Buitre leonado en la Sierra de Guara (Huesca
Un estudio demuestra la inutilidad de los comederos creados para los buitres, que sobreviven por los ganaderos
Los sistemas extensivos ofrecen alimento más natural, disperso y ligado al funcionamiento histórico del ecosistema
La naturaleza sitúa al buitre como una especie necrófaga, que se alimenta únicamente de animales muertos y que desprecia a las presas con vida.
Esta condición innata se ha topado en los últimos tiempos con la intervención del hombre, cuya acción ha modificado los ritmos del ave desde comienzos del siglo XXI con motivo de la crisis de las vacas locas. Las reglas milenarias del campo hacían que cada vez que una cabeza de ganado muriera sirviera de alimento para los buitres; sin embargo, esto ya no sucede.
La normativa obliga a que los responsables de las explotaciones tengan que advertir a la Administración cada vez que se produce una baja. Los agentes forestales de la comunidad autónoma en cuestión acuden a por los restos del animal para posteriormente incinerarlo. Esta operación elimina el banquete por excelencia de los buitres, que se tienen que conformar con los subproductos animales no destinados al consumo humano que se depositan en los muladares, espacios creados para alimentar a estas aves.
La escasez de animales muertos o en descomposición en el campo deja con frecuencia imágenes impensables hace décadas. Los ataques de buitres hambriento a ganado vivo ya no resultan extraños. Los ganaderos denuncian que la falta de alimento ha cambiado el comportamiento de esta ave carroñera, que se tira al ganado cuando hay alguna herida abierta y en momentos de debilidad, como sucede durante los partos.
Un estudio del Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos apunta a la ganadería extensiva como principal sustento de los buitres, que en la mayoría de los casos se alimentan del medio de vida de los ganaderos.
Según la información aportada por diez buitres leonados adultos del norte de España con emisores GPS y acelerómetros, casi dos de cada tres eventos de alimentación de estos ejemplares, el 64 %, ocurrieron en sistemas ganaderos extensivos o semi-extensivos, especialmente en pastos de montaña. «Los buitres se alimentaron sobre todo de ovejas y caballos, especies típicas de este modelo ganadero. En contraste, solo un 36 % de los recursos procedían de entornos más artificiales y predecibles, como vertederos, comederos suplementarios o granjas intensivas. Estas últimas tuvieron un peso muy reducido y se asociaron casi exclusivamente a restos de ganado porcino», recoge la investigación.
La predilección de los buitres por su alimento natural aumenta durante la época de incubación. Cuando estos pájaros necesitan permanecer cerca de las colonias para atender el nido, el uso de vertederos y granjas intensivas disminuyó notablemente. «En esos meses, los buitres se apoyaron casi exclusivamente en recursos cercanos y naturales, ligados al territorio y al manejo tradicional del ganado», precisa el informe del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos.
Lejos de la creencia de que la existencia de muladares facilita la supervivencia de los buitres, el documento señala que para estos animales alimentarse en vertederos o granjas intensivas puede conlleva riesgos como la ingestión de residuos, fármacos veterinarios o tóxicos, así como mayor exposición a infraestructuras peligrosas. «Los sistemas extensivos ofrecen alimento más natural, disperso y ligado al funcionamiento histórico del ecosistema (...) Estudios previos ya habían puesto de manifiesto la urgencia de valorar el declive de la ganadería tradicional sobre la biodiversidad, así como el impacto de la despoblación rural sobre la comunidad de aves carroñeras en zonas de montaña. Este estudio demuestra que la ganadería extensiva y semi-extensiva sigue siendo la base alimentaria de los buitres leonados en el norte de España», asevera el análisis, que incide en que mantener los sistemas ganaderos extensivos no solo preserva paisajes culturales y modos de vida rurales, sino que garantiza la supervivencia de especies clave y los servicios ecológicos que prestan.
«Apoyar la ganadería extensiva no es una cuestión de nostalgia, sino una inversión en salud ambiental, biodiversidad y equilibrio ecológico que también afecta a la conservación de los buitres», concluye.