El talentoso Guitarricadelafuente es como 'La nieve': se derrite cuando coge temperatura
El cantante benicense de moda por ser protagonista del filme La bola negra parece seguir la estela de Rosalía y el característico mestizaje musical de su álbum Lux
Guitarricadelafuente en el Festival Starlite en Marbella en agosto de 2025.
Si no fuera por la política dichosa, casi solo se oiría hablar de la película La bola negra. Aunque sin la política también se oiría hablar menos del filme en órbita hacia los Oscars de Los Javis, que ahora se hacen llamar más bien Javier Calvo y Javier Ambrossi.
Casi solo se oiría hablar de La bola negra, de los dos Javieres y, por supuesto, del cantante Guitarricadelafuente, curioso nombre como un popurrí, muy representativo de lo que contiene la música notable del joven benicense (de Benicasim), también protagonista de la película en cuestión, además de intérprete del tema de su banda sonora, La nieve.
Este «Agua helada que se desprende de las nubes en cristales sumamente pequeños, los cuales, agrupándose al caer, llegan al suelo en copos blancos» (según la RAE) musical se derrite a medida que va sonando tras el comienzo de piano que ya recuerda desde sus primeras notas al Lux de Rosalía y casi explota en él cuando se escucha la voz afectada (por lo menos aquí) de Guitarricadelafuente, que aparece breve entre violines, además de entre las notas de piano.
Metes La nieve en Lux y encaja. Pero, como el bonito y macedonio disco de la barcelonesa, algo no termina precisamente de encajar. Hay fragmentos que prometen, pero se derriten. Toda La nieve tiene la apariencia de una inmensidad que en realidad es un copo. Un copo bonito, pero un copo, no La nieve.
Mucho atrezo y poca línea
Hay en La nieve, como en el propio nombre del autor, Guitarricadelafuente, mucho atrezo y poca línea. Y no solo en el objeto verificable, sino en la sensación. Se ha retrocedido a su álbum reciente Spanish Leather, y se advierte lo mismo. En su primera canción, por ejemplo, Babieca!, empieza ilusionante, alegre, como nueva, pero se va haciendo vieja en sus escasos tres minutos, hasta casi hacerse (casi) aburrida: todo un guion.
Así cuesta más continuar, y lo cierto es que no remonta porque se avanza con la idea preconcebida, pero real, de que cada otra «nieve» se va a derretir. Una de las cosas peores de este «estilo» musical que se puede decir característico, como en el Lux de Rosalía, es que la miscelánea musical en un solo tema impide que se arranque el coche del gusto: son como muchos arranques sin que se muevan las ruedas en realidad.
El pop y el rock siempre han tenido un estribillo básico que engancha y del que Guitarricadelafuente prescinde como si en su amalgama genérica no hubiera sitio, por lo abigarrado, para una cosa tan sencilla como un estribillo, sin que por él quepa el perjuicio de la personalidad de Guitarricadelafuente que no acaba de salir del todo en ningún momento, generando dudas de que verdaderamente sea lo que asoma.
E incluso cuando lo hay, el estribillo, como por ejemplo en Pipe Dream, su repetición tampoco resiste el impacto del principio, y además se corta. Quizá alguien, el propio Guitarricadelafuente, tenga que poner orden en este efectivo revoltijo buscado, donde es posible que solo haga falta mover algunas piezas porque hay algo ahí que vale la pena (aunque en realidad tampoco se sabe muy bien, pese a que lo parezca) desenmarañar.