La agricultora ha compartido cinco aspectos personales que probablemente resultaban desconocidosManuel M. García

Agricultura

Victoria, agricultora de 31 años: «Yo no estoy trabajando en agricultura por vocación»

La trabajadora autónoma revela cinco aspectos poco conocidos de su vida, desde su formación hasta sus principales miedos

Victoria tiene 31 años, es agricultora y lleva trabajando como autónoma desde los 17. Aunque actualmente desarrolla su actividad en el campo, reconoce que su llegada a la agricultura no respondió a una vocación temprana ni a una afición cultivada desde la infancia.

La agricultora ha compartido cinco aspectos personales que probablemente resultaban desconocidos para quienes siguen su actividad. El primero está relacionado con sus estudios. Victoria cuenta con un grado medio de comercio y marketing, una formación que cursó por insistencia de sus padres.

«La verdad me lo saqué porque mis padres querían que siguiera estudiando», explica. La elección respondió también a una razón práctica: «Era en aquellos tiempos el grado medio que menos tardabas en sacármelo, porque era solamente de un año».

Su trayectoria profesional comenzó muy pronto. Desde los 17 años trabaja como autónoma y, según recalca, nunca ha formado parte de una empresa ni ha estado contratada por otra persona.

«Nunca jamás he trabajado en una empresa, ni he trabajado para nadie, siempre, siempre, siempre he trabajado para mí», señala. De este modo, toda su experiencia laboral se ha desarrollado por cuenta propia.

Miedo a las heridas y a las alturas

El tercer aspecto que revela está relacionado con las heridas abiertas. Victoria asegura que le producen un fuerte rechazo y que incluso puede marearse al verlas. «En algunas ocasiones mis hijos se han hecho heridas abiertas, o mi marido, o lo que sea, y no he sido capaz de curarlas», relata. Su reacción, añade, es inmediata: «Yo veo una herida abierta y es que automáticamente me mareo».

También reconoce que tiene «muchísimo miedo a las alturas». Este temor aparece incluso en situaciones cotidianas, como subir a una escalera, algo que no puede hacer con tranquilidad porque le tiemblan las piernas.

Una llegada inesperada al campo

El último dato es, a su juicio, el más llamativo por su profesión. Victoria admite que no trabaja en la agricultura por vocación. «No era algo que a mí me haya encantado de pequeñita», afirma. Antes de comenzar nunca se había subido a un tractor ni había sentido especial interés por el campo.

La primera vez que condujo uno para labrar estuvo marcada por el temor. «La primera vez que me subí en un tractor y me fui a labrar al campo, vamos, era para haberlo grabado, porque tenía miedo por todos los sitios», recuerda.