En España se producen cada año unos 90.000 nuevos casos de ictus
Día Mundial del Ictus
Las secuelas invisibles de un ictus que pueden pasar desapercibidas
Un ictus se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro ya sea por un coágulo que obstruye una arteria –lo que se denomina ictus isquémico y que supone alrededor del 80 % de los casos– o por la rotura de un vaso sanguíneo, lo que da lugar a un ictus hemorrágico. Sus consecuencias dependen de las áreas cerebrales afectadas y de la extensión de la lesión. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en España se producen cada año unos 90.000 nuevos casos de ictus y más de 23.000 fallecimientos.
Con motivo del Día Mundial del Ictus, que se celebra el 29 de octubre, el Dr. David Pérez Martínez, jefe de Servicio de Neurología del Hospital Universitario La Luz, del grupo Quirónsalud, recuerda que la atención a las personas que han sufrido un ictus no debe finalizar cuando se supera la fase aguda: «Es fundamental mantener una atención neurológica continuada que permita reducir las secuelas, recuperar la mayor autonomía posible y prevenir nuevos episodios cerebrovasculares», explica el especialista.
Por su parte, el equipo de NeuronUP, plataforma digital pionera en España en el ámbito de la evaluación y la rehabilitación cognitiva, advierte de que algunas de las secuelas más incapacitantes no siempre son visibles.
«Poder caminar o mover los brazos no permite concluir que no existan dificultades cognitivas. Después de un ictus pueden verse afectadas funciones como la atención, la memoria, el lenguaje, la velocidad de procesamiento o la capacidad para planificar y tomar decisiones», explica Valeria Medina, neuropsicóloga de NeuronUP.
Señales a las que prestar atención
Detectar estos cambios requiere comparar cómo funcionaba la persona antes y después del ictus. Entre las señales que pueden justificar una valoración especializada están olvidar citas o dosis de medicamentos, tener dificultades para seguir indicaciones, cometer errores nuevos al manejar dinero o necesitar más ayuda para organizar actividades que anteriormente realizaba de forma autónoma y sin dificultad.
También pueden aparecer cambios en la comunicación, como tardar más en encontrar una palabra, tener dificultades para construir frases o perder con frecuencia el hilo de las conversaciones. Registrar ejemplos concretos y trasladarlos al equipo sanitario puede ayudar a orientar la evaluación y la posterior intervención.
Hasta un 20 % de los casos se producen en menores de 55 años, y su incidencia está aumentando entre los adultos jóvenes
Además, estas dificultades no deben confundirse con la aparición repentina de nuevos síntomas. Una dificultad súbita para hablar, debilidad en un lado del cuerpo o pérdida de visión requiere atención médica urgente, aunque desaparezca al cabo de pocos minutos.
Favorecer la recuperación cognitiva
La rehabilitación cognitiva debe adaptarse a las necesidades, las capacidades y los objetivos de cada persona. No existe un método universal que funcione para todos los pacientes ni se puede garantizar una recuperación completa. Sin embargo, hay estrategias que pueden ayudar a mejorar el funcionamiento cognitivo y favorecer la autonomía en la vida cotidiana. Los expertos de NeuronUP destacan cinco aspectos que pueden formar parte del proceso de rehabilitación.
1. Trabajar con situaciones de la vida diaria. Elaborar una lista de la compra, organizar una salida o planificar una actividad permite trabajar funciones cognitivas dentro de situaciones con utilidad práctica.
2. Utilizar apoyos para recordar y organizarse. Agendas, alarmas o listas de pasos pueden ayudar a compensar dificultades de memoria o planificación, pero es importante aprender a utilizarlas y practicarlas en situaciones reales.
3. Reducir distracciones y adaptar la dificultad. Realizar una tarea cada vez, trabajar en ambientes tranquilos y utilizar instrucciones simples puede facilitar la participación, ajustando progresivamente los ejercicios a la evolución de cada persona.
4. Favorecer la comunicación. Cuando existen dificultades de lenguaje pueden emplearse imágenes, gestos, palabras escritas o conversaciones sobre temas familiares, al tiempo que los familiares aprenden estrategias que faciliten la interacción.
5. Respetar la fatiga y alternar actividad y descanso. Organizar las tareas en función de la energía disponible también forma parte de la recuperación. El cansancio persistente o los problemas de sueño deben valorarse porque pueden dificultar la participación en la rehabilitación.
Infografía sobre Ictus y Medicina Personalizada de Precisión
El Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM), destaca la necesidad de una intervención rápida de los equipos multidisciplinares en personas que han sufrido un accidente cerebrovascular (ACV).
«Cuando hablamos de atención al ictus, no podemos quedarnos en la supervivencia. Debemos hablar de recuperación, funcionalidad y autonomía. La Fisioterapia desempeña ahí un papel esencial, para ayudar a las personas afectadas a recuperar la capacidad de moverse, participar y decidir sobre la propia vida», señala la decana del CPFCM, Aurora Araújo.
La Fisioterapia también desempeña un papel importante en la prevención de nuevos episodios. El ejercicio físico adaptado puede mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, aumentar la fuerza muscular, favorecer la movilidad y contribuir al control de los factores de riesgo cardiovascular.
Cómo prevenir un ictus
A pesar de los avances terapéuticos y la detección precoz, una de las herramientas más eficaces para reducir el impacto del ictus sigue siendo la prevención porque la mayoría de sus factores de riesgo son modificables: la SEN calcula que hasta el 90 % de los ictus podrían evitarse con un adecuado control de los factores de riesgo vascular y un estilo de vida saludable.
La hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol y la fibrilación auricular son los principales factores de riesgo modificables del ictus. Y junto con la edad, que es un factor no modificable, todos ellos aumentan la probabilidad de sufrir un ictus. Por esa razón no se puede considerar el ictus como una enfermedad exclusiva de personas mayores: hasta un 20 % de los casos se producen en menores de 55 años, y su incidencia está aumentando entre los adultos jóvenes, principalmente por hábitos de vida poco saludables.
Síntomas que alertan de un ictus
- Convulsiones o dificultad respiratoria
- Pérdida del conocimiento
- Dificultades al deglutir o comer
- Cambio o pérdida de la visión repentinos en uno o ambos ojos
- Inicio rápido de cambios en el habla
- Pérdida repentina de fuerza en el brazo o en la pierna de un lado del cuerpo
- Dolor de cabeza intenso sin causa aparente.