Riego de explotaciones agrícolasEuropa Press

El agujero de los robos en el regadío se duplica por la revalorización del cobre

Los asaltos se concentran en Andalucía, Levante y Aragón, con siniestros de entre 60.000 y 200.000 euros de media

Las explotaciones dotadas de regadío son uno de los objetivos fetiches de los cacos del campo, que encuentran en estas fincas herramientas y material con un coste significativo y con facilidad para encontrar salida en el mercado.

La sangría se ha recrudecido en el primer semestre de 2026, pero no por un aumento de sustracciones, sino por el encarecimiento de un metal presente en la mayoría de estas máquinas.

Según denuncia la Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España (Fenacore), el coste de los siniestros registrados durante los primeros seis meses de 2026 se ha disparado por la fuerte revalorización del cobre, cuyo precio es un 45 % mayor que en 2024.

«Este encarecimiento ha convertido las instalaciones de regadío en un objetivo para bandas profesionales, organizadas e itinerantes, que se desplazan de unas zonas a otras cuando aumenta la vigilancia o encuentran mayores dificultades para actuar», indican en Fenacore. En el 95% de los asaltos, el objetivo es el cobre presente en el cableado, de los transformadores y los motores de las estaciones de bombeo y de las instalaciones fotovoltaicas.

El perjuicio más importante los agricultores se produce en el destrozo que hacen los ladrones para extraer el cobre. Fenacore señala que los delincuentes desmantelan equipos completos y causan daños muy superiores al valor del material robado, con siniestros de entre 60.000 y 2000.000 euros en los casos de mayor envergadura.

Las zonas más afectadas este año se concentran en Andalucía, especialmente en las provincias de Huelva y Jaén; Levante, principalmente Alicante y Valencia, y Aragón. «La ubicación de buena parte de estas instalaciones en zonas aisladas facilita la actuación de bandas que disponen de los conocimientos técnicos y los medios necesarios para acceder, desmontar los equipos y transportar el material», apuntan los regantes.

El impacto de estos robos es extensible a la producción agrícola, ya que el desmantelamiento de una estación de bombeo o una instalación fotovoltaica puede interrumpir el suministro de agua durante semanas, debido también a las dificultades para reponer determinados componentes por tensiones en las cadenas de suministro.

«Si el robo se produce en plena campaña de riego o coincide con una ola de calor, unos pocos días sin agua pueden comprometer seriamente los cultivos y la cosecha», explican desde la federación.

Los regantes insisten en que la prevención debe ser la primera línea de defensa frente a una delincuencia cada vez más organizada y atraída por el elevado valor del cobre. La contratación de seguros, ya extendida entre buena parte de las comunidades de regantes, actúa como último mecanismo de protección cuando las medidas preventivas no bastan. Su función es amortiguar el golpe económico de unos robos que, aunque no sean necesariamente más numerosos, sí resultan cada vez más costosos.