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Cristian ZegersMacarena Pérez. El Mercurio (Chile)

Entrevista con Cristián Zegers, exdirector de El Mercurio

«En América, España logró el milagro del pleno mestizaje»

En esta conversación, el destacado periodista chileno aborda desde una perspectiva siempre iluminadora, los contornos y alcances del espacio cultural Iberoamericano. Sus orígenes y actuales desafíos

Resulta imposible revisar la historia reciente del periodismo chileno, sin detenerse en la figura de Cristian Zegers Ariztia. Abogado de profesión, pero desde sus comienzos un hombre apasionado por la prensa y los medios. Exdirector de El Mercurio (2008-2018), Premio Nacional de Periodismo en 1989 y también acreedor del Luca de Tena, entregado por ABC, precisamente por sus aportes en los temas de la hispanidad y sus relaciones con América. He aquí sus reflexiones.

–¿Por qué cree usted que el espacio Iberoamericano ha logrado conservar su propia identidad, entre tanta diversidad cultural fruto de la globalización?

–Las raíces de Iberoamérica son muy fuertes. A diferencia de la Commonwealth, por ejemplo, -asociación de interés político sometida a sus propios vaivenes contingentes-, ella viene de lo profundo de una lengua y religión comunes, y además con la huella de una monarquía que durante tres siglos o más la impregnó de instituciones y modos de ser similares. En América, España logró el milagro del pleno mestizaje. La actual comunidad cultural respira el mismo aire natural desde California a Tierra del Fuego. Iberoamérica no tuvo que ser «acordada», fue siempre una realidad.

–Ha mencionado la lengua. ¿Qué representa, en ese sentido, el español como un activo compartido?

–Una potencia gigantesca. Mirado a futuro, es el único idioma capaz de competir con el inglés en globalidad penetrante. Hay cientos de datos que así lo confirman. Estamos orgullosos los chilenos de que nuestro periódico, El Mercurio de Valparaíso, cumpla 200 años de publicación ininterrumpida, el más antiguo en nuestra lengua. Cuando nació en 1827, no eran más de sesenta millones los hablantes de español en el mundo, hoy son seiscientos millones.

–¿Dónde observa las principales amenazas que deberá sortear la región? ¿La preponderancia de las súper potencias: EE. UU., China, Rusia ?

–En el marco de una situación mundial muy compleja, a ratos opresiva, parece una ventaja. Nuestra vigorosa individualidad cultural no puede sumarse sin más a uno de los bloques de predominio militar y económico, que cada vez más tratan de imponerse por la fuerza y no por la razón.

–¿Tienen las derechas que hoy gobiernan en muchos de nuestros países, un pensamiento articulado acerca de estos temas? ¿O nos encontramos tan solo con algunos conceptos sueltos de escaso espesor intelectual?

–Las llamadas derechas, crudamente dicho, están pensando más. Parecen más conscientes de la intensidad y trascendencia de la batalla cultural, y del riesgo de ser vulnerados junto a los valores inapreciables de libertad, dignidad humana y estado de derecho que deseamos encarnar.

–¿Por qué los intelectuales y partidos de izquierda prefieren hablar de Latinoamérica en lugar de Ibero o Hispano América? ¿Qué hay detrás de ese cambio de término?

–Hay muchas causas. España no pudo imponer una sola denominación. La más lógica era Hispanoamérica, y también desatendió largo tiempo su comunidad natural con nuestros países. Desde el siglo XIX, Francia logró penetrar en las elites iberoamericanas, pero la latinidad es un concepto muy vasto, que en verdad no representa mucho más que una invocación al pasado; creo que está distante de ser una realidad presente.

–¿Cree que en los países americanos ha reemergido un sentimiento antiespañol o eso es ya cuestión del pasado?? ¿Por qué?

–Me siento poco autorizado para opinar del sentimiento antiespañol en varios países americanos, hijos de España, ya que Chile, en general, ha carecido de esta odiosidad militante. Profundamente injusta, por lo demás. ¿Se entiende México, por ejemplo, sin la epopeya unificadora de Cortés?

España atravesó un tiempo de europeísmo obsesivo, y demoró en redescubrir aquella sólida vecindad que arranca de valores comunes.Cristian Zegersex director de EL MERCURIO

–Y en un sentido contrario, ¿advierte un cierto distanciamiento de España respecto de sus relaciones con América? ¿En esa línea, como ha jugado la figura del rey Felipe VI?

–Debido a la marginación que experimentó de parte de su vecindad geográfica, España atravesó un tiempo de europeísmo obsesivo, y demoró en redescubrir aquella sólida vecindad que arranca de valores comunes. La Hispanidad y los hispanistas no constituyen una afición, sino manifiestan el ser mismo que nos une. El historiador chileno Jaime Eyzaguirre («Hispanoamérica del dolor») mostró la riqueza de esta herencia y el respeto que, en general, se tuvo por las poblaciones autóctonas, preocupación central de las Leyes de Indias. El Rey

Felipe VI es un ejemplo de este derrotero y a él debemos la tenacidad con que se han mantenido las Cumbres iberoamericanas que gradualmente deberían cuajar en frutos percibidos por todos.

–Para terminar, cuales son, en su opinión, ¿los principales personajes e instituciones que a través de los últimos años más han contribuido a densificar la relación entre España y América?

–Son muchos, y desde largo tiempo, los organismos e instituciones que han trabajado por estos ideales. Basta citar las Academias de la Lengua, de la Historia, y de otras disciplinas formadas en nuestras tierras a raíz de la influencia original de la RAE y de las otras academias reales españolas, y que hoy exhiben un intenso trabajo conjunto, reflejo de la correspondencia reconocida a sus miembros desde ambas orillas del Atlántico. Pero lo más interesante son las manifestaciones espontáneas y vivas del fenómeno. El llamado «boom» de la literatura de nuestro continente surgió en España y de ahí se proyectó al mundo. Un Vargas Llosa es indistintamente americano y español, y los chilenos, por ejemplo, admiramos que nuestra poesía con sus premios Nobel, Neruda y Mistral, sea sentida por los españoles como propia, al igual que la obra de Huidobro