Los daños causados por el antifranquismo ambiental

Desde los años 80, cuando el PSOE fue accediendo a gobiernos central y autonómicos, la estrategia forestal ha sido nefasta porque, no sólo se convirtió en política, sino porque su 'leitmotiv' fue el cambio por el cambio

Bosque calcinado en la Sierra de Gata (Cáceres)

Bosque calcinado en la Sierra de Gata (Cáceres)Europa Press

Hay cosas que deberían quedar fuera de la política, porque realmente no lo son; son puramente técnica. Ésta existe, mal que le pese a muchos, con independencia de la ideología de sus autores, o del tiempo en el que vivieron; también la hubo en el franquismo, porque la inteligencia no es sectaria. Pongo ejemplos: la Ley de Expropiación Forzosa, de 1954, todavía vigente, y toda la estructura jurídico administrativa de España la hicieron enormes juristas durante el franquismo. Las posteriores leyes de procedimiento no son otra cosa que adaptaciones a la de 1958 (necesarias para acomodarla a las competencias territoriales y a la incorporación de los actuales medios telemáticos al procedimiento administrativo), pero que no afecta al grueso de su estructura.

Vayamos al medio ambiente. Tanto la estrategia forestal, como la hidrológica, durante el franquismo fueron muy buenas, siendo justo decir que, sobre todo en la hidrológica, partía de proyectos nacidos durante la República o, incluso, durante la Monarquía, que en vez desecharlos, acogió, ejecutó y hasta amplió. El mérito del franquismo fue ponerlas en marcha sin pedir carnet de afiliación a sus autores o ejecutores, unos franquistas, otros no, otros ni se sabe. Otra cosa es que el franquismo lo vendiera como «política».

Hoy la situación forestal es insostenible ante el peligro de incendios, por la acumulación de combustible

Pero hete aquí que llegó el momento del desmantelamiento absoluto del franquismo y ello dio carta blanca a cualquier iniciativa para revertir «lo anterior». Desde los años 80, cuando el PSOE fue accediendo a gobiernos central y autonómicos, la estrategia forestal ha sido nefasta porque, no sólo se convirtió en política, sino porque su leitmotiv fue el cambio por el cambio. La normativa de Montes, de Agua, Ganadería... sólo tenía que ser radicalmente diferente para considerarse buena y ser aprobada. Como necesitaban paraguas argumentativo, para ello se prestaron los ecoabandonistas (pero celosos guardianes de sus bolsillos), principalmente Ecologistas en Acción, que veneran el prohibir todo lo que no pasa por evaluaciones ambientales redactadas y cobradas por sus empresas y líderes (por ejemplo, Puy du Fou, en Toledo, sufrió y sufre ese acoso por no encargarles el estudio ambiental).

Hoy la situación forestal es insostenible ante el peligro de incendios, por la acumulación de combustible; los cauces son trampas ante riadas y se prohíben o derriban multitud de presas o embalsamientos; la construcción de infraestructuras de prevención de incendios (sean cortafuegos, caminos de acceso o embalses) es misión imposible; la limpieza de cauces un delito de lesa humanidad. ¿Y los transvases? Uy los transvases, que malos son que sus infraestructuras impiden riadas en las zonas ribereñas, pero luego éstas se creen que esa agua embalsada, que les hubiera ahogado, es de su estricta propiedad y disfrute.

La normativa de Montes fue demonizada sobre el argumento de que era una «ley de producción» y no una «ley de conservación», aunque lo cierto es que lo ruinoso arde más que lo rentable.

Y mientras tanto, ¿qué ha hecho la derecha cuando ha llegado al poder? Pues caer en la trampa. Dejo claro que me es igual, como le es igual a las masas forestales o a los ríos, que la derecha haya sido una incapaz en este aspecto. No lo es que en España no exista contrapunto alguno ni crítica a lo nefasto, sobre todo si esto nefasto lo es por vocación, convicción e ideología. Lo que peor lleva la derecha es que le recuerden cualquier cercanía de ideas o de simple criterio, con el franquismo. Y como la política ambiental actual califica de franquista todo lo «anterior», esa derecha jamás ha osado derogar o modificar las leyes que a su vez derogaron la mal llamada «política ambiental franquista». Para la derecha la estrategia ambiental sólo es una moneda de cambio; un elemento de cesión en cualquier negociación; una línea roja que no puede pisarse en negociaciones globales. Y pongo un ejemplo: el listado de actividades incompatibles en parques nacionales iba a ser modificado por Rajoy, pero cedió «para no dar más excusas a la izquierda para tomar las calles». Hoy ya es indiscutible que ese régimen es inviable y sólo se mantiene por criterios indiscutidamente ideológicos, pese a que ha destruido la capa forestal y que se ha expropiado aprovechamientos a los particulares para que eso mismo lo haga Tragsa, peor y mucho más caro.

La realidad es que tenemos más masa forestal que hace cincuenta años, pero mucho peor conservada y con un potencial de incendio mucho mayor. Encinares achaparrados, pinares que no dejan entrar la luz, masas arbustivas continuas y densas que impiden cualquier aprovechamiento y que se idealizan como «intocables», …

Por no hablar de los cauces y de la nefasta gestión de las confederaciones hidrográficas. Intenten llegar a un punto cualquiera de los cauces de España; incluso de arroyos. No podrán. La vegetación ha crecido de tal manera que un humano difícilmente podrá siquiera llegar al agua si no es por puntos muy concretos o habilitados especialmente para ello, lo que debe ser muy «sostenible», pero que en mi juventud sería absolutamente anormal.

Echemos a la política de las estrategias ambientales y dejen de llamarle política. Hágase análisis serio de lo ocurrido en los últimos años y actúese con criterios puramente científicos y empíricamente demostrados. Dejemos los complejos atrás y defendamos lo que era mejor, por mucho que los enemigos de lo nefasto lo tilden de «franquista», que lo es tanto como mi padre (vivió, creció, estudió, trabajó y se casó en esa época) y yo no pienso suicidarme por semejante cuestión de estricta coincidencia cronológica.

Aunque soy consciente de que para hacerlo tendremos la rémora de las colonizaciones institucionales que todos conocemos y que ponerle el cascabel al gato generará discusión. Empecemos por ponerle nombre y apellidos a los autores de «verdades» hoy refutadas y a los de las ruinas ambientales hoy constatadas. Llamemos tonto al tonto e inútiles a los autores del actual desastre. Que me da igual su ideología, pero no su estulticia.

  • Antonio Conde Bajén es miembro del Real Club de Monteros
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