Cubierta de 'Miembro fantasma'
'Miembro fantasma': daños colaterales de la complicada existencia
Fernanda Trías publica su nuevo libro de cuentos, diez relatos sobre cómo transitamos por aquello donde ya no queda nada
¿Acaso aún hay alguien que opine que la literatura sobre lo cotidiano no es importante? Intentar dormir y que el ruido del ventilador provoque tu insomnio porque se asemeja al rugido de un animal o ir al supermercado y que una conversación te lleve a un momento que te eriza la piel. Es como ese relámpago que enciende el cielo y te muestra momentáneamente el camino. Precisamente, ahí comienza en Fernanda Trías, autora de Miembro fantasma (Páginas de Espuma), la escritura de un cuento: un lento recordar, redescubrir detalles, intentar reproducir la sensación que ese fogonazo le dejó…
Páginas de Espuma (2026). 148 páginas
Miembro fantasma
En términos médicos, cuenta Fernanda Trías, el miembro fantasma es ese fenómeno por el cual una buena parte de las personas con amputaciones siguen sintiendo la presencia del miembro amputado. «Esto no sería tan terrible si no fuera porque lo que sienten es dolor en el miembro ausente. Nuestro cerebro no entiende la ausencia y sigue doliendo allí donde no hay nada».
Todos tenemos miembros fantasma… de distintas formas. Recuerdos alojados en nuestra memoria, dolores y cicatrices que no sanan, frustraciones. Como si fuéramos una acumulación de errores. Prueba y error. Prueba y error. Miembro fantasma es un conjunto de relatos, sin artificios y sin miedo a llamar a las cosas por su nombre, sobre personas que cargan con un dolor. Con un nexo común que son las ausencias que no nos abandonan. Como fina observadora que se ha revelado, Fernanda Trías se adentra en diferentes mundos y el hilo de cada uno se va enredando en una especie de nudo de nuestra vida. A la vez que va apretándose cada vez más por cada suceso más difícil es de desanudar. Diez relatos que explotan cuando la vida se atraganta y es necesario sacudir los miedos, las culpas...
En la literatura, la vida y la escritura se entrecruzan de manera que la narración resulta autobiográfica, «algunos temas vuelven, porque son mi universo personal de obsesiones». El libro comienza y termina con dos relatos sobre el mecanismo del arte de crear ficción. Todos tenemos una historia que contar y todos somos una creación en la mente de alguien. Esas frases íntimamente relacionadas, «la madre de Emilia metió la cabeza dentro del horno y se convirtió en un pastelito de pollo», que te llevan a Sylvia Plath –qué pensaría hoy con un horno pirolítico–. Otros personajes sobreviven nostálgicos o en pleno desaliento como «Las mujeres que escriben» –¿y qué pensaría Sofia Tolstaia, mujer de Leon Tolstói, que copió siete veces Guerra y Paz? –; mujeres que beben como en «Intimidad irremplazable»; los que sufren rupturas como en «Última carta a Claudia»; los silencios por respuesta en el seno del hogar y que señalan lo que acontece después, o «Ciclón», donde la amistad, vista años después, a veces es confundida con el amor. Así hasta diez cuentos con una agravada intensidad mitigada por la aparente sencillez de la narración.
Un original repertorio de personajes, en su mayoría femeninos, mostrando la verdadera dimensión que puede alcanzar el dolor, la ternura, el egoísmo, los miedos, el coste interno de nuestras decisiones y los temas que habitan bajo nuestras más ocultas crisis. La buena pluma de Trías nos conduce a territorios desconocidos que bajo esa inocente imagen de lo cotidiano explican lo complicada que es esta aventura llamada vivir.
Todo con un lenguaje directo, preciso, con señales apenas intuidas que salvan un lenguaje recargado apoyado en elipsis… Lo esencial ocurre dentro de lo más íntimo del personaje. Piénsenlo, ¿hay algo más inquietante que ese otro que creíamos conocer pero que un buen día se revela como un auténtico desconocido? «No son esas historias que se contarían en un fogón, sino las que se contarían dos amigas sentadas sobre la cama», cuenta Trías.
En realidad, estos personajes resisten en una aparente seguridad, pero sostenidos con alfileres que al mínimo remolino saldrán despedidos entre las nubes. De ahí que sea tan importante mantener esa certeza de que todo reverdece, de que todo es posible. Cómo al contemplar el amanecer sabes que pronto sucederá de nuevo.
Entre el peso del destino, repitiendo pautas aprendidas en el seno familiar y previendo que bastará cualquier espita que volverá a avivar un recuerdo, nos reconocemos en esta particular manera de enfrentar las circunstancias. Porque vivir es recordar las cosas importantes que creíamos haber olvidado.