Naranjas en el árbol
La naranja, preocupada por la demanda, regatea la invasión de fruta de Egipto y de Brasil
Los citricultores insisten en la necesidad de un etiquetado claro del país de origen en los zumos, visible en la parte delantera del envase
la naranja andaluza da por finalizada la campaña 2024/2025 con sensaciones encontradas, ya que la producción ha mejorado la referencia del pasado año y la competencia no ha hundido el precio como ha sucedido previamente; sin embargo, el mercado ha estado marcado por una demanda más baja de la esperada.
La delegación provincial de Asaja en Córdoba ha destacado que aunque la campaña ha mejorado considerablemente los datos de 2023/2024, cabe destacar que la realidad no ha alcanzado las previsiones iniciales de la Junta de Andalucía.
Los agricultores destacan que, a diferencia de lo ocurrido en campañas anteriores, el precio de la naranja se ha mantenido «relativamente estable, tanto para el mercado de fresco como para la industria» y no se ha visto sacudido por la importación masiva de Egipto y de Brasil. «A diferencia del año anterior, no se ha producido un desplome de precios, gracias a la menor entrada de naranja extracomunitaria, sobre todo de Egipto, y al descenso de producción en países clave como Brasil, principal productor mundial de zumo», apunta la organización.
Asaja Córdoba apunta que las dificultades de Brasil y favorecieron una subida paulatina del precio de la naranja para industria desde enero, aunque sin alcanzar los niveles esperados.
Los citricultores insisten en la necesidad de un etiquetado claro del país de origen en los zumos, visible en la parte delantera del envase y consideran imprescindible que se adopten normas de comercialización específicas para los zumos, incluyendo composición, nomenclatura, país de procedencia y, si hay mezcla de orígenes, el orden proporcional de frutas por país.
«No indicar el origen de la fruta en un zumo es un engaño al consumidor que debe corregirse», lamenta Asaja en un comunicado. La organización defiende que un etiquetado más claro y transparente no solo beneficia al consumidor, sino que también fomenta la producción local en la Unión Europea, frente a la competencia desleal de productos que no cumplen con los estándares europeos.