Los fuegos, la burocracia y los forestales

Dentro de poco -cuando se oigan los primeros bramidos o las primeras tormentas- esto se habrá olvidado. La actualidad girará en torno a la política que vive en constante incendio, la vuelta del verano y ya mismo cambiamos el polo por el jersey

Cortadero

CortaderoCedida por el autor

Ahora todo se quema y en cualquier mentidero los parroquianos se persignan echando leña a la pira de la desgracia. Han desalojado Chapinería, Sotillo, etc, y todas esas almas tienen que ir a parar a casa de algún pariente, amigo o bienhechor. Pero si subes más arriba te echas a llorar porque Ávila ha ardido de punta a punta, pero si viajas por Buitrago, por Almería, por Almorox… en fin, que en todos lados las calamidades se multiplican.

No se habla de otra cosa. Y dentro de poco -cuando se oigan los primeros bramidos o las primeras tormentas- esto se habrá olvidado. La actualidad girará en torno a la política que vive en constante incendio, la vuelta del verano y ya mismo cambiamos el polo por el jersey. Tenemos memoria corta, de pez, sobre todo para las desgracias. El monte arrasado se olvidará, en cuanto vuelvan a nacer de su entraña nuevos brotes de vida, aunque sean meras plantas que intenten sustituir la gallardía de los bosques. Y la burocracia volverá a surgir en el mundo de los mortales.

Los agentes forestales son una figura enfundada en la autoridad pública, respetable en algunos casos y despreciable en otros tantos

Pero ahora que estamos en plena hecatombe creo que no debemos pasar de puntillas; hay que llamar al estrado a los que tantas trabas ponen al día a día del campo. No puede ser que pidas un permiso para hacer un camino, un cortadero o una charca y la respuesta de salida sea un no. Y si ha sido así y es usted titular de una de las zonas arrasadas por los fuegos creo que debería de poner en conocimiento de la Justicia la incompetencia de los que van de verde en representación del Medio Ambiente. Los agentes forestales son una figura enfundada en la autoridad pública, respetable en algunos casos y despreciable en otros tantos. No es el uniforme, es la persona que lo lleva. Lo que no tiene sentido es que en este país se premie el inmovilismo en las acciones del campo (si no haces nada, no te denuncian) y se castigue con multas al que ejercita la explotación de sus terrenos. Entiendo que tiene que haber un orden, unas normas y que cada uno tiene que hacer las cosas en tiempo y forma; ni vas a podar encinas en junio que el árbol está en plena actividad, ni quemar restos de poda en agosto, ni arrancar encinas milenarias por el capricho de que te quiten unas vistas. Pero de ahí a que si tienes un polvorín de monte sin entresacar, los caminos intransitables y ningún punto de agua para que abreven los animales… Y que lo den por bueno porque no se está haciendo nada, eso es un error.

Los ecologistas quieren que nada se haga, que la naturaleza siga su curso, que el hombre no esté presente, que no participe, que no intervenga. Pero luego queremos que los fuegos los paren los aviones o los retenes, que exista biodiversidad y que el monte sea un mundo completo y repleto de seres sanos. Me he tenido que enfrentar muchísimas veces a los agentes forestales para llevar a cabo podas, resalveos, caminos, charcas, cortaderos… He encontrado de todo. Algunos saben, entienden, te aconsejan y además te marcan los tiempos y pautas. Otros -que también abundan- te cuestionan, te dicen que si pides diez cosas te tienen que negar cinco porque todas no te las pueden conceder, como si tuvieran en sus manos la varita mágica de conceder los deseos que les salgan de los mismísimos. Y no lo digo porque me lo hayan contado, lo digo porque lo he vivido. Y entre bronca y multa al final hice lo que consideré, con recursos apilados en muchas carpetas y, cuando todo estaba hecho, tras haber tenido que desembolsar mucho dinero en abogados y multas, viene de nuevo y me dice: pues ha quedado esto muy bien. Le voy a pedir una llave de la finca para poder venir a vigilar la pareja de Imperiales que desde el nuevo camino que ha hecho se verán de lujo… Por supuesto mi sonrisa decía la frase de Cervantes que aquí reflejo: ¡Y una tranca para tu madre que mea de pie!

Lolo De Juan en el campo

Lolo De Juan en el campoCedida por el autor

Creo que tenemos tantísima burocracia que las ilusiones e intenciones de muchos actores del campo se pierden por el camino. Ya no digo que el Estado dé ayudas para cuidar los montes, que luego todos queremos respirar aire puro, ver los bosques sanos y hasta pasearlos por las veredas aptas para ello. Lo de las ayudas está estupendo. Pero muchas veces no pides ayudas, pides que no te den por saco por el camino. Porque entre multas, tasas, recursos y el tiempo que se pierde (que todo eso también vale) a uno se le pasan las ganas y hasta cuando ves una de estas desgracias, piensas: si es lo que estáis buscando y deseando, coño. Que el campo tiene las letras muy gordas y pensáis que los que habitamos en él somos el enemigo.

Pues lo dicho, que se apriete la gorra el que haya denegado los permisos de poda, resalveo, la charca o el camino aquel que íbamos a hacer, y meto las primeras a las Confederaciones Hidrográficas de todas las cuencas. Porque con esta que se ha liado a más de uno le dolerá la cabeza. Y luego argumentará que la ley dice y que la ley dispone, pero desde luego no perdería la oportunidad de juntarle la pata con la oreja a aquella administración que denegó como siempre esas labores necesarias para que no pase lo que ahora está pasando… Más de uno se lo pensará dos veces cuando sea citado con nombre y apellido. No aliento a levantarse, aliento a defendernos de aquellos que tienen el no por respuesta cuando se trata de cuidar y gestionar los recursos del campo.

A ver quién coge esa mosca por el rabo. Miel de romero tengo un bidón.

  • Lolo De Juan es gestor agropecuario

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