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Eva Marie Saint, en una imagen de archivo

Eva Marie Saint, en una imagen de archivo

Cine

Eva Marie Saint, la rubia más seductora de Hitchcock

Con su personaje rompió con la idea de mujer angelical que arrastraba en su carrera

Cuando Alfred Hitchcock hizo Con la muerte en los talones tenía claro que su protagonista tenía que ser Cary Grant, pero andaba perdido para encontrar actriz. Grace Kelly se había retirado poco después de hacer su tercera película para él, Atrapa a un ladrón. Después había dirigido a Doris Day en El hombre que sabía demasiado, a Vera Miles en Falso culpable y a Kim Novak en Vértigo, pero ninguna de ellas pegaba en el papel de la espía seductora, misteriosa, desinhibida sexualmente y que juega a dos bandas de la última película que haría en la década de los 50.

Pero Hitchcock, una vez más, tuvo una idea brillante. Cuando la Metro Goldwyn Mayer leyó el guion de Ernest Lehman y entró entusiasmada en el proyecto, le sugirió al director a la actriz y bailarina Cyd Charisse que había cosechado grandes éxitos durante la década con musicales como La bella de Moscú, Brigadoon o Melodías de Broadway. Pero a Hitchcock no le convencía.

El director siempre había destacado por sacar a los actores de sus elementos naturales, como a Cary Grant le sacó de la comedia con Sospecha y Encadenados, a Grace Kelly del romance con Crimen Perfecto o a Doris Day del musical con El hombre que sabía demasiado, y en ese sentido Charisse podía encajar. Pero el maestro quería una ruptura más radical.

Se fijó entonces en Eva Marie Saint, una actriz magnífica formada en el Actor’s Studio, pero encasillada en papeles serios y dramáticos, sencillos, angustiados y generalmente con un punto angelical. Y sus trabajos en El árbol de la vida o La ley del silencio –por la que ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto– así lo avalaban.

Hitchcock citó a la actriz para comer en hotel St. Regis de Nueva York junto a su mujer y principal colaboradora, Alma Reville. Durante el almuerzo, no le hizo leer el guion ni apenas le contó nada del argumento. Más bien se limitó a observar cómo se comportaba en la mesa y en los ambientes refinados porque necesitaba una actriz que tuviese una elegancia natural y una sofisticación innata para abordar el personaje de Eva Kendall.

Tras la comida, el director quedó plenamente convencido y le ofreció el papel allí mismo y de forma directa, no a través de sus respectivos agentes como era lo habitual. Allí mismo le dijo que sus compañeros de reparto serían Cary Grant y James Mason. La actriz contaría siempre que después de aquella comida se sintió fascinada y liberada ante la idea de poder abandonar los papales que venía haciendo y que nada más salir de allí llamó por teléfono a su marido, el director Jeffrey Hayden, y le dijo entre risas: «¡¡Hitchcock me ve como una rubia glamourosa, elegante y seductora!!».

Junto a Cary Grant, en Con la muerte en los talones

Junto a Cary Grant, en Con la muerte en los talones

Para trabajar el personaje, el director se alejó completamente del Método con que la actriz se había formado y se limitó a trabajar con ella su transformación estilística: la llevó personalmente a los almacenes Bergdorf Goosman de Nueva York para seleccionar el vestuario de la película –que incluía una sugerente ropa interior que, por supuesto, nunca se vería en pantalla– y para dar vida al misterioso personaje sólo le dio tres indicaciones: que hablara muy despacio y bajando el tono de voz, que no gesticulara en absoluto y que mirase muy fijamente a Cary Grant.

La actriz siempre recordó aquel rodaje como el mejor de toda su carrera, completamente alejado del de otras actrices de Hitchcock que lo pasaron realmente mal. Ella siempre bromeaba recordando lo mucho que todos se rieron y subrayando, sobre todo, lo maravilloso que fue trabajar y besar a Cary Grant: «Todo el mundo me preguntaba cómo método» para eso. Sólo tenías que ponerte delante de él y dejarte llevar. Era el hombre más encantador, divertido y profesional con el que he trabajado».

Y es que el impacto que tuvo Con la muerte en los talones en su carrera fue definitivo y le permitió abordar la década de los 60 con otro peso dentro de la industria. Y así lo explicó: «Gané el Oscar por mi primera película, lo cual fue un honor increíble, pero durante el resto de mi vida la gente me ha parado por la calle para hablarme de Con la muerte en los talones. Hitch me hizo un regalo maravilloso al sacarme de mi zona de confort y enseñarle al mundo que podía ser una mujer completamente diferente».

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