Caja de tomates
Agricultores alertan sobre los productos llegados de Egipto, China y Marruecos por contener «químicos prohibidos»
Se está produciendo un incremento de importaciones agroalimentarias procedentes de terceros países que no cumplen con los estándares exigidos a los productores europeos, esto genera una situación de «competencia desleal» y «pone en riesgo la seguridad alimentaria» de los consumidores españoles y europeos.
Desde la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores, Asaja, advierten de la creciente entrada en el mercado europeo de productos semielaborados procedentes de países como Egipto y China, que no ofrecen las mismas garantías en materia de residuos de plaguicidas, seguridad alimentaria y condiciones sociales de producción.
«Mientras los agricultores españoles y europeos están sujetos a algunas de las normativas más estrictas del mundo, estas importaciones llegan sin una verdadera reciprocidad normativa, lo que no solo debilita la competitividad del sector, sino que supone una amenaza directa para la salud pública», aseguran.
Además, Asaja denuncia que esta problemática no es aislada. Situaciones similares se están produciendo con el tomate procedente de Marruecos, donde existen dudas fundadas sobre el fraude en el etiquetado de origen con el Sahara Occidental y la utilización de sustancias químicas prohibidas en la Unión Europea.
A ello se suma el caso del arroz, cuyo etiquetado, aun siendo aparentemente legal, no indica de forma clara ni el país exacto de procedencia ni el porcentaje de mezcla, lo que genera confusión en el consumidor e impide una elección informada.
En este contexto, Asaja subraya también la responsabilidad de la industria transformadora y de la gran distribución, cuya falta de compromiso con un etiquetado claro, conciso y basado en el país de origen contribuye a perpetuar esta opacidad en el mercado. Asimismo, las inspecciones en frontera han detectado incumplimientos reiterados de los límites máximos de residuos de fitosanitarios en varios productos, lo que refuerza la necesidad de actuar con urgencia.
Por ello, reclaman a las instituciones europeas la implantación efectiva de un principio de reciprocidad real en los estándares de producción, controles tanto en origen como en frontera, así como la adopción de mecanismos automáticos y eficaces que garanticen el cumplimiento de las normas por parte de todos los productos que acceden al mercado comunitario.
Asimismo, la organización considera imprescindible avanzar hacia un etiquetado obligatorio que identifique claramente el país de cultivo de las materias primas utilizadas en los productos transformados, superando las actuales menciones genéricas como «UE/no UE».