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Cubierta de 'El silencio de la princesa Midas'SM

'El silencio de la princesa Midas': voces infantiles frente a la violencia machista

Valiente alegato en defensa de las víctimas más vulnerables, la de aquellos menores que viven las consecuencias de la violencia de género

Alba Quintas Garciandia es dramaturga y escritora de novelas juveniles. En 2012 recibió el Premio Jordi Sierra i Fabra por su novela Al otro lado de la pantalla y el relato que traemos hoy aquí fue finalista del Premio Gran Angular 2025. El primer reclamo que tuvo la autora para su escritura fue el discurso que pronunció en el Senado Joshua Alonso en mayo de 2018 acerca de los huérfanos de la violencia machista.

SM (2025). 136 páginas

El silencio de la princesa Midas

Alba Quintas Garciandia

Esta novela juvenil nace como un alegato en defensa de los niños que han vivido y sufrido el terror en sus propias casas, que han sido víctimas silenciosas de la violencia familiar y que no han sabido ponerle palabras a su sufrimiento. Estos niños son víctimas desamparadas y muchas veces olvidadas por la sociedad y la administración, con la que deben luchar sus familiares o tutores para buscar ayudas que los salvaguarden y protejan.

Quintas presta su voz a dos de estos niños a fin de que los lectores seamos conscientes de la situación y nos acerquemos a su desvalimiento; también para que conozcamos la importancia de la labor de los trabajadores sociales, que los ayudan en su desánimo y les aportan una nota de esperanza a sus vidas rotas y desencajadas.

El abuelo de Unai y Ainara, cuya madre acaba de ser asesinada por el padre de la niña, se convertirá en la roca a la que los dos menores pueden aferrarse en medio de su naufragio. Los niños salen huyendo de una casa en llamas por el fuego de la violencia y, en el camino, la pequeña pierde la voz. Como constata la propia autora, no hay nada más terrible que el silencio de los niños.

En esta novela polifónica, la voz narrativa más fuerte es la de Unai, que mantiene un diálogo constante con su madre, contándole cuál es su situación actual, cómo se siente en su inmensa soledad y cómo trata de no ahogarse en la pérdida y el dolor. Ainara, por el contrario, se ha encerrado en su propio mundo y ha hecho del silencio su armadura, debido, probablemente, a que hablar de lo ocurrido sería volver a revivir el dolor.

También está Manuel, ya viejo, ya mayor, así como los monstruos que debe afrontar tras haber acogido a los pequeños. Además del intenso dolor por la muerte de su hija, están los trámites a los que se enfrenta: la burocracia, la administración, los papeles de la tutela, el pago de los abogados, procuradores y jueces, el ver el nombre de su hija en todos los impresos que ha de cumplimentar, el pago de la hipoteca y la montaña de papeles que no logra entender. Pero Manuel no piensa dejar de pelear, no va a permitir que la realidad los devore, y como guarda forestal que fue en su juventud, siempre escucha un latido verde, un deseo de vida. Darse por vencido es un lujo de los pesimistas, y él no lo es.

La fantasía siempre ha sido un excelente mecanismo para alejarse del mal; por ello, Unai siempre duerme a su hermana contándole el cuento del rey Midas, en el que ella se convierte en la princesa. Lo que hace a esta novela especial y atractiva para los lectores es el realismo mágico que encontramos entre sus páginas, pues la tercera voz de la polifonía es la de los duendes del bosque que, con su tropel de cancioncillas populares, inquietantes algunas de las veces, rebajan el crudo realismo que ha vivido esta niña.

Muchos de los personajes que vamos conociendo a lo largo de las páginas tienen miedo, ya sea por las preguntas que no podrán resolver, por el sufrimiento que no tiene razón de ser, por la gratuidad de una violencia que nadie jamás puede explicarse. Paulo, un niño brasileño que ha huido de las palizas de su padre, lo tiene claro a su corta edad: «No importa lo grande o lo pequeño que sea tu mundo, hay que intentar cambiarlo, hay que intentar mejorarlo».

El libro se aproxima a la violencia de género con claridad y con un lenguaje muy accesible a los jóvenes, a quienes va dirigido. Se puede leer desde los 14-15 años. A pesar de que es una lectura juvenil, puede gustar también a aquellos adultos que quieran acercarse a este tema y conocer la situación de los más vulnerables. Algo magnífico de Quintas es la mezcla tan valiosa que ha realizado entre la angustiosa realidad y la magia de los duendes y la mitología.

Encontramos claramente en sus líneas los valores de la amistad, de la unión y la solidaridad entre jóvenes que se acaban de conocer, la importancia del apoyo de la familia en el proceso de la reconstrucción, el amor entre hermanos y el cariño de los familiares que consiguen superar el duelo por la persona más querida, una madre.