Fotograma de Por cien millones (Movistar+)
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'Por cien millones': el secuestro y la liberación de Quini, más cómicos que reales
Veinticinco días en un zulo de un taller de Zaragoza, a petición de un rescate de 100 millones de pesetas
El coronel Tejero entró en el Congreso de los Diputados a disparo limpio y activó un golpe de Estado que se deshizo como un azucarillo horas más tarde. Con un país convulsionado y asustado, dos mecánicos y un electricista de Zaragoza, asfixiados por la falta de recursos económicos, deciden secuestrar al futbolista más carismático de la Liga, el gijonés Enrique Castro 'Quini', tras una nueva victoria de su equipo, el Barcelona, con él como goleador, en el Nou Camp.
Veinticinco días en un zulo de un taller de Zaragoza, petición de un rescate de 100 millones de pesetas, y como «becarios» del secuestro, caen al creerse que ese dinero trasladado a una cuenta de Ginebra (Suiza) no lo controlará nadie. Acabaron los tres en la cárcel, Quini fue liberado, perdonándoles la multa y pidiendo su libertad. Fue uno de los secuestros más esperpénticos de la historia.
Se han escrito libros, se ha elaborado un documental, pero ahora Nacho G. Velilla y Oriol Capel a través de la productora Felicitas Media y de Movistar + han lanzado una miniserie de tres capítulos, con una excesiva duración de 50 minutos cada uno. ¿Es un thriller, un drama, una comedia, una charlotada o un esperpento?. Tiene un poco de todo…cercano a lo que ocurrió en realidad, pero exagerado en la parte de ficción que escenifica casi la película Tres tontos en apuros.
Se reúnen los tres actores protagonistas del secuestro Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara y eligen a Enrique Castro Quini, viendo revistas y descartando a Paquirri o una folclórica. Hacen un seguimiento de Quini en Barcelona, construyen una caja de madera y en su furgoneta, escuchando por la radio los goles que va marcando Quini, se plantan en la puerta de su casa. Lo que ocurre en el portal es cómico, exagerado, invención pura; se llevan a punta de pistola al secuestrado, en su coche que como es automático no lo saben poner en marcha… y se lo preguntan a Quini.
Llegan a Zaragoza, lo meten en el zulo y la actuación de Agustín Otón interpretando Quini, deja un poco helado al personal. No llora, no grita, come bocadillos. En el bar de enfrente del zulo el dueño colocó más tarde como reclamo: «Aquí se venden los bocadillos que se comía Quini», real como la vida misma. Y así transcurren los minutos de la serie, llamadas a María Nieves, la mujer de Quini, para pedirle el rescate, la policía grabando y creyendo, en principio, que era ETA, GRAPO o el Batallón Catalano-Español, días después del 23 F. El acento zaragozano de los secuestradores les hizo aterrizar y ver que el camino a seguir era de unos amateurs que buscaban dinero rápido.
En el garaje se produce una escena caótica que desorienta al espectador: Aparece el suegro a cobrar el alquiler con dos policías , Quini a escasos metros, en su zulo y en ese momento se escucha a través de una radio la entrada de Tejero en el Congreso. Se van los policías. El espectador se queda sin saber qué ocurre…
Otro dato de la serie, un poco humillante para el FC Barcelona, es que la primera frase que aportan es la del presidente Núñez: «Es que Quini no vale 100 millones de pesetas», que parece ser que lo dijo, pero el resto de intervenciones del representante barcelonista en casa de Quini, con María Nieves y la policía presentes, son siempre anteponiendo el fútbol, la Liga, el pichichi, el dinero... a la libertad de Quini... Humillante.
La mayor parte de los tres capítulos transcurren en Zaragoza y sus alrededores. El secuestro se ventila con fotos de periódicos y no aporta ni una imagen de Quini marcando algún gol o aunque sólo fuesen 10 segundos de la imagen de Enrique Castro Quini, liberado. Los tres actores, grandes profesionales, se ven obligados a «exagerar» sus intervenciones... por necesidades del guion. Todo apunta a que no era necesario llevarlos al extremo tan cómico. Eran secuestradores novatos, pero tan tontos, no parece.
Al final, el Barcelona a través de uno de sus anunciantes, transfiere 100 millones de pesetas a una cuenta bancaria en Ginebra, va el cabecilla a cobrarlos y lo detienen. Canta La traviata y la policía se presenta en el taller de motos donde habían construido el zulo, con Quini dentro. Lo liberan y se lo llevan a Barcelona. Quini perdona a sus secuestradores. Destacar la interpretación de las actrices de la serie , menos impostadas que los actores, más reales.
Aquí finaliza la miniserie que entretiene, pero poco más. Los tres secuestradores abandonaron el barrio tras pasar varios años en la cárcel. Se cumplen 45 años de la liberación del futbolista que falleció el año 2018. Uno de los secuestradores cuenta hoy a Heraldo de Aragón:« Ya cumplieron la condena de diez años que les impuso la Audiencia de Barcelona. Y reconoce que se equivocaron al intentar hacer frente a los efectos de la crisis económica y que no pueden arrastrar «una penitencia eterna». El director de la serie reconoce que: «si Quini no les hubiese perdonado, no habría grabado la docuserie».