La intervención fue realizada sin ningún tipo de permiso ni evaluaciónEUROPA PRESS

Agricultura

Un agricultor, condenado a prisión y a pagar 700.000 euros por arrasar el cauce de un río

En Reino Unido, extrajo toneladas de grava del cauce y destruyó un ecosistema fluvial que tardará tres décadas en recuperarse

Lo que comenzó como una obra particular en sus tierras ha acabado convirtiéndose en una de las mayores condenas ambientales dictadas en el Reino Unido. John Price, un agricultor británico que por entonces tenía 68 años, irrumpió con maquinaria pesada en un tramo del río Lugg para extraer toneladas de grava y modificar el lecho fluvial con el objetivo de construir una carretera privada y un patio para caballos en su propiedad.

La intervención, realizada sin ningún tipo de permiso ni evaluación de impacto ambiental, causó destrozos masivos en un ecosistema que, según los expertos ecólogos, tardará al menos tres décadas en recuperarse. Por todo ello, la justicia británica lo condenó a penas de cárcel y al pago de 600.000 libras esterlinas, lo que equivale a unos 700.000 euros al cambio.

Más allá del movimiento masivo de tierras y la alteración del lecho acuático, el agricultor taló 71 árboles de la ribera, eliminando de golpe una barrera vegetal para el equilibrio del río. La vegetación del margen no solo proporciona sombra y regula la temperatura del agua para la fauna acuática, sino que sus raíces sujetan el terreno y evitan la erosión acelerada de las orillas.

Al erradicar estos elementos, el cauce del río Lugg quedó completamente desprotegido. Esto alteró la velocidad de circulación del agua, destruyó el hábitat natural de numerosas especies y dejó la zona expuesta a futuros desbordamientos.

Una restauración que no se soluciona solo con dinero

La severa sanción económica busca cubrir los costes de los complejos proyectos de restauración ambiental que deberán llevarse a cabo en la zona durante las próximas décadas.

Las autoridades ecologistas remarcan que la recuperación de un entorno fluvial no consiste simplemente en volver a depositar la grava en su sitio o plantar brotes jóvenes, sino en un proceso de seguimiento y regeneración paulatina que exige años de estabilidad para devolver al curso de agua su equilibrio natural.