Tomate ibérico en un puesto de frutas y verduras en Madrid (España)Europa Press

Comercio

Así se controla la fruta que llega a España desde fuera de la Unión Europea

Superado el primer trámite documental y verificada la identidad de la carga para asegurar que no hay fraude en el etiquetado, comienza la fase crítica

Cuando adquirimos una piña de Costa Rica o un kiwi neozelandés en el supermercado, rara vez somos conscientes de la compleja carrera de obstáculos que ese producto ha debido superar para cruzar la frontera. A diferencia del libre mercado europeo, la fruta procedente de terceros países se enfrenta a un riguroso muro de contención conocido como 'Puesto de Control Fronterizo'.

Allí, antes de que la mercancía pueda pisar suelo español, se activa un protocolo de seguridad sanitaria diseñado para proteger tanto la salud del consumidor como la integridad del campo español frente a plagas invasoras.

Todo comienza con una exhaustiva auditoría burocrática, incluso antes de abrir los contenedores. Los importadores deben presentar el certificado fitosanitario original emitido por el país de origen, una especie de «pasaporte» que garantiza que el producto ha sido revisado en origen y cumple con las exigencias de la Unión Europea.

Superado este primer trámite documental y verificada la identidad de la carga para asegurar que no hay fraude en el etiquetado, comienza la fase crítica de la inspección física. En este punto, distintos organismos actúan de forma coordinada sobre el terreno escrutando la mercancía desde diferentes ángulos.

Paso a paso

Por un lado, los inspectores de Sanidad Vegetal del Ministerio de Agricultura examinan minuciosamente la fruta, a menudo con lupa, en busca de cualquier rastro de insectos, larvas, bacterias u hongos exóticos que podrían causar un desastre ecológico si lograran saltar a los cultivos nacionales.

Simultáneamente, los servicios de Sanidad Exterior toman muestras aleatorias para enviarlas al laboratorio, donde se busca la presencia de pesticidas prohibidos en Europa o contaminantes químicos, mientras que el servicio SOIVRE vigila que la calidad comercial, el aspecto y el calibre coincidan con la categoría declarada.

Si en cualquiera de estas etapas saltan las alarmas, ya sea por una plaga de cuarentena o por un exceso de residuos químicos, la entrada se deniega automáticamente y la partida se enfrenta a su destrucción inmediata o a la devolución a su país de origen, garantizando que ninguna fruta sospechosa llegue jamás a la cadena alimentaria.