Imagen de una votación en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo (Francia)Europa Press

Las grietas de desconfianza sobre Mercosur: «Las salvaguardias no están en el acuerdo y no se van a cumplir»

Los críticos del vínculo recalcan la imposibilidad de hacer valer la reciprocidad en las normas de producción

El abrazo comercial entre la Unión Europea (UE) y Mercosur (Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil) avanza hacia su consolidación.

El Parlamento Europeo ha aprobado las cláusulas de salvaguardia planteadas por la Comisión Europea –cuyo objetivo es imponer la aplicación provisional del trato–, aunque los eurodiputados mostraron hace semanas con su petición al TJUE (Tribunal de Justicia de la Unión Europea) su voluntad de aclarar la legalidad de la alianza antes de poder decidir sobre la misma en Estrasburgo.

La solicitud del dictamen al TJUE paraliza el proceso de ratificación habitual del acuerdo de 18 a 24 meses, por lo que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha activado la maquinaria para que la aplicación provisional entre en funcionamiento cuanto antes.

La Comisión ha maniobrado con un reglamento de última hora para tratar de convencer a los agricultores y ganaderos europeos, en pie de guerra por los desequilibrios que advierten en el tratado. El texto, aprobado este 10 de febrero en el Parlamento, establece cláusulas de salvaguardia con umbrales de activación cuando aumente el volumen de importación de productos agroalimentarios un 5 % en comparación con la media de los últimos tres años y a un precio inferior al 5 % del medio nacional; sin embargo, los detractores del acuerdo tildan de «estafa» la forma de actuar de la Comisión y el Consejo Europeo.

«Las salvaguardias no están en el acuerdo y no se van a cumplir. No es un mecanismo de seguridad, es un mecanismo de contención del descontento», apuntan fuentes de Vox, el partido español que respaldó con más votos la petición al TJUE para tratar de obstaculizar la puesta en marcha del acuerdo.

Los críticos del vínculo ahondan en la desproporción en la que incurre la UE con el trato, ya que consideran que la institución sacrifica su sector primario para favorecer los intereses de las industrias automovilísticas, farmacéuticas y químicas. Estos opositores recalcan, tal y como denuncian los agrarios, que la UE pone en riesgo sus explotaciones al favorecer la entrada de productos agroalimentarios de terceros países elaborados bajo unas normas distintas de las que rigen en el viejo continente, tanto en cuestiones laborales como en aplicación de fitosanitarios.

Las fuentes consultadas lamentan la forma de actuar de la Comisión Europea, que ha urdido la asociación con Mercosur de una manera especial para implementarla provisionalmente sin el visto bueno del Parlamento Europeo si es necesario: «El acuerdo empieza a negociarse en el 1999, lo cual ya de por sí pone de manifiesto que es un desastre cerrarlo en el 2026 bajo los mismos planteamientos negociadores que entonces. Este acelerón es una respuesta desesperada a la batalla comercial con Donald Trump», señalan en Vox, donde recuerdan que el reglamento de salvaguardias es «interno de la UE y no implica a los países sudamericanos».

Javier Milei, presidente de Argentina, aprovechó el histórico acto celebrado el 17 de enero en Asunción (Paraguay) en el que se certificó el acuerdo para, en presencia de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, António Costa, presidente del Consejo Europeo, y Maros Sefcovic, comisario de Comercio, dejar claras las intenciones del bloque sudamericano respecto a las salvaguardias: «Es fundamental que en la etapa de implementación se preserve el espíritu de lo negociado. La incorporación de mecanismos que restrinjan ese acceso, como cuotas, salvaguardias o medidas de efecto equivalente reducirá significativamente el impacto económico del acuerdo y atentará contra el objetivo esencial del mismo».

Rubén Ramírez, ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay –país que ostenta la presidencia rotatoria de la coalición sudamericana– insistió pocos días antes del abrazo definitivo con la UE que «las salvaguardias no forman parte del acuerdo suscrito en Montevideo en diciembre de 2024», el cual se firmó posteriormente en Asunción. «Las cláusulas de salvaguardia, por lo tanto, no forman parte del acuerdo Mercosur-UE», subrayo Ramírez, que evidenció la negativa de los países de Sudamérica en cumplir con los estándares marcados por la UE.