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Fotograma de Ben-Hur (1959)

Fotograma de Ben-Hur (1959), versión cinematográfica de la novela del mismo título del autor estadounidense Lewis Wallace

La literatura de inspiración cristiana sigue triunfando con clásicos universales y grandes autores

Desde la obra de Tolkien o Chesterton, hasta Benedicto XVI y Jesús de Nazaret, la literatura cristiana sigue generando un enorme interés entre los lectores

Cuando se habla de literatura cristiana o literatura universal suele instalarse en la mente nombres como el de Chesterton, Tolkien o C.S. Lewis, y es natural.

Estos tres autores (curiosamente británicos los tres) se han convertido en referentes absolutos de la cultura occidental en el siglo XXI, y no solo en círculos cristianos, sino que han desbordado esos límites para convertirse en autores leídos y admirados por numerosas personas con independencia de sus creencias.

Tanto las nuevas ediciones de sagas como la de El señor de los anillos, de Tolkien, o Las crónicas de Narnia, de C.S. Lewis, como la obra de Chesterton (El Padre Brown, o La esfera y la cruz) triunfan en cifras de ventas como de espectadores de sus versiones cinematográficas o televisivas.

El señor de los anillos es una alegórica epopeya sobre el bien y el mal con un trasfondo claramente cristiano. El mismo Tolkien (converso al catolicismo) reconoció que El señor de los anillos era una obra religiosa y, en particular, católica.

Caso similar es el de Las crónicas de Narnia. CS Lewis, aunque anglicano, se mostró siempre un firme partidario de un cristianismo comprometido y de un enfoque más ecuménico entre las relaciones entre las diferentes confesiones cristianas. Las crónicas de Narnia es una narración donde, de forma simbólica, se reflexiona sobre el sacrificio de Cristo y la salvación de la humanidad.

Su visión sobre el cristianismo quedó plasmada en su libro Mero Cristianismo, obra clave de la apologética cristiana que constituye una de las bases para afrontar un mundo moderno, el de hoy, herido por las ideologías posmodernas, el relativismo y el nihilismo. Además, en Cartas del diablo a su sobrino Lewis expone, de forma amena y con un elegante sentido del humor, las mentiras de la sociedad moderna y la respuesta desde una visión cristiana.

En cuanto a Chesterton, sus narraciones breves protagonizadas por el Padre Brown, un sencillo sacerdote que se revela como un sagaz detective capaz de resolver los más intrincados crímenes, es su obra más popular.

Pero en otras como la citada La esfera o la cruz, o La taberna errante, encierran una defensa de la doctrina cristiana y su acción liberadora, como resultado de la cruz, que abre al hombre a una vida donde la felicidad y el gusto por la vida se erigen como rasgos esenciales del cristiano que deposita su esperanza en la salvación.

Con todo, la gran obra cristiana de Chesterton es Ortodoxia, obra cumbre sobre apologética que se ha convertido en todo un manual para afrontar los retos de la sociedad poscristiana de hoy.

Pero no son los únicos referentes modernos de la literatura cristiana. Todo un Premio Nobel moderno como Jon Fosse (Nobel de Literatura en 2023) sorprendió por una obra explícita y desacomplejadamente cristiana. Ahí tenemos novelas como Vaim o Blancura.

La literatura cristiana hunde sus raíces en los grande clásicos. Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, es una novela con un profundo mensaje cristiano.

Cántico espiritual, Noche oscura y Llama de amor viva son los tres poemas más célebres de San Juan de la Cruz, máximo exponente de la poesía mística española y, todavía hoy, un referente para escritores modernos. Ejemplo de ello es el disco de Nick Cave Wild God cuya canción, Long Dark Night, se inspira explícitamente en Noche oscura.

La Divina Comedia es el clásico absoluto de la literatura cristiana. Este poema complejo y extenso, donde Dante describe su recorrido por el infierno, el purgatorio y el paraíso guiado por Virgilio.

En La Divina Comedia Dante describe la redención de la humanidad. De profundo sentido teológico, el poema de Dante es una alegoría que canta al cristianismo sostenida en el pensamiento de Santo Tomás y los místicos cristianos.

Las obras literarias cristianas son innumerables. Uno de los ejemplos más antiguos lo encontramos en Pasión de las santas Perpetua y Felicidad, martirizadas en Cartago en el año 203 después de Cristo. Esta obra breve, pero de lectura intensa, es el diario que la propia Perpetua escribió durante su cautiverio.

Es un valiosísimo testimonio de la intensa fe de los primeros cristianos que ilustra, además, cómo la fe arraigó con fuerza en las clases altas de la sociedad romana: Perpetua no era una esclava ni una sirvienta. Era una joven educada perteneciente a una familia patricia que supo entregarlo todo, hasta su vida, por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia.

Un clásico inolvidable, y al que siempre conviene regresar, es la novela del escritor estadounidense Lewis Wallace, Ben-Hur (en su original subtitulada Una historia sobre Cristo). Ben-Hur, popularizada gracias a la mítica adaptación cinematográfica de William Wyler y protagonizada por Charlton Heston, es una obra maestra de la novela histórica, además de una entretenida novela épica y de aventuras que encierra una apología de la fe cristiana donde se muestra cómo un hombre dominado por el odio y el afán de venganza como era Juda Ben-Hur termina perdonando a su enemigo tras un fortuito encuentro con Cristo que apenas dura unos segundos pero que encenderá en él la llama de la redención.

Por último, este artículo no se puede cerrar sin el ya clásico Jesús de Nazaret, del Papa Benedicto XVI. En esta trilogía, que narra la vida de Jesús desde su nacimiento hasta su muerte y resurrección, Benedicto XVI expone de una manera sencilla y amena argumentos teológicos, documentales y arqueológicos la figura histórica y teológica de Jesuristo.

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