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Vista de Delft (1658)

Detalle de Vista de Delft (1658) de Vermeer

'Vista de Delft' de Vermeer o «el cuadro más bello del mundo», según Proust, llega al Thyssen

Mauritshuis. Thyssen-Bornemisza. Obras maestras de La Haya es la exposición de 25 obras maestras neerlandesas del XVII que acaba de desembarcar en el museo madrileño

De Vista de Delft, de Johannes Vermeer, Proust dijo que era «el cuadro más bello del mundo». La ciudad holandesa reflejada sobre el mar, las nubes y la luz de los días nublados, pero alegres, el color... No se puede afirmar si es el cuadro más bello del mundo, pero sí seguro es uno de ellos.

Es la nave principal del desembarco de 25 obras maestras de La Haya, Mauritshuis. Thyssen-Bornemisza. Obras maestras de La Haya, el préstamo al Museo español del neerlandés. Se trata de pinturas de la colección permanente de La Casa de Mauricio (en la traducción de Mauritshuis), antigua galería real que se queda con la mitad de sus dos preciadísimos y escasos Vermeer: La famosísima La joven de la perla y esta Vista de Delft.

La vida cotidiana

La muestra va a permanecer en Madrid hasta el 10 de enero de 2027 en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, tiempo suficiente para contemplar el sencillo y maravilloso cuadro que al autor de En busca del tiempo perdido fascinó. La representación de las escenas de la vida cotidiana, desde los interiores, los oficios o los paisajes, son características propias del arte neerlandés representadas en esta muestra de forma extraordinaria.

Vista de Delft (1658)

Vista de Delft (1658)

En Vista de Delft uno tiene la increíble sensación de estar contemplando en vivo y en silencio y en secreto la ciudad y su vivir desde ese rincón y esa vista. Las figuras o las nubes o los barcos no se mueven, pero parecen hacerlo en un efecto de una belleza impresionante.

La sencillez elevada a gran arte liderado por Vermeer, el maestro efímero que con su pintura cuenta historias y con su técnica compone los detalles, la descripción, literatura pictórica única de la que resulta difícil apartar la vista, con su cúmulo de detalles, de colores, de luces. La vida misma narrada con pincel. Ventanas deslumbrantes al pasado sin aparentes efectos, que son muchos.

No hay espectacularidad y sí profundidad. Una profundidad que cuando se descubre, descubre también aquella, una espectacularidad única e imborrable de una época que supuso un viraje en la pintura: desde los grandes temas a lo cotidiano convertido en reclamo principal, en interés máximo. Las obras expuestas abarcan desde aproximadamente 1615 hasta 1705.

El

El Jardín del Edén y la caída de Adán y Eva de Jan Brueghel el Viejo y Rubens

El Museo anfitrión divide la exposición en tres salas: En la primera están los bodegones y la pintura de género, «con obras de Ambrosius Bosschaert, Jan Baptist Weenix, Adriaen Coorte, Pieter van Anraadt, Gerard ter Borch, Gerrit Dou, Pieter de Hooch, Abraham van Beyeren, Pieter Claesz, Nicolaes Maes y Jan Steen».

En la segunda aparecen los paisajes y las composiciones con figuras, con obras de Pieter Saenredam, Jan Both, Rembrandt van Rijn, Frans Hals, Jacob van Ruisdael, Salomon van Ruysdael, Gerrit van Honthorst y Hendrik Avercamp.

Por último, en la tercera sala, se muestran El Jardín del Edén y la caída de Adán y Eva, realizada por Jan Brueghel el Viejo y Rubens, y, en un espacio destacado, una de las grandes obras de paisaje de todos los tiempos: la citada y admirada y asombrosa la Vista de Delft de Vermeer.

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