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Pedro Sánchez visitó a David Broncano en La RevueltaTVE

Eran las 22:00 y La Revuelta, cuya supuesta hora de inicio son las 21:45, no había empezado. Y aunque a las 23:00 ya debía haber terminado el programa, eran las 23:45 y la entrevista de Broncano a Sánchez no había concluido. Si hubiese sido en directo, el candidato del PSOE a las elecciones generales del 29 de noviembre podría haberse quejado de que no había cenado, pero La Revuelta se graba por la tarde, así que el presidente del Gobierno, si acaso, solo podría lamentarse de no haber merendado.

En la entrevista, Sánchez se merendó a Broncano, aún más trastabillado y menos vocalizador en su parlamento que de costumbre. Cualquiera que, sin conocer a sus protagonistas, viese las imágenes de la entrevista de Broncano a Sánchez sin sonido en el televisor (bien lo merecían uno y otro), podría creer que los papeles estaban cambiados. Que Broncano era el invitado y que Sánchez era el entrevistador. A pesar de encontrarse en el peor momento de estos últimos ocho años, Sánchez nunca se ha sentido más cómodo en un plató de televisión como este jueves en La Revuelta. Como para no estarlo, si el programa, el presentador, su equipo y la televisión pública española están elegidos a su gusto.

Broncano formuló a Sánchez preguntas más incómodas que Wyoming (el listón estaba demasiado bajo), pero fue un juguete en sus manos durante gran parte de su conversación. La entrevista, importante para Sánchez y no menos para Broncano porque los dos se juegan su futuro en las elecciones del 29 de noviembre, se movió por donde quiso el invitado, no el entrevistador.

Más o menos como los encuentros de Clarice Starling (Jodie Foster) con Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) en El silencio de los corderos. Las preguntas, en teoría, las realizaba la aprendiz del FBI cuando le visitaba en el hospital psiquiátrico de Baltimore donde permanecía encerrado el doctor. Pero, en la práctica, era él quien controlaba la entrevista y ella quien parecía estar encerrada.

En otra anomalía, en otro punto de giro, la entrevista pareció más preparada por el invitado que por el entrevistador, algo que en el caso de Broncano no parece difícil. Una sencilla frase de Pedro Sánchez durante su visita a La Revuelta terminó por delatarlo. Al pronunciarla descubrió que los temas de la entrevista estaban pactados y, a tenor de sus palabras, también el momento en que se abordarían.

«Luego hablaremos de vivienda», soltó Sánchez, adelantándose a la jugada para quedar en fuera de juego y sin necesidad de recurrir al videoarbitraje. Y poco después, tal y como él mismo había anunciado, Sánchez habló de vivienda. Fue a partir de ahí cuando Broncano se soltó para echarle en cara que se había preocupado por la vivienda pero en octubre de 2026, al final de la legislatura.

No fue el único desliz de Sánchez en su en exceso distendida charla con Broncano, a quien atribuyó orígenes extremeños, de Trujillo, cuando el presentador nació en Santiago de Compostela y reivindica siempre que puede a Jaén y a Orcera, el pueblo donde creció. El presidente del Gobierno, que hizo suyo el escenario de La Revuelta como lo intentó, sin conseguirlo, con el plató de El Hormiguero en 2023, esparció sus errores por el campo de la gramática. «Yolanda Díaz es una de las políticas 'mejor en forma' que hay ahora mismo en toda la política española», señaló Pedro Sánchez mezclando las expresiones «más en forma» y «en mejor forma».

Otro error del candidato socialista. «Estamos creciendo tres veces más que la zona euro y lo estamos haciendo no por primer año consecutivo», soltó Sánchez que, si se lo propone, es capaz de aprobar por decreto el uso de la expresión «por primer año consecutivo».