Me, You, la nueva película de Bille August
Cine
Del horror de Auschwitz a las guerras tribales del Líbano: el cine sacude el Festival de Roma
Las películas Me, You, del danés Bille August, y Ayer el ojo no durmió, del palestino Rakan Mayasi, engalanan la jornada de la Fiesta del Cine de Roma
Una emotiva película italofrancesa del danés Bille August, Me, You, sobre las cicatrices indelebles que dejan las guerras, y la coproducción del palestino Rakan Mayasi Yesterday the Eye Didn’t Sleep (Ayer el ojo no durmió), sobre las eternas luchas tribales en el valle de la Becá, en la frontera entre Líbano y Siria, engalanaron la jornada de hoy, la décima, de la 21ª Fiesta del Cine de Roma.
August, uno de los pocos directores de cine que han ganado dos veces la Palma de Oro en Cannes, es un experto en llevar a la pantalla obras literarias y hechos históricos de los más diversos orígenes y latitudes, desde su Dinamarca natal hasta las lejanas y opuestas Chile y China.
Con Me, You (Yo, tú), August se inspira en una novela del italiano Erri De Luca para narrar una historia ambientada a principios de la década de los cincuenta del siglo pasado en una localidad turística del sur de Italia, donde, menos de diez años después del final de la Segunda Guerra Mundial, todavía persisten viejas cicatrices del conflicto que el tiempo tarda en curar.
Marco (un sensible Kolbjorn Skarsgard, hijo del célebre actor sueco Stellan Skarsgard) es un londinense de 14 años que ha pasado los años de la guerra como pupilo en una escuela, lejos de los bombardeos a los que fue sometida su ciudad, y se encuentra en el sur de Italia con sus padres, en casa de unos parientes napolitanos.
Allí conoce a Caia (la luminosa actriz francesa Sonia Ammar), una joven y hermosa judía rumana que aún vive con el trauma de haber escapado del tren que la conducía a Auschwitz, dejando a su padre solo ante su trágico destino. Marco se enamora profundamente de ella y compite, en vano, con su primo italiano, un adolescente interesado únicamente en el sexo.
Entre estos dos personajes se crea una relación en la que se mezclan inseguridad, tempestades hormonales, rencores y malos recuerdos de la guerra, difíciles de borrar y que en más de un momento emocionan al espectador.
Las necesidades comerciales han hecho que esta coproducción italofrancesa esté hablada en inglés, lo que resta veracidad a la historia y exige explicaciones alambicadas sobre por qué sus personajes utilizan ese idioma. Sin embargo, el tacto y la sensibilidad legendarios de Bille August hacen que la película se convierta en una advertencia sobre las heridas indelebles de la guerra, lanzada a un mundo que parece totalmente entusiasmado con la idea de resolver cualquier cuestión mediante el lenguaje de la violencia.
Mucha violencia se despliega también en la película del palestino Rakan Mayasi, nacido en Alemania, criado en Jordania y residente entre Bélgica y Líbano, alumno predilecto del maestro iraní Abbas Kiarostami y del húngaro Béla Tarr (a quien está dedicada la película). El cineasta ha necesitado capitales de Bélgica, Líbano, Catar, Arabia Saudí y la propia Palestina para realizar su primer largometraje, después de cinco cortometrajes rodados con grandes dificultades a lo largo de trece años y premiados en varios festivales.
Curiosamente, el palestino Mayasi ha dedicado su película, no a la inevitable Gaza, sino a un fenómeno endémico de Oriente Medio: la persistencia de las luchas tribales basadas en dogmas, ritos y costumbres milenarias que se resisten a la modernidad.
Cuando, en medio de este clima siempre a punto de estallar, alguien provoca un incendio o mata accidentalmente con su coche a una persona, intervienen las autoridades civiles y religiosas para evitar venganzas y represalias, imponiendo a dos mujeres de un clan que se ofrezcan en matrimonio como compensación por el daño sufrido por la otra familia.
Las hermanas Rim y Jawaher, siempre unidas, una rebelde y la otra sumisa, son ofrecidas sin necesidad de pedir su consentimiento, porque son meros objetos de trueque y pago ritual para evitar una guerra tribal que traerá durante mucho tiempo sangre y lágrimas a la comunidad beduina.
Mayasi se detiene largamente a contemplar los eternos e inmutables paisajes de la región y aísla a sus personajes en planos fijos que los muestran alejándose progresivamente de la cámara, como para atenuar la violencia implícita de la escena.