Cubierta de 'Maldad'
‘Maldad’, el primer volumen de las Tierras del Exilio
Llega la edición en español del primer volumen de la saga Los Fieles y los Caídos, escrita por el autor británico John Gwynne. Una buena oportunidad para los reticentes al género fantástico de iniciarse en un mundo sencillo y una tetralogía accesible
Elyon, el creador de todo, ha dado la espalda a su creación. Su ira, el Azote, estalló debido a los constantes enfrentamientos entre los gigantes. Todo ello, promovido por las intrigas de Asroth, primera criatura y preferido de Elyon, a través de su piedra de las estrellas, de la que los gigantes forjaron objetos mágicos: los Tesoros. Las consecuencias del Azote, la ira desatada de Elyon, son las Tierras del Exilio, aparentemente abandonadas a su suerte, y ahora con los humanos como protagonistas. El Azote, que terminó derribando a los gigantes, aupó a los humanos al control del poder. Pero ¿cuánto durará? La guerra se aproxima; una nueva Guerra de los Dioses, en la que unos piensan que Elyon volverá, y vencerá al malvado Asroth, y otros, bueno… piensan distinto. Este es el marco del enfrentamiento entre los fieles y los caídos, como reza la primera parte de Los escritos de Halvor: «la guerra eterna entre los Fieles y los Caídos, la ira infinita en el mundo de los hombres […]», o lo que es lo mismo, la guerra entre los fieles a Elyon, que esperan su regreso, y los adeptos de Asroth y sus maquinaciones, que buscan el poder del mal para sus propios fines.
Traducido por Simon Saito
Minotauro (2026). 752 páginas
Maldad (Los Fieles y los Caídos 1)
Esta es, a grandes rasgos, la propuesta de John Gwynne, autor británico dedicado a la fantasía épica, para su primera saga de libros, publicada entre 2012 y 2016 originalmente: The Faithful and the Fallen (Los Fieles y los Caídos), una tetralogía cuyo marco es el mundo inventado de las Tierras del Exilio. Aquí nos ocupa