Emocionante faena de valor y arte de Morante, después de una fuerte voltereta, en el cierre triunfal de la Feria de Málaga
Con un nuevo cartel de «No hay billetes», salen a hombros Roca Rey y David de Miranda
David de Miranda y Roca Rey, a hombros este sábado en el cierre de la Feria de Málaga
La Feria taurina de Málaga de este año ha constituido un rotundo éxito: se ha llenado la Plaza, igual que tantas otras, en este momento en el que la Tauromaquia se ha vuelto a poner de moda en España (¡gracias, Urtasun!). Con la nueva empresa, Tauroemoción, dirigida por Alberto García, ha aumentado significativamente el número de abonados (el fundamento más sólido de una Feria). El resultado artístico también ha acompañado: se han lidiado toros bravos y se han visto faenas importantes.
Culmina esta Feria con la corrida extraordinaria, en conmemoración del ciento cincuenta aniversario de la Malagueta, que ofrece un gran cartel de toreros: Morante y Roca Rey, las máximas figuras actuales, con el triunfador David de Miranda.
Menos me gusta que los toros sean de tres ganaderías. De Torrealta, 1º, manso imposible; 2º y 6º, mansos manejables; de Garcigrande, 4º y 5º, con cierta casta; de Núñez del Cuvillo, 3º, manso bondadoso.
En un festejo tan importante, que se lidien reses de tres ganaderías me parece poco serio. Además, es un síntoma claro de la situación actual de la Fiesta. Salvo excepciones (Victorino es una de ellas), el gran público se fija mucho más en el cartel de toreros que en los toros. (Lo mismo sucedió la tarde anterior, en la Feria de Ciudad Real).
Con estos toros, Roca Rey demuestra su capacidad y su casta, corta tres orejas. Con su valor impávido, David de Miranda logra dos. Después de sufrir una fuerte voltereta, Morante nos emociona con una faena de gran valor y estética.
Hace un par de días, Morante logró colocar en esta Plaza el ansiado cartel de «No hay billetes». Vuelve a ponerse el mismo cartel, esta tarde. Nos lo ha dicho el ministro Urtasun: esta Fiesta ya no le interesa a la sociedad española…
No tuvo suerte Morante el jueves con los toros, sufrió una voltereta y toreó de maravilla, aunque no se lo reconocieran con trofeos. Continúa arriesgando mucho y dando lecciones de torería, diferentes cada tarde.
El primer toro, de Torrealta, sale caminando, se frena en los capotes, empuja una vez en el caballo pero mansea claramente, parece despertar en las banderillas («los avivadores», llamaban a los palos); en la muleta, es reservón, protesta, con genio. Morante , con valor sereno, además de maestría, logra sacarle algunos templados derechazos. (Hace algunos años, con un toro como éste, habría abreviado desde el comienzo). Cuando comienza a sonar la música, manda que calle porque sabe que el toro no permite faena lucida. Se lo quita de delante con un espadazo. Sólo ha fallado con el descabello. Continúa Morante con su mala suerte, en los sorteos.
Recibe con cadenciosas verónicas al cuarto, de Garcigrande. Lo lleva al caballo con chicuelinas al paso, realizadas con repajolera gracia sevillana. Duerme el capote en nuevas verónicas, cargando la suerte. Sin una duda, enlaza Morante ayudados a dos manos por alto y por bajo con naturales. Con gran suavidad y empaque, corre la mano por los dos lados. El toro tiene casta, vuelve rápido; inesperadamente, le propina una fuerte voltereta y lo busca, en el suelo: le ha destrozado la parte inferior de la taleguilla, en la pierna derecha. Después de eso, todavía dibuja Morante muletazos extraordinarios por los dos lados. Cuando el toro se para por completo, se adorna con clasicismo, cogiéndole el pitón, como solía hacer Domingo Ortega. Aunque el toro escarba y no cuadra, José Antonio, muy decidido, logra la estocada: ¡y a una faena así le dan solamente una oreja!... Esa falta de criterio es la que ahora tienen muchos públicos. Se le ve a Morante muy quebrantado, por la paliza recibida, y no da la vuelta al ruedo.
Morante de la Puebla sufrió esta cogida durante la lidia del cuarto de la tarde
Morante se agarró el pitón para evitar un mal mayor
Muletazo del diestro de la Puebla a ese mismo toro, al que cortó una oreja
Roca Rey continúa cortando trofeos en muchas Plazas. El que lo ve a menudo, advierte que suele repetir un tipo de faena que entusiasma a los públicos. Nos sorprenderá la tarde en que no comience ningún trasteo con muletazos cambiados (últimamente, de rodillas) y no acabe recurriendo al arrimón.
El segundo toro, de Torre Alta, bragado meano, sí se mueve pero tiene querencia a chiqueros. Va de largo al caballo pero sale huyendo; la segunda vez, recibe una vara puramente simbólica. Quita Roca Rey por saltilleras; David de Miranda, por tafalleras: son dos lances en los que se deja pasar al toro por alto, sin obligarlo, como en las verónicas, cargando la suerte. A pesar de lo poquísimo que le han castigado, el toro tiene las fuerzas justas y huye a toriles. Allí comienza Andrés con los habituales pases cambiados de rodillas. Ya en el centro del ruedo, liga muletazos mandones por los dos lados. (Al revés que Morante, pide a la Banda que continúe) . Con el toro ya parado, recurre a los invertidos y al arrimón, que entusiasma al público. Pincha antes de una rotunda estocada: oreja. El toro, manso y flojo, ha acabado dejándose (la horrible expresión actual). Una vez más, Roca ha demostrado su gran capacidad.
