Naranjas en el árbol

Naranjas en el árbolPixabay

Muerte silenciosa en el cítrico: caída constante de la producción y arranque de árboles por las importaciones

Los productores acusan los efectos a largo plazo de los acuerdos comerciales con terceros países

La superficie destinada al cultivo citrícola en España es cada vez menor. Año tras año, los árboles restan hectáreas –especialmente mandarinos y naranjos, los más reconocibles del sector– y las producciones se concentran en menos manos.

El mercado pierde kilos: la estimación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación para 2025/2026 señala un aforo de 5,44 millones de toneladas, un 10,7 % por debajo de la campaña precedente y un 14,2 % menor que la media de las últimas cinco, lo que se acompaña de una falta de rentabilidad que arrincona a los agricultores.

El campo señala al desgaste que supone la persistencia de acuerdos comerciales que impulsan a potencias citrícolas de terceros países como su gran amenaza.

Los productores europeos insisten en el efecto a largo plazo de estos tratos, que a su juicio dinamitan el mercado al favorecer una competencia desleal que para ellos es insostenible en el tiempo. La entrada masiva de fruta procedente de países como Marruecos, Sudáfrica, Egipto o Brasil, importantes productores citrícolas en el panorama agroalimentario mundial, zarandea a las explotaciones tradicionales.

La distorsión del mercado, al alimentar la oferta con fruta producida fuera de la UE, destaca como la consecuencia más evidente para los agrarios nacionales; sin embargo, esta asfixia repercute en otros factores que dificultan la supervivencia de los citrícolas en España.

El hundimiento de la producción de cítricos, cuyo aforo previsto para la campaña 2025/2026 supone la cifra más baja de las 16 precedentes, se cimenta en la pérdida de competitividad y de capacidad de crecimiento. La avalancha de fruta de terceros países tira por los suelos los precios en origen en un primer instante y, en períodos más amplios, se traduce en un mordisco recurrente que estrecha los márgenes de beneficio y que impide a los agricultores españoles ser más competitivos.

La imposibilidad de rejuvenecer las explotaciones con árboles más nuevos y productivos provoca una muerte silenciosa en la citricultura nacional. Las diferencias de costes laborales y legislación fitosanitaria que aprovechan los terceros países pasan a un segundo plano cuando, después de lustros con el aire a favor de estos productores, los agrarios europeos son incapaces de continuar en una actividad carente de rentabilidad para sus bolsillos.

La incapacidad de competir en igualdad de condiciones con países como Marruecos, que aprovecha costes de mano de obra considerablemente menores y una laxa legislación, deja imágenes trágicas para la agricultura nacional como el arranque de naranjos en Andalucía para sustituirse por cultivos más rentables: «Estamos en Córdoba arrancando naranjos porque se merecen más estar en Sudáfrica, Egipto y Marruecos que los que hay aquí. Allí pagan mejores sueldos que en España también» apunta con ironía el agricultor, que graba la escena con resignación: «Muchas gracias a todos nuestros políticos, a los de España y a los de la UE, gracias por todo. Gracias por arruinarnos».

La entrada de fruta desde terceros países representa un riesgo sanitario para los agricultores europeos, que aluden a la falta de herramientas fitosanitarias para actuar contra enfermedades y plagas que llegan desde otras partes del mundo.

El caso de Sudáfrica destaca como el ejemplo recurrente de los agrarios españoles para condenar la problemática. Entre enero y octubre, España ha importado 65.403,04 toneladas de naranjas y mandarinas procedentes de Sudáfrica, un 41,98 % más que en la misma referencia de 2024.

El país más austral de África goza desde 2016 de un acuerdo comercial que ha reducido progresivamente las barreras de las transacciones hasta llegar a la cuota cero en 2025. La alianza indicaba que este recorte se producía cada año entre el 16 de octubre y el 30 de noviembre, precisamente en coincidencia con el inicio de la campaña de recolección de cítricos en España.

El 10 de octubre de 2025 entraron a la UE los primeros cítricos de Sudáfrica libres de arancel y, tan solo diez días después, la red de alerta rápida de alimentos y piensos (RASFF) de la Comisión Europea alertó de un lote de clementinas de Sudáfrica que entró en el entorno comunitario con un exceso del límite máximo de residuos de Buprofezin, un insecticida que evita el desarrollo de plagas.

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