Una bandada de buitres del Himalaya planea con las alas totalmente desplegadas
La ciencia desmonta una vieja creencia: volar puede gastar menos energía que nadar
Los resultados muestran que el tamaño corporal desempeña un papel importante entre las aves planeadoras: en general, cuanto mayor es el animal, menos necesita batir las alas y menor es su coste energético de transporte
Volar puede ser menos costoso energéticamente que nadar, pese a que esta última actividad se ha considerado tradicionalmente la forma de desplazamiento más eficiente entre los vertebrados. Así lo demuestra un estudio internacional publicado en la revista Science, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que incorpora por primera vez de forma explícita el papel de la atmósfera como fuente de energía para los animales voladores.
Hasta ahora, los libros de texto situaban la natación como el medio de locomoción menos costoso, seguida del vuelo y, por último, de la carrera. Sin embargo, esta clasificación se basaba principalmente en mediciones realizadas en condiciones controladas, como tanques de agua, túneles de viento o cintas mecánicas. El nuevo trabajo demuestra que, en la naturaleza, el aprovechamiento de las corrientes de aire puede cambiar por completo este orden.
«Nuestro estudio demuestra que aves planeadoras pueden desplazarse con un coste energético incluso inferior al de la natación, considerada hasta ahora la forma más barata de locomoción en vertebrados», explica Ainara Cortés Avizanda, investigadora del CSIC en la Estación Biológica de Doñana (EBD).
17 años de seguimiento para medir el coste del vuelo
La investigación, dirigida por el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y la Universidad de Swansea, ha contado con 68 investigadores de todo el mundo. El equipo combinó 17 años de seguimiento mediante GPS y acelerómetros de 850 individuos pertenecientes a 38 especies de aves y murciélagos. En total, analizó 1,4 millones de localizaciones GPS y cerca de 195.000 segmentos de vuelo, a los que sumó cuatro años de registros de radar de pequeñas aves migratorias.
Estos datos se integraron con información atmosférica sobre los vientos y las corrientes ascendentes para estimar la energía consumida por los animales en condiciones reales. De esta forma, los investigadores pudieron comparar el gasto energético por distancia recorrida y distinguir entre las especies que dependen principalmente del aleteo y aquellas que aprovechan las corrientes de aire para planear.
Los resultados muestran que el tamaño corporal desempeña un papel importante entre las aves planeadoras: en general, cuanto mayor es el animal, menos necesita batir las alas y menor es su coste energético de transporte.
«Aves planeadoras, como el cóndor andino, aprovechan las corrientes ascendentes y apenas baten las alas. Con ello, logran costes de transporte hasta un 79 % menores que aves de masa similar que vuelan mediante aleteo continuo, como el cisne trompetero», señala José Antonio Donázar, investigador del CSIC en la EBD.
Uno de los ejemplos más destacados es el de los buitres. Las siete especies analizadas acumularon 128.000 días de vuelo y recorrieron más de 4,3 millones de kilómetros, el equivalente a más de cien vueltas a la Tierra. Durante sus desplazamientos, batieron las alas únicamente entre el 0,1 % y el 7 % del tiempo, aprovechando las columnas de aire ascendente para ganar altura y ahorrar energía.
No obstante, esta estrategia depende de las condiciones atmosféricas. Las aves planeadoras de mayor tamaño tienen menos flexibilidad para decidir cuándo y dónde volar, ya que necesitan corrientes ascendentes favorables. Por su parte, las especies que dependen del aleteo pueden desenvolverse en situaciones más variables, aunque su gasto energético es mayor. En estos casos, los vientos de cola facilitan el desplazamiento, mientras que los de cara incrementan el esfuerzo necesario.
El estudio también tiene implicaciones para la conservación. Los cambios en los patrones de viento y en las corrientes térmicas asociados al cambio climático podrían modificar las rutas migratorias, la distribución geográfica y el uso del espacio de numerosas especies. «La atmósfera no es simplemente el medio donde vuelan las aves y murciélagos, sino un recurso energético esencial que puede determinar cuándo, dónde y cómo se desplazan», concluye Cortés Avizanda.