Fundado en 1910

Clint Eastwood dirige y portagoniza 'Sin Perdón'

Cine

El wéstern de Clint Eastwood sin el que no existiría 'Sin perdón': «Son las dos caras de la misma moneda»

El actor y director marcó el género de manera definitiva, aunque después de las obras maestras de Sergio Leone algunos se hayan olvidado

La grandeza de Sin perdón está en la desmitificación del oeste. Esta no fue la primera película en mostrarlo –ahí está todo el spaghetti wéstern–, pero sí la que lo hizo cuando el género estaba de salida y de la mano de uno de sus grandes baluartes. Y es que Sin perdón mostraba el oeste como un lugar de muerte y destrucción y se centraba en un hombre incapaz de redimirse de su pasado de pistolero individualista y violento. Porque este es el wéstern que de manera más clara ha mostrado que América se construyó en torno a delincuentes, asesinos, botas manchadas de barro y manos manchadas de sangre, no entorno a colonos, vaqueros y matriarcas.

Sin perdón es la obra maestra definitiva de Clint Eastwood.

El actor siempre hizo wésterns. Empezando por la televisiva Row wide y siguiendo por la Trilogía de Sergio Leone, Eastwood volvió de Italia a finales de los 60 para hacer Cometieron dos errores o La jungla humana, coqueteó con la comedia de la mano de Don Siegel en Dos mulas y una mujer, siguió con Joe Kidd, Infierno de cobardes y El fuera de la ley en la década de los 70 y cerró su vida ligada al género con Sin perdón en 1992. Esta es la película que habría que elegir para definir a Clint Eastwood si es que sólo pudiera elegirse una.

Pero el actor, que realizó la película con casi 62 años, que fue multipremiado y alabado por la crítica más que nunca, siempre ha reivindicado el padre natural de Sin Perdón, la cinta sin la que ésta jamás podría haberse realizado: El fuera de la ley.

Existe una relación conceptual y temática entre ambas historias porque, en la de 1976, Eastwood mostró por primera vez una visión amarga sobre la violencia, habló del trauma del asesino y la pérdida de la inocencia en la frontera americana. Fue su quinta película como director y su primera obra maestra desde El bueno, el feo y el malo, realizada por Sergio Leone en 1966.

Clint Eastwood, en El fuera de la ley (1976)

En ella da vida a Josey Wales, un exsoldado confederado que sólo vive para vengarse después de que unos guerrilleros de la Unión maten a su mujer y su hijo y quemen su granja. Gris y amarga, la cinta compone unos planos líricos y contemplativos con un protagonista solitario y perdedor, un matón vengador de intenciones nada nobles que, sin embargo, logra despertar la simpatía en el espectador.

El propio Eastwood explicó en su momento que era una película «sobre la renovación y la supervivencia» después de que la guerra dejara heridas a miles de personas que se vieron obligadas a empezar de nuevo y así lo dice su poético y violento personaje: «Supongo que todos morimos un poco en esta maldita guerra».

La película no funcionó nada bien. El wéstern en los años 70 era un género ninguneado y el propio Eastwood lo dejó aparcado durante más de quince años. Y lo hizo adrede, pues cuando le llegó el guion de Sin perdón de David Webb Peoples a mediados de los 80, Eastwood decidió esperar a tener más años, más vida, más desgaste, más cansancio… para poder abordarlo.

Clint Eastwood, con el Oscar a la mejor película y a la mejor dirección por Sin perdónGTRES

Y cuando lo hizo cuando y logró rubricar una de las mejores películas de todos los tiempos no se olvidó nunca de la influencia de El fuera de la ley en ella: «Fue la primera película en la que realmente empecé a cuestionar el mito del héroe del wéstern y el sentido de la violencia. Hasta ese momento, en el género matabas a los malos y todo el mundo se iba a casa contento. En Josey Wales te das cuenta de que la violencia destruye a las personas por dentro. Sin ese cambio de mentalidad, nunca habría podido entender ni dirigir Sin perdón, porque Sin perdón es la consecuencia natural de llevar ese pensamiento hasta sus últimas consecuencias».

Por eso, los amantes de Sin perdón valoran El fuera de la ley de manera muy especial, ya que no se trata de un «wéstern más» del director, sino de un título necesario para que llegase después su mejor película: «Siempre he sentido que El fuera de la ley y Sin perdón son dos caras de la misma moneda. La primera es la búsqueda de un hombre por recuperar su humanidad en mitad del caos y la segunda es lo que ocurre cuando el pasado y la violencia finalmente te atrapan y no te dejan escapar». Porque si Sin perdón es una película cinco estrellas, El fuera de la ley, es de cuatro. O cuatro y media.