Roca Rey se pasa por la espalda al segundo de su lote
Cuidan en el caballo al quinto toro, de Garcigrande, que se mueve irregular. Esta vez, Roca Rey no ha comenzado con pases cambiados pero sí intercala alguno, en medio de los muletazos más clásicos, de mano baja, para dominar al toro. Al final, se mete entre los pitones, con el animal rendido y parado, poniendo al público en pie. Ha sido una faena de mucho poder y mucha casta, rematada por una estocada: dos orejas.
David de Miranda está encadenando triunfos a base de su valor impávido, de quedarse quieto y de aguantar, con un estilo vertical, a la manera de José Tomás. (Algo semejante hace Víctor Hernández). Ese estilo tiene mucho mérito y un evidente riesgo.
El tercero, de Núñez del Cuvillo, es un jabonero, cómodo de cabeza. Lo recibe David con pausados lances: alguna verónica y, en seguida, como ahora es habitual, una serie de delantales (para el toro y para el torero, es más cómodo eso que cargar la suerte). El toro acude al caballo al relance y sale de naja. Quita por gaoneras impávidas, estilo José Tomás, y remata a una mano, como si fueran naturales, con el capote. (Ahora, se está poniendo de moda: se lo vi hacer hace poco a Pablo Aguado, en Gijón). Cita de lejos al natural, con los pies juntos, amanoletado, y el toro responde con gran nobleza. Liga con facilidad circulares por los dos lados. El toro se para pronto y se raja a tablas. Todavía alarga con las habituales bernadinas, con el toro desentendido por completo. Se vuelca con la espada (suele ser muy seguro cuando ha cuajado faena): dos orejas.
David de Miranda, con el capote ante el primero de su lote, al que cortó las dos orejas que le abrieron la puerta grande
El último, de Torrealta, cumple en el caballo y se mueve pero tiende a enganchar los engaños. Comienza David de Miranda con ayudados, rodilla en tierra (la buena influencia de Enrique Ponce, su apoderado, supongo). El toro protesta, dura poco, pega derrotes: la faena demuestra entrega pero es desigual. Prolonga con el arrimón y los muletazos invertidos, igual que hizo antes Roca Rey. Acaba con unas manoletinas tan ceñidas que el toro lo voltea. Después de un metisaca, logra la estocada: petición de oreja.
Final feliz de una corrida triunfal: en una fecha histórica, cartel de «No hay billetes». Aunque los toros no han dado buen juego, se han cortado seis orejas. Cientos de jóvenes se echan al ruedo para sacar a hombros a Roca Rey y David de Miranda: dentro de su estilo, los dos han dado una buena tarde, con mucha entrega. Y, después de una fuerte voltereta, Morante ha ofrecido otra emocionante lección de valor y arte, tal como ahora mismo está haciendo.
A los ciento cincuenta años de la inauguración de esta Plaza, la Tauromaquia sigue muy viva, en Málaga.
POSTDATA. Viendo toros, en Málaga, es inevitable acordarse de Picasso. Cuando era un chiquillo, en su ciudad natal, iba a los toros con su padre y con su tío, buenos aficionados. El primer torero que recordaba haber visto fue Cara-Ancha, el mismo que cantó Antonio Machado, por su estocada en la suerte de recibir. Para llevarlo a los toros, su tío solía exigir al niño que comulgara. Años después, comentará el pintor: «¡Veinte veces hubiera ido a comulgar, para ir a los toros!».
En su madurez, Picasso se identificaba con el toro, animal sagrado; con el Minotauro, hombre con cabeza de toro, un ser dual, que simboliza todas sus contradicciones; con el centauro-picador…
Cono tantos exiliados, Picasso soñaba con volver a su patria. Luis Miguel Dominguín, su amigo, consiguió que Franco lo autorizase pero Pablo no se atrevió: quizá, por temor a lo que dirían sus amigos españoles del Partido Comunista…
Lo definió Luis Miguel: «Picasso es un torero, en el fondo». El toro bravo fue para él, siempre, el símbolo de su indestructible vínculo con España.
FICHA
- MÁLAGA. Feria de Agosto. Plaza de la Malagueta. Sábado, 22 de agosto. Corrida extraordinaria, en conmemoración de los ciento cincuenta años de la Plaza. «No hay billetes».
- Toros de Torrealta (1º, 2º y 6º), mansos; de Garcigrande (4º y 5º), con cierta casta, y de Núñez del Cuvillo (3º), bondadoso.
- MORANTE, de ciruela y oro, estocada y tres descabellos (silencio). En el cuarto, estocada (aviso, oreja).
- ROCA REY, de azul y oro, pinchazo y estocada (oreja). En el quinto, estocada (aviso, dos orejas).
- DAVID DE MIRANDA, de sangre de toro y oro, buena estocada (dos orejas). En el sexto, metisaca y estocada (aviso, petición).
- Salen a hombros Roca Rey y David de Miranda.