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Milicianos republicanos tras saquear el convento de las concepcionistas de Toledo

La memoria de la Guerra Civil 90 años después: las matanzas de los milicianos que la izquierda olvida

El asesinato del poeta José María Hinojosa, del expresidente del Congreso Melquíades Álvarez o de decenas de religiosos y religiosas no ha merecido el recuerdo del Gobierno

Este verano se está conmemorando el 90 aniversario del inicio de la Guerra Civil española y, con ella, los crímenes cometidos en ambos bandos en el verano y otoño de 1936.

Debería ser una efeméride dedicada al recuerdo de las víctimas, al consenso como nación para una verdadera memoria y al reconocimiento de las injusticias cometidas contra unos y otros.

Pero en la España sanchista de la polarización y de la memoria selectiva era evidente que no iba suceder.

Como suele ocurrir desde que Sánchez está en el poder (ya de antes, en realidad, pero con el socialista en el poder la tendencia se ha agudizado), se está dando desde el poder una enorme visibilidad a las víctimas republicanas mientras se relegan al olvido a las víctimas de las milicias izquierdistas.

Lo que no se nombra, no existe. Bien parece que se está siguiendo el principio del silenciamiento de los principios de propaganda de Goebbels, según el cual se ignoran los hechos que no se pueden refutar.

Y, en este caso, es irrefutable que la República se manchó las manos de la sangre de miles de víctimas inocentes. Pero como ese hecho histórico contradice la propaganda de la izquierda de hoy que pretende vender una Segunda República inmaculada, libre de culpa, paradigma de la democracia y víctima de un golpe de estado fascista, se trata de ignorar.

Tanto el PSOE, como Pedro Sánchez y otros líderes de la izquierda en el Gobierno han recordado y conmemorado ampliamente el asesinato de Federico García Lorca el 18 de agosto de 2026.

No es para menos. Lorca es uno de los grandes escritores de la historia de las letras hispanas, y su muerte, además de un asesinato vil, fue una pérdida cultural irreparable para España.

Sin embargo, no hubo ni una línea para el también excelente poeta de la Generación del 27 José María Hinojosa. Hinojosa murió en Málaga el 22 de agosto de 1936 junto a su padre y su hermano a manos de milicianos izquierdistas. El 90 aniversario de su muerte, en cambio, no valió ningún comentario de representantes del Gobierno.

Con motivo de la muerte de Lorca, Sánchez publicó en su perfil de Twitter un poema de Machado que acompañó con la frase: «Hoy se cumplen 90 años del asesinato de Federico García Lorca. Su voz fue silenciada por la violencia, pero sus versos siguen vivos. Memoria y justicia».

La exvicpresidenta, exministra de Hacienda y secretaria general del PSOE en Andalucía, María Jesús Montero, también dedicó en Twitter un mensaje al poeta granadino: «90 años después de su asesinato, Federico García Lorca sigue siendo una voz andaluza viva llena de libertad, de cultura, de igualdad y de dignidad. Recordar a Lorca es reivindicar la democracia y la memoria, sus versos y la esperanza de un pueblo. 90 años después, seguimos leyéndolo, recordándolo y defendiendo aquello por lo que luchó y escribió: una España libre, justa y democrática».

Hinojosa, parafraseando a Sánchez, no debía merecer, sin embargo «memoria y justicia». Tampoco los muchos religiosos, religiosas, sacerdotes, obispos y católicos laicos asesinados en las semanas de verano del 36 por el delito de ser católicos y no renunciar a su fe.

Nadie del Gobierno recordó a los 193 muertos en los trenes de la muerte de Jaén fusilados por milicianos anarquistas el 12 de agosto de 1936. Tampoco recordaron a los siete mártires hospitalarios de San Juan de Dios, fusilados junto a otros 120 prisioneros el 9 de agosto de 1936. Ni a los 51 mártires claretianos de Barbastro, asesinados por milicianos entre el 10 y el 15 de agosto de 1936. Son solo algunas de las víctimas mortales de la violencia antirreligiosa de la izquierda republicana en aquel verano de terror. Pero no ha valido ni un comentario por parte de Sánchez, el PSOE o algún miembro del Gobierno.

Tampoco hubo recuerdo para el expresidente del Congreso Melquíades Álvarez, fusilado durante el asalto de milicias republicanas a la Cárcel Modelo de Madrid entre el 22 y el 23 de agosto de 1936.

No ocurrió así con la efeméride del fusilamiento de las Trece Rosas, trece jóvenes socialistas sentenciadas a muerte y fusiladas el 5 de agosto de 1939 tras finalizar la Guerra Civil.

Ellas sí valieron un mensaje del PSOE en el que afirmaban que «su lucha nunca será en vano. Sus nombres nunca se borrarán de la historia», como se pretende borrar el de las víctimas de las milicias republicanas, se podría añadir.

En los próximos meses se cumplirán muchas efemérides de los trágicos sucesos de la Guerra Civil española, en uno y otro bando. La muerte de Ramiro de Maeztu el 29 de octubre de 1936; la muerte de Pedro Muñoz Seca el 28 de noviembre de 1936; la muerte de Unamuno el 31 de diciembre de 1936, la muerte de Antonio Machado en el exilio el 22 de febrero de 1939 y la muerte por enfermedad en prisión de Miguel Hernández el 28 de marzo de 1942. Habrá que ver quién merece «memoria» y quién no según los criterios de Ferraz y Moncloa.