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Paul Newman protagoniza El juez de la horca

Cine

El wéstern de John Huston al que Tarantino rindió homenaje en su última película

Un juez que se inventa la ley, un protagonista imprevisible y un rodaje fuera de lo común

Hay westerns que se recuerdan por la historia y otros por la forma de contarla. El juez de la horca es más bien de los segundos. No es la típica del Oeste con duelos al sol y héroes claros, sino algo bastante más raro y libre. Ahora se puede ver en Filmin, que es justo donde encajan este tipo de películas que en su momento no fueron un gran éxito, pero que con los años han ido ganando valor.

La historia parte de un personaje real, Roy Bean, conocido como «el juez del Pecos». Ya en su época tenía fama de aplicar la ley a su manera. La película toma esa idea y la lleva más lejos. Empieza con él a punto de ser ahorcado, pero una joven mexicana, María Elena, le salva en el último momento. A partir de ahí, todo cambia. Bean vuelve al pueblo, se venga de quienes intentaron matarlo y decide algo bastante peculiar: se nombra a sí mismo juez. Desde entonces, él es la ley en ese lugar.

Y esa ley funciona como le conviene. Monta juicios improvisados, dicta sentencias según el momento y crea su propio orden en medio de la nada. Esa mezcla entre lo serio y lo absurdo es lo que marca toda la película.

El tono tiene mucho que ver con cómo se rodó. John Huston no era un director de hacer las cosas de forma clásica, y aquí se nota. Rodaron en exteriores reales del oeste de Estados Unidos, con paisajes abiertos y bastante duros, y dejó bastante libertad a los actores. Por eso la película tiene algo desordenado, pero también muy natural.

En el centro está Paul Newman, en un papel bastante distinto a lo habitual. No es el típico protagonista que cae bien desde el principio. A veces resulta exagerado, otras incómodo, pero nunca es del todo previsible. Y eso es lo que hace que la historia se mantenga.

A su alrededor aparecen nombres como Ava Gardner o Jacqueline Bisset, y ese reparto también ayuda a crear una mezcla curiosa. Hay momentos que parecen un western clásico y otros que rompen completamente con eso. Esa irregularidad fue lo que en su estreno no terminó de convencer, porque no todo el mundo sabía cómo tomársela.

Fotograma de Érase una vez... en Hollywood

El guion, de John Milius, va justo en esa línea. Hay escenas muy serias y otras que parecen casi una broma. Esa falta de equilibrio fue criticada en su momento, pero con los años se ha convertido en parte de su encanto.

La música también tiene su historia. La compuso Maurice Jarre y fue nominada al Oscar. Y es precisamente esa música la que ha vuelto a poner la película en el mapa décadas después. Quentin Tarantino recuperó una de sus piezas en Érase una vez... en Hollywood, estrenada en 2019, incluyéndola en el tramo final de la película.

La canción suena en una de las escenas clave del desenlace, cuando la historia da un giro y se aleja de los hechos reales para entrar en un terreno más cercano al cuento o la fantasía. Dentro de ese mosaico musical, la inclusión de una pieza de Jarre funciona también como un guiño cinéfilo.