Vacas de raza Parda en AragónAsaja Huesca

Las compensaciones por dermatosis 'matan' a los ganaderos: «Desaparece el trabajo de toda una vida»

Los afectados indican que las indemnizaciones por el sacrificio obligatorio de vacuno no hacen justicia al valor real de las explotaciones y reclaman una revisión urgente de los baremos

«No estamos hablando solo de vacas. Estamos hablando de explotaciones familiares». Este es el grito de desesperación que retumba desde el Sobrarbe, la comarca del pirineo oscense donde se han sacrificado todos los ejemplares de dos explotaciones ganaderas con 130 y 148 animales respectivamente.

Los casos de dermatosis nodular contagiosa (DNC) detectados en Fiscal (Huesca) han provocado, en estricto seguimiento de la normativa europea, el vacío sanitario de dos negocios familiares. El golpe trasciende a lo económico, ya que se dan en un entorno en el que los ganaderos trabajan desde décadas –e incluso generaciones en algunos casos– en la recuperación de razas autóctonas.

Un mes después de esta punzada de realidad, los ganaderos afectados se han topado con el anuncio de unas compensaciones económicas que agrandan el impacto sobre su forma de vida. «Las cuantías publicadas por la Administración no se ajustan al valor real de los animales, pero tampoco al trabajo desarrollado durante años por los ganaderos para mantener, recuperar y mejorar razas autóctonas como la Pirenaica, la Parda de Montaña o la Serrana de Teruel», lamentan desde Asaja Huesca, en rechazo a los baremos de indemnización fijados tras el sacrificio obligatorio de vacuno en dos explotaciones del Sobrarbe.

Ramón Solanilla, secretario general de Asaja Huesca, destaca que el problema está en las vacas de vida de la raza Parda, cuyas compensaciones «son muy inferiores a las de raza Limusina, incluso por debajo de precio actual de mercado de vaca de vida».

«No se puede pedir al sector que apueste por la genética, por la conservación de razas autóctonas y por el arraigo al territorio, y después no responder de forma justa cuando llegan situaciones tan duras como esta», asevera Solanilla.

La Sociedad Cooperativa Limitada Agropecuaria Sobrarbe (SCLAS) recalca que las indemnizaciones por el sacrificio obligatorio de vacuno no hacen justicia al valor real de las explotaciones afectadas y reclama una revisión urgente de los baremos. «Los ganaderos no solo han perdido animales, han perdido años de trabajo, genética y futuro (...) Estamos hablando de explotaciones familiares que llevaban décadas construyendo un proyecto ganadero, una selección genética y una forma de vida en el territorio. Lo que se ha perdido no se puede despachar con un baremo frío y mal planteado», reclama José Ramón Olivar, presidente de SCLAS.

«En nuestros pueblos, estas explotaciones no son solo una actividad económica. Forman parte del tejido social, ayudan a fijar población, sostienen servicios, mantienen paisaje y generan vida en el territorio. Cuando una explotación así sufre un golpe de este calibre, lo sufre todo el territorio», trasladan desde la cooperativa.

Los ganaderos condenan que razas autóctonas del Pirineo y la Serrana de Teruel hayan quedado valoradas por debajo de otras como la Limusina, a pesar del esfuerzo que durante años han realizado los ganaderos para mantenerlas, mejorarlas y evitar su desaparición. La orden publicada por el Gobierno de Aragón establece valores máximos de 4.200 euros en Limusina y 2.800 euros en Pirenaica, una diferencia que la cooperativa considera difícil de entender y aún más difícil de justificar.

La cuantía a percibir en caso de los terneros pasteros de razas autóctonas va desde los 501,89 euros en los de entre 0 y 1 mes de edad a los 1.201,25 euros para los mayores de 6 meses; mientras que en la raza Limusina el rango es de los 752,83 euros para las crías de 0 a 1 mes a los 1.801,88 euros correspondientes a las mayores de 6 meses.

«El sacrificio impuesto por la normativa sanitaria europea ha supuesto un golpe devastador para las explotaciones afectadas, ya que no solo desaparecen animales en producción o en recría, sino también años de mejora genética, de reposición y de planificación ganadera. Aquí no solo se ha perdido el presente de una explotación, también se ha puesto en juego su futuro. Hay ganaderos que han visto desaparecer en unos días el trabajo de toda una vida. Y eso no se compensa únicamente poniendo un precio por cabeza», reprochan los ganaderos.