Cajas llenas de cerezas tras la recolección, en Cabezuela del Valle (Cáceres)Europa Press

La cereza, ganga en España y fruta de lujo en Europa: «Falta producto y nuestros agricultores tienen»

Los productores nacionales tienen altas expectativas en su cosecha frente a la crisis de sus competidores

Las torres de cajas de cerezas apiladas a las puertas de los comercios marcan el inicio de un nuevo tiempo. Los últimos compases de la primavera y el comienzo del calor, cuando la fruta de verano irrumpe en las sobremesas y se convierte en un imprescindible para llevar en las escapadas a las zonas de baño.

La demanda aumenta al tiempo que los productores ponen sus cerezas a disposición los operadores, que este año se afanan por esta fruta de hueso más que nunca.

La campaña ya está en marcha y mientras los agricultores de cereza españoles —que se reparten entre el Valle del Jerte (Extremadura), Aragón y Cataluña— tienen sus expectativas en lo más alto, los italianos, productores de relevancia en el continente, prevén una caída del 70 al 80 % de la producción.

«Estamos bien de producción y los cerezos de Italia y de Turquía tienen problemas, por lo que los mercados sufren desabastecimiento. Falta producto y nuestros agricultores tienen. En Aragón —si no hay inconvenientes de última hora— podemos llegar a 30.000 toneladas, el máximo de los últimos años», explica en conversación con El Debate Óscar Moret responsable de Frutas de Hueso UAGA-COAG de Aragón, segunda región con mayor producción de cerezas en España.

La escasez de cereza en Italia, uno de los principales productores de Europa junto a España y Polonia —cuya fruta se da más tarde—, hace de la cereza un artículo de lujo en los mercados transalpinos. «Cerezas a 23 euros el kilo: el fruto rojo se convierte en un lujo a causa de la crisis climática y de la escasa mano de obra», titula el diario La Repubblica.

La información ahonda en las dificultades de las producciones de Puglia, región que ofrece el 30 % de la cosecha y donde los acontecimientos climáticos y el incremento de los costes ha desencadenado en un desabastecimiento general: «Recibimos a una excursión escolar y para los niños fue una búsqueda del tesoro: no encontraban ni una cereza», indica un agricultor italiano al medio citado.

El fruto rojo se convierte en un lujo a causa de la crisis climática

«¿23 euros el kilo? He recibido fotos a 29 euros en Bruselas. Proveedores habituales de cerezas para Europa como Italia o Turquía van a sufrir este año. Con falta de kilos fuera, los operadores europeos vendrán a pagar por la cereza española», argumenta Moret, que destaca que en los albores de la campaña se ha llegado a pagar cerca de 10 euros en origen en España.

Las cerezas cotizan en torno a los 8 euros por kilo en las grandes superficies españolas en la primera semana de junio y los precios en origen han caído próximos a los 4 euros. «Si llegan a 7 euros el kilo en los supermercados, los productores cobran de 2,5 a 3 euros por kilo. En esos niveles es difícil ser rentable. Hay que tener en cuenta que la recolección se hace a mano y eso empuja al alza los costes», asevera Moret.

La buena cosecha que promete la cereza española hace pensar en una temporada con precios sostenidos, aunque la pelea de los comercializadores extranjeros puede afectar a los consumidores nacionales. «Ya sucedió el año pasado. Los italianos venían en multitud para luego distribuir nuestra cereza por Europa. En eso los italianos son muy competitivos y hasta llegar a 23 euros el kilo hay mucho margen», indica el responsable de UAGA-COAG.

Los precios que se pagan en el viejo continente por la cereza española quedan muy lejos de lo que percibirán los agricultores extremeños, aragoneses o catalanes, que pueden toparse con el rechazo de los consumidores nacionales en caso de inflación: «Esos precios no llegan al productor y la gente lo tiene que saber. Normalmente, estos incrementos poco tienen que ver con los agricultores, cuyo producto este año a lo mejor sube más de lo que debería por la alta demanda para exportación y las maniobras de la distribución», concluye Moret.