Manifestación de agricultores en Madrid, en febrero de 2026
El campo busca ir un paso más allá y hacer algo grande en Madrid: «No es de agricultores, afecta a todos»
El desfile infinito con destino al Ministerio de Agricultura de tractores, agricultores, ganaderos y todo el folclore que les acompaña, como boinas, botas de vino, monos de trabajo o buzos para la apicultura, se ha convertido en habitual en Madrid.
Las protestas masivas del sector primario han dejado de ser excepcionales ante las dificultades que sufren desde hace años los productores de alimentos. El último aliento de auxilio de la legislatura llegará este miércoles 28 de octubre, a un mes y un día de las elecciones generales y con la desesperación del que pierde dinero por trabajar.
El hartazgo que llega tanto desde los convocantes, Asaja, COAG y Unión de Uniones, como desde el terreno, «no podemos más», hace prever una altísima afluencia en las calles, con más de 500 tractores y miles de agrarios.
El peso de la marcha aumenta con el paso de los días. Antes de su anuncio, los agricultores trabajaban en un intenso calendario de manifestaciones por todo el país para hacer ver a su ministro, Luis Planas, que dar de comer tiene que dar para vivir. Cuando todo estaba dispuesto para ello, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, anunció el adelanto electoral, algo que no evitará que los agricultores salgan a luchar por lo suyo, pese a que Planas le haya restado legitimidad: «No voy a poner ningún 'pero' al respecto (del derecho a protesta y manifestación), quien convoca sabrá por qué lo hace. Las elecciones se convocaron el día 5, lunes, y esta manifestación se convocó el viernes, día 9: Que cada uno saque sus conclusiones al respecto».
La dimensión de las movilizaciones, tal y como han evidenciado los convocantes, supera el ámbito agrícola. «No es un tema solamente agrario, es un tema que afecta al conjunto de la sociedad», señala en un llamamiento a la población Andrés Góngora, secretario general de COAG, que insta al resto de la ciudadanía a unirse: «Los ciudadanos tienen que conocer que estamos produciendo su alimentación y, sobre todo, su alimentación del futuro y la soberanía alimentaria, y para eso es necesario un plan de choque porque la situación es extremadamente grave».
Pedro Barato, presidente de Asaja, firma una carta en la que acerca la delicada realidad que soportan aquellos que dedican su vida al campo –y que repercute en todos– con el objetivo de azuzar a las masas: «Cada mañana, en miles de pueblos de España, un agricultor arranca el tractor y echa cuentas. Gasóleo, abono, luz para el riego, pienso para los animales. Y al final, lo que le pagarán por lo que produce. Cada vez más a menudo esas cuentas no salen. Puede parecer un problema del campo, pero lo que pasa en esa cuenta acaba, tarde o temprano, en la mesa de todos».
El mandatario de Asaja se dirige directamente a los habitantes de la urbe: «Sabemos que una tractorada causa molestias, y lo lamentamos. No salimos por gusto. Por eso pido algo a quienes nos lean desde la ciudad: cuando vean los tractores por Madrid, no piensen en un atasco, piensen en su despensa».
Las comunicaciones revelan la intención de los agricultores de hacer partícipe al resto de la sociedad de sus demandas. «Sin rentabilidad no hay relevo generacional, y sin relevo no hay pueblos vivos ni alimentos producidos aquí. Defender el campo es defender lo que comemos y el país que queremos ser», asevera Barato.
La estrategia para aplacar la tormenta perfecta que azota al campo consta de cinco grandes bloques: un plan de choque frente a los costes de producción; una PAC (Política Agraria Común) fuerte que proteja la renta de agricultores y ganaderos; precios justos y una Ley de la Cadena Alimentaria que se cumpla; la negativa a los acuerdos comerciales que provocan competencia desleal; y la excesiva burocracia que dificulta la operatividad y rentabilidad de las explotaciones.