importante ahora es qué sucederá la mañana después de que dejemos de hacerlo».