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Muletazo de Sebastián Castella a Cantaor, el cuarto toro de esta decimotercera corrida de San IsidroEFE

Ya nos hemos acostumbrado tanto a los llenos en esta Feria de San Isidro que aceptamos como natural algo verdaderamente extraordinario: esta tarde se ha colocado por octava vez el cartel de «No hay billetes», en trece festejos; las demás tardes, excelentes entradas. Y se anuncian nuevos llenos…

Como los toros se han puesto de moda, ahora mismo, todo el mundo quiere hablar de toros, todos exponen sus teorías… Algunos, más prudentes, preguntan. Varios amigos me han preguntado por el éxito artístico tan variable de los festejos. ¿Por qué ha habido varias tardes en las que se ha abierto la Puerta Grande y el público ha salido entusiasmado, mientras que, otras veces, el público ha salido de la Plaza enfadado y aburrido?

Aparte del mayor o menor acierto de los toreros, que no son máquinas infalibles, existe una razón muy clara: los toros. Ése es el fundamento básico, esencial, de la Fiesta. En esto, Madrid sigue siendo un reducto de autenticidad: si no hay toros con presencia, fuerza y casta, no es posible un triunfo auténtico en Las Ventas. Bastantes toros que el público madrileño no acepta se lidiarían sin problemas y propiciarían éxitos grandes en otras Plazas. Más allá del número de festejos, ésa es la razón decisiva para que Las Ventas siga siendo la primera Plaza del mundo.

Dentro del encaste Domecq, Victoriano del Río es una de la ganaderías más encastadas; por eso ha triunfado tantas veces en Las Ventas. Vuelve a triunfar rotundamente esta tarde, con un gran toro, el cuarto, Cantaor, negro listón, cinqueño, de 572 kilos, justamente premiado con la vuelta al ruedo.

Una vez más, Castella ha demostrado su buena suerte en los sorteos, ha logrado una gran faena, tenía cortadas las orejas pero ha pinchado… Su desolación está perfectamente justificada: probablemente, ha sido uno de los toros que ha toreado más a gusto. Después de una faena así, pinchar es para desesperarse…

La desolación de Castella al malograr con la espada una gran faena en el cuarto de la tardeEFE

Supera los seiscientos kilos el primero (igual que el último): un toro serio, que derriba espectacularmente, en el primer encuentro, queda el caballo patas arriba; se va y flaquea, en el segundo. Quita Emilio de Justo por ajustadas chicuelinas de mano baja. Muy buenos pares del francés Rafael Viotti. El toro embiste desigual, sin entrega; la faena de Castella no cuaja y el personal se impacienta. Mata mal pero rápido. Ha pasado muy poco.

Al cuarto, lo deja Castella la primera vez lejos del caballo . (Es lo contrario de lo lógico: dejarlo cerca la primera vez y aumentar luego la distancia, si ha mostrado bravura). El toro acude pronto, lo pican trasero. En los primeros tercios, ha mostrado ya su buena condición. Saluda José Chacón, en banderillas. Lógicamente, Castella brinda al público su último toro de la Feria y comienza en el centro, con péndulos. El toro es pronto, embiste con alegre bravura, humilla. Liga Sebastián emocionantes naturales, vaciando toda la embestida, que hacen rugir al público. Hasta el final, el toro no ha parado de embestir con bravura. Sobran las bernadinas, con un toro que ha seguido embistiendo hasta el final por abajo. El pinchazo queda en lo alto, suenan dos avisos, descabella a la octava: ¡qué desastre! Ha perdido las orejas y la Puerta Grande.

Pase de pecho de Sebastián Castella a Cantaor, toro negro listón, cinqueño, de 572 kilosEFE

Se da una justísima vuelta al ruedo a un toro de bandera: ha sido un Cantaor de cante grande. Desconsolado por el fallo a espadas, Castella también da la vuelta al ruedo.

Emilio de Justo logró ir superando aquel gravísimo percance, en Las Ventas. Destaca por su entrega, dentro del clasicismo. Triunfó en esta Plaza, con esta ganadería, la pasada temporada.

