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El lenguaje inclusivo trata de imponerse en el modo de hablar habitual

El lenguaje woke se introduce en la literatura: la novela donde los niños son «niñes», «sobrines» y «elles»

El lenguaje inclusivo no llega a cuajar en los hablantes, aunque sus promotores insisten en introducirlo en la literatura

Importado de la agenda woke anglosajona, el «niños, niñas y niñes» desembarcó en España en años recientes de mano de Podemos y, en particular, de la que fue ministra de Igualdad Irene Montero.

Su obcecación con la llamada ley trans llevó a la exministra a tratar de predicar con el ejemplo y sus intervenciones comenzaron a llenarse de esa forma de referirse a los transexuales: «Los niños, las niñas y les niñes tienen derecho a saber que pueden tener sexo con quien quieran», declaró el 11 de noviembre de 2022 en una polémica intervención no solo por la aberración lingüística del «niñes», sino por lo que implicaban sus palabras de cara a la protección de los menores.

El lenguaje inclusivo en España, sin embargo, parece que ha encontrado una gran piedra en el camino en el «niñes» o «elles». Salvo en los círculos más sectarios de Podemos y otros grupos de extrema izquierda no ha calado esa forma de hablar. Demasiado complejo, demasiado ridículo incluso para los que han hecho del desdoblamiento de género (ciudadanos y ciudadanas) su forma habitual de hablar.

Incluso instituciones controladas por el sanchismo como es el Instituto Cervantes han rechazado esa forma de lenguaje inclusivo, aunque también aportan su granito de arena al despropósito lingüístico al proponer, en palabras de su director, Luis García Montero, fórmulas que cubran ambos géneros sin necesidad de desdoblamiento u otras fórmulas contrarias a la economía del lenguaje y al sentido común. Citaba el ejemplo de «ciudadanía» para evitar decir «ciudadanos y ciudadanas» (o «ciudadanes»).

Sin embargo, los partidarios del lenguaje inclusivo no tiran la toalla y han iniciado una estrategia de gota a gota para ir acostumbrado el oído de los hablantes al «elles» o «niñes».

Para ello, nada mejor que la literatura de entretenimiento. Un ejemplo de ello lo encontramos en la novela Un rollo académico, de la escritora australiana Jodi McAlister, y publicado en español por RBA.

La novela, orientada a un público juvenil, es la típica novela de enredos amorosos, sin demasiadas pretensiones. Un académico se encuentra casualmente disputando una plaza de profesor universitario con una antigua compañera de colegio a la que hace 15 años que no ve y con la que mantenía un trato de animadversión.

Sin embargo, el reencuentro, que en un principio parece hacer renacer los viejos odios estudiantiles, torna poco a poco en una relación amorosa.

El problema surge cuando en la novela se introduce a la familia del protagonista. Los sobrinos del protagonista son dos «sobrinas» y un «sobrine» que insiste en que su pronombre «es elle»: «Me alegro de conocerte. Mi pronombre es ‘elle’». «Niñe» se emplea hasta en 24 ocasiones en la novela.

Se encuentran así frases como «les niñes están encantades con la posibilidad de que te mudes aquí»; «le dije después de saludar a mis sobrinas gemelas de siete años, Rosie y Georgia, y a mi sobrine de once años, Lex»; «me miró con una sonrisa alentadora, igual que había sonreído a sus sobrines»; o «será más fácil para elles si nos separamos cuanto antes».