Casi 6 de cada 10 mujeres posmenopáusicas sufren dolor muscular o articular, según un análisisGetty Images

Menopausia  ¿Por qué me duele todo a partir de los 50?

Dolor de rodillas, rigidez en las manos y molestias musculares: la relación con la menopausia

El dolor muscular y articular puede aumentar durante la transición menopáusica, una etapa en la que los cambios hormonales, las alteraciones del sueño y otros factores pueden influir en el bienestar físico. Sin embargo, los especialistas advierten de que no todas las molestias deben atribuirse a la edad o a la menopausia.

Cuando se habla de menopausia, lo habitual es pensar en sofocos, cambios en la menstruación o dificultades para dormir. Sin embargo, hay otros síntomas menos conocidos que también pueden aparecer durante esta etapa: dolor en las rodillas, rigidez en las manos al levantarse, molestias musculares o una recuperación más lenta después de hacer ejercicio.

Muchas mujeres comienzan a experimentar estos cambios sin relacionarlos con la transición hormonal. No obstante, el dolor musculoesquelético está adquiriendo cada vez más protagonismo en la investigación sobre la salud femenina.

La Dra. Victoria Valdés, especialista en Ginecología y Obstetricia de Olympia Quirónsalud y miembro de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), explica que algunas mujeres acuden a consulta con una sensación difícil de describir: «Desde hace un tiempo me duele todo».

«Muchas mujeres conocen los sofocos como síntoma de menopausia, pero se sorprenden cuando les explicamos que determinados dolores musculares o articulares también pueden aparecer coincidiendo con la transición menopáusica. A veces llegan diciendo: ‘desde hace un tiempo me duele todo’, pero no habían relacionado ese cambio con esta etapa hormonal», explica la especialista.

Dolor muscular y articular

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 analizó 37 estudios observacionales realizados en 22 países, con datos de 93.021 mujeres. Los resultados mostraron que el dolor muscular o articular estaba presente en aproximadamente el 40 % de las mujeres premenopáusicas, una proporción que aumentaba hasta el 57 % durante la perimenopausia y el 59 % después de la menopausia.

Estas cifras reflejan una asociación entre la etapa reproductiva y la frecuencia de las molestias, pero no demuestran que los cambios hormonales sean la única causa del dolor.

La edad, el sobrepeso, el sedentarismo, las lesiones previas y las enfermedades reumatológicas también pueden influir. Por eso, experimentar dolor alrededor de los 50 años no significa necesariamente que la menopausia sea la responsable.

Casi 6 de cada 10 mujeres posmenopáusicas sufren dolor muscular o articular, según un análisis

«La menopausia no debe convertirse en el cajón de sastre al que atribuyamos cualquier síntoma que aparece a partir de cierta edad. Un dolor nuevo, intenso o persistente debe valorarse. Lo importante es incorporar la transición hormonal como una pieza más del puzle y no ignorarla», señala la Dra. Valdés.

Qué pasa en la perimenopausia

Durante la perimenopausia, la actividad de los ovarios se vuelve más irregular y los niveles hormonales fluctúan antes de descender. En consecuencia, algunas molestias pueden aparecer meses o incluso años antes de la última menstruación.

Los estrógenos, además, intervienen en diferentes tejidos y sistemas del organismo. La investigación estudia cómo sus variaciones pueden influir en la inflamación, la función musculoesquelética y la percepción del dolor, aunque todavía quedan preguntas por resolver sobre los mecanismos implicados.

Círculo dolor, sueño y cansancio

Las molestias musculares y articulares no siempre aparecen de forma aislada. Durante la transición menopáusica, una mujer puede empezar a dormir peor por los sofocos nocturnos, levantarse con sensación de cansancio y reducir su actividad física. Al mismo tiempo, puede notar más rigidez o dolor al moverse.

Esta combinación puede generar un círculo difícil de romper: el dolor dificulta el descanso, dormir mal aumenta el cansancio y la falta de energía hace que resulte más complicado mantener una rutina de ejercicio.

«El sueño es fundamental. Cuando dormimos mal de forma mantenida, aumenta el cansancio, disminuye nuestra capacidad para realizar ejercicio y también podemos percibir el dolor con mayor intensidad. Por eso es importante valorar a la mujer globalmente y no tratar cada síntoma como si fuera independiente de los demás», apunta la ginecóloga.

El estrés y el estado emocional también pueden influir en la experiencia del dolor y en su impacto sobre la calidad de vida. Por ello, una valoración adecuada debe tener en cuenta tanto los síntomas físicos como el descanso, los hábitos cotidianos y el bienestar general.

No todo es «cosa de la edad»

Uno de los principales mensajes de los especialistas es evitar dos extremos: atribuir automáticamente cualquier molestia a la menopausia o asumir que el dolor es una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Que la menopausia sea un proceso natural no significa que tengamos que asumir como inevitable todo lo que ocurre durante esos añosDra. Victoria Valdés

«Que la menopausia sea un proceso natural no significa que tengamos que asumir como inevitable todo lo que ocurre durante esos años. Si una mujer deja de hacer deporte, duerme mal o modifica su actividad cotidiana porque tiene dolor, merece una valoración y debemos estudiar qué está ocurriendo», afirma la Dra. Valdés.

El dolor persistente puede tener diferentes causas, algunas de ellas tratables. Por eso, si las molestias son nuevas, se intensifican, duran demasiado o interfieren con las actividades habituales, conviene consultar con un profesional sanitario.

El objetivo no es medicalizar todos los cambios propios de esta etapa, sino identificar qué está ocurriendo y elegir las medidas más adecuadas en cada caso.

Músculos y los huesos

Durante la transición menopáusica también se producen cambios en la composición corporal y en la salud ósea. La disminución de los estrógenos se relaciona con una pérdida acelerada de densidad mineral ósea en algunas mujeres, lo que puede aumentar el riesgo de osteoporosis y fracturas.

Además, mantener la masa muscular resulta fundamental para conservar la fuerza, el equilibrio y la capacidad de realizar las actividades cotidianas. Cuidar estos aspectos no solo ayuda a afrontar mejor esta etapa, sino que también contribuye a preservar la autonomía a largo plazo.

«A partir de la perimenopausia no debemos pensar en el ejercicio únicamente como una forma de controlar el peso. Necesitamos preservar músculo, mantener la salud ósea y cardiovascular y conservar nuestra capacidad funcional para los próximos años. El ejercicio aeróbico es importante, pero también lo es incorporar trabajo de fuerza», explica la Dra. Valdés.

La actividad física regular, adaptada a las capacidades de cada persona, puede combinar ejercicio aeróbico con entrenamiento de fuerza. A ello se suman una alimentación equilibrada, no fumar y limitar el consumo de alcohol.

Si existe dolor, conviene ajustar el ejercicio a las circunstancias individuales y buscar orientación profesional cuando sea necesario, en lugar de abandonar por completo la actividad física o forzar movimientos que agraven las molestias.

Terapia hormonal

La relación entre la menopausia y el dolor musculoesquelético ha despertado interés en la comunidad científica, pero todavía no hay evidencia suficiente para recomendar la terapia hormonal como tratamiento general para todas las mujeres con dolor muscular o articular.

Aunque los estrógenos intervienen en procesos relacionados con la inflamación y otros mecanismos del organismo, no se puede concluir que el descenso hormonal explique por sí solo estas molestias ni que la terapia hormonal vaya a resolverlas.

«La terapia hormonal puede ser una opción muy eficaz para determinados síntomas de la menopausia en mujeres correctamente seleccionadas, pero el tratamiento siempre debe individualizarse», aclara Valdés.

La decisión de utilizarla debe tomarse tras una valoración médica que tenga en cuenta los síntomas, los antecedentes personales y familiares, los factores de riesgo, las preferencias y las necesidades de cada mujer. También existen alternativas no hormonales, cuya conveniencia depende de la causa y las características de las molestias.

Por tanto, presentar el dolor como una consecuencia directa de la falta de estrógenos y recomendar un tratamiento hormonal de manera general sería simplificar una cuestión que todavía está en investigación.

Visión más amplia de la menopausia

La conversación sobre la menopausia ha ido más allá de los sofocos y los cambios menstruales para incorporar otros aspectos de la salud física y mental. El dolor musculoesquelético, las alteraciones del sueño y los cambios en la composición corporal forman parte de las cuestiones que reciben cada vez más atención.

«La menopausia afecta de manera diferente a cada mujer y no podemos reducirla a dejar de tener la regla o a tener sofocos. Cuanto mejor conozcamos los cambios que pueden producirse, antes podremos distinguir qué forma parte de esta transición, qué necesita ser estudiado y qué podemos hacer para proteger nuestra salud a largo plazo», concluye la Dra. Victoria Valdés.

La clave es escuchar al cuerpo sin resignarse a las molestias. Aunque el dolor muscular y articular puede coincidir con la transición menopáusica, no debe darse por hecho que su origen sean las hormonas. Identificar la causa permite abordar los síntomas de forma individualizada y proteger la calidad de vida durante esta etapa y en los años posteriores.