El segundo toro embiste de salida con codicia; mete los riñones en el caballo, lo pican trasero. También acude con violencia a la muleta , hay que poderle. El trasteo es desigual pero tiene mérito y emoción. La última serie, por la derecha, es la mejor; eso demuestra que el bravo toro no ha ganado la pelea. Creo que sobran claramente las manoletinas, en un toro que echa la cara arriba; además, alargan innecesariamente la faena, suena un aviso. A la segunda, Emilio deja media estocada trasera y saluda.

El quinto toro, colorao, embiste con nobleza pero flaquea, clava los pitones en la arena, pierde las manos varias veces. Pese al empeño de Emilio de Justo, la faena no puede remontar. Falla al matar: ¡vaya Feria llevamos, con el descabello!

Tomás Rufo es un diestro poderoso de la escuela toledana, basada en el temple. Le he visto buenas faenas y triunfos importantes en varios cosos pero, las últimas veces que ha toreado en Las Ventas, ha vivido cierto desencuentro con una parte del público. No es una cuestión –creo– de valor sino de mente: tener claro el estilo de torear que aquí se valora y el que no. Su apoderado y él deben trabajar para solucionarlo.

El tercero, bien armado, astifino, vuelve al revés (un dato malo, al que antes se hacía más caso que ahora). En el primer muletazo, sale huido: embiste con cierta violencia. No ha sido un toro que caiga bien: ¿cómo va a caer bien un Impuesto? Rufo intenta poderle, logra algún natural bueno pero el conjunto no cuaja. La espada cae baja y perpendicular.

El último sale de naja, en el caballo, antes de que le peguen fuerte y se quede encelado, en el peto. Tomás brinda al público: el toro humilla, embiste con nobleza. Liga muletazos largos, mandones, que levantan una división de opiniones, por la colocación. El noble toro ha durado poco, la faena ha quedado a medias y mata a la tercera. No lo tiene fácil el diestro toledano, en Las Ventas.

Salimos de la Plaza emocionados todavía por el recuerdo del toro Cantaor: nada más y nada menos que un toro bravísimo, lo que tantas tardes soñamos. Para mí, sin duda, el toro más bravo de la Feria, hasta ahora. En su honor, me gusta recordar cómo canta Vicente Aleixandre –un poeta no muy taurino– a un toro bravo, que resume en sí la hermosura de todo el cosmos:

«Oh tú, toro hermosísimo, piel sorprendida,

ciega suavidad, como un mar hacia adentro,

quietud, caricia, toro, toro de cien poderes…

Toro negro que aguanta caricia, seda, mano.

Ternura delicada sobre una piel de mar,

mar brillante y caliente, anca pujante y dulce…

Mano inmensa que cubre celeste toro en tierra».

POSTDATA. Por la mañana, se descubre en Las Ventas un azulejo en honor de Luis Francisco Esplá, al cumplirse los cincuenta años de su alternativa. Ha sido un gran lidiador, con mucha cabeza. Ha defendido siempre y practicado el toreo clásico. Recuerdo bien la debilidad que por él sentía Marcial Lalanda, «el más grande». Es también un personaje original, divertido, que huye de los tópicos: pintor, amigo de Barceló; apasionado por los animales, socio de Greenpeace, en su finca de Alicante ha reunido un verdadero zoológico. En el homenaje de esta mañana, ha pronunciado una frase definitiva: «Ser torero es entender la vida desde la verdad y la belleza». No cabe decirlo mejor.

FICHA

  • Madrid. Plaza de Las Ventas. Viernes, 22 de mayo de 2026. Décimotercer espectáculo de la Feria de San Isidro. «No hay billetes».
  • Toros de Victoriano del Río y Cortés, encastados, de juego desigual. Destaca el muy bravo Cantaor, lidiado en cuarto lugar, justamente premiado con la vuelta al ruedo.
  • SEBASTIÁN CASTELLA, de azul y oro, media caída perpendicular (silencio). En el cuarto, pinchazo y ocho descabellos (dos avisos, vuelta al ruedo).
  • EMILIO DE JUSTO, de grana y oro, pinchazo y media trasera (aviso, ovación). En el quinto, tres pinchazos y nueve descabellos (dos avisos, silencio).
  • TOMÁS RUFO, de azul marino y oro, estocada caída perpendicular (silencio). En el sexto, dos pinchazos, estocada y descabello (aviso, silencio).