Cerdos en una granja en la localidad alicantina de Calpe, en 1959.
Cuando la peste porcina africana llegó a Europa en el catering de un avión
La emergencia provocada por el brote de peste porcina africana (PPA) detectado en jabalíes hallados muertos en la sierra de Collserola, en Barcelona, ha puesto en perspectiva el valor del porcino español.
Las ventas al exterior de productos de cerdo alcanzaron los 8.783 millones de euros en 2024, cifra que evidencia el poderío del porcino nacional en el panorama agroalimentario mundial. El cerdo español se puede comprar en todo el mundo, algo que, aunque no lo parezca por la dimensión del sector, es relativamente moderno.
El boom del porcino español data de hace solo 30 años, cuando el país se desprendió de la condición endémica de la PPA que arrastraba desde 1957.
España sufrió desde finales de la década de 1950 y hasta 1994 el terrible efecto de la peste porcina africana. Un estudio publicado por la Universidad de Liverpool en 2011 apunta a que la primera propagación de la enfermedad fuera de África se produjo en Portugal por los desperdicios de una aerolínea con los que se alimentaron unos cerdos cerca del aeropuerto de Lisboa. Esa transmisión desembocó en brotes de PPA en cerdos domésticos de Portugal, España, Italia, Francia, Bélgica y los Países Bajos.
La estancia de la peste porcina africana se prolongó en Europa durante más de 30 años. En 2007, la enfermedad regresó a Europa por Georgia y a la UE en 2014 desde su entrada en los países bálticos y Polonia por Rusia, estando afectados en la actualidad las poblaciones de jabalíes silvestres de un total de 14 países (Italia, Alemania, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, República Checa, Hungría, Grecia, Rumanía, Bulgaria, Croacia y España), algunos de ellos con contagios también en cerdos domésticos.
Los restos del catering de un avión procedente de Angola trajeron por primera vez la peste porcina al viejo continente. El caso guarda ciertas similitudes con la primera teoría planteada para el foco español de 2025 por la Generalitat de Cataluña, que indicó que «con probabilidad alta» la PPA habría llegado hasta el entorno de la Universidad Autónoma de Barcelona en Bellaterra por un bocadillo contaminado consumido por un jabalí.
Cerdos en una granja en la localidad alicantina de Calpe, en 1959
La hipótesis que hasta este 4 de diciembre se tomaba como oficial se ha tambaleado después del informe del laboratorio de referencia de la UE en el que se comunican los resultados de secuenciación del genoma del virus de la PPA. El análisis destaca que la caracterización molecular por secuenciación del genoma del virus de la PPA de Barcelona pertenece al nuevo grupo genético 29, muy similar al grupo genético 1 que circuló en Georgia en 2007 y diferente a los virus circulantes en la actualidad en los Estados miembros, de los grupos genéticos 2-28.
La cepa del virus 'Georgia 2007' es un virus de referencia que se utiliza con frecuencia en infecciones experimentales en instalaciones de confinamiento para realizar estudios del virus o para evaluar la eficacia de las vacunas, que actualmente están en fase de desarrollo. «El hallazgo de un virus similar al que circuló en Georgia no excluye, por tanto, que su origen pueda estar en una instalación de confinamiento biológico», ha advertido el Ministerio de Agricultura, que no descarta que el brote de peste porcina proceda de un laboratorio y no de un bocadillo.
La lucha contra la PPA se fundamenta en la prevención, ya que no existe vacuna –ni se espera a corto plazo–. Después de más de una semana del foco detectado en la sierra de Collserola, todos los casos de jabalíes muertos por la enfermedad en España se encuentran en el radio de seguridad de 6 kilómetros y no hay contagios en granjas de cerdos domésticos. Esta situación evidencia el alto grado de bioseguridad y control de los ganaderos españoles, con 39 granjas en el radio de 20 kilómetros respecto a la zona cero. La contención del virus en el radio más estricto resulta clave para evitar pérdidas millonarias en el sector, que por el momento «solo» se ha visto sometido a la regionalización, que permite que los productores ajenos a los municipios señalados por la Comisión Europea mantengan abierto el canal comercial con el exterior.