Alfonso Nasarre: hasta siempre, querido amigo
Deja en este mundo una gran señora; una enorme familia; multitud de amigos; una ciudad medieval –Sigüenza–; y un medio de comunicación –las ondas radiofónicas– que ya no serán lo mismo sin él
Hay personas que la vida nos pone en el camino para enriquecernos y hacernos mejores a los demás. Que nos enseñan y contribuyen a entender mejor lo que pasa a nuestro alrededor. Que no piden, solo dan. . Que piensan en nosotros más que nosotros en ellos. Que se alegran cuando nos ven y nos transmiten –sin palabras, con emociones– esa alegría. Que siempre comparten su simpatía, resultan entrañables y, cuando terminan nuestros encuentros, nos dejan un regusto de satisfacción silencioso que nos encanta tener.
Alfonso Nasarre Goicoechea, con sus profundas convicciones, reunía todos estos atributos; y muchos más, que, de extenderme en ellos, haría muy cansada la lectura de estas breves líneas.
Líneas que necesito escribir para recordar a Alfonso en el mismo día en que nos ha dejado tras una muy breve pero implacable enfermedad.
Alfonso, fue, ante todo y sobre todo, periodista. No entendía el periodismo como una mera profesión, sino como un auténtico oficio. Ejerció este oficio desde la radio, su medio más dinámico. En él, tras licenciarse en Ciencias de la Información en la Complutense, ejerció de redactor y de cronista –destacando como cronista parlamentario– y alcanzó la condición de redactor-jefe de la Sección de Política Nacional de la COPE, su casa de siempre. Desde ahí paso, a comienzos de 1997, a la Secretaría de Estado de Comunicación.
Y fue un poco más tarde cuando conocí a Alfonso, hace más de veinte años, siendo una de las personas de referencia en la Secretaría de Estado de Comunicación, en la segunda legislatura del presidente Aznar.
Desde el primer día, me atrajo enormemente su voz radiofónica –profunda y grave–; de estas que se escuchan en la radio de madrugada, que parecen estar dirigiéndose sólo a uno, en lugar de a millones de radioyentes, para hacernos sentir únicos protagonistas de lo que escuchamos. Desde su oficio de periodista, en la Dirección General de Comunicación del Área Nacional de la Secretaría de Estado de Comunicación, ofrecía siempre una visión amplia y completa de la realidad. Coincidí con él una temporada, los viernes por la mañana, mientras se celebraba el Consejo de Ministros. Charlar con él (incluso discutir) y escucharle resultaba siempre entretenido e interesante; tenía además un sentido del humor verdaderamente genuino. Casi puedo decir que, del pequeño grupo que coincidíamos, era a Alfonso a quien yo quería escuchar y con quien quería charlar. Desde entonces, con mayor o menor frecuencia, no he dejado de verle.
Trabajamos juntos en Radio Televisión Española. Una Casa especialmente admirada y querida por Alfonso. No en vano, Eugenio, su hermano mayor, la dirigió –también en tiempos convulsos– a comienzos de los años 80. Allí estuvo al frente de Radio Nacional de España, en la Casa de la Radio. Todo lo que hizo durante ese tiempo se resume en unas pocas palabras: sensatez, respeto, discreción y devoción por su trabajo. Y, sobre todo, una quinta: lealtad; lealtad hacia los trabajadores de la Casa; hacia RTVE; hacia las instituciones; y permítanme decirlo, lealtad hacia mí. Al poco de dejar Prado del Rey, tras casi dos años dedicados a Esperanza –matrimonio inseparable y siempre ejemplar–, a su inmensa familia, a sus muchos amigos y, muy especialmente, a ayudar a los más desfavorecidos, retomó su oficio, de la mano de José Antonio Sánchez, en Telemadrid dirigiendo Ondamadrid, su división radiofónica. Desde allí se nos ha ido con las botas puestas…
Deja en este mundo una gran señora –a quien ya he citado, Esperanza–; una enorme familia; multitud de amigos; una ciudad medieval –Sigüenza–; y un medio de comunicación –las ondas radiofónicas– que ya no serán lo mismo sin él. Todos perdemos a un Señor que, junto con el oficio del periodismo, consagró su vida a hacer un poco más felices a los demás.
Adiós querido amigo. Te echaremos mucho –muchísimo– de menos.
- Leopoldo González-Echenique Castellanos de Ubao fue presidente de Radio Televisión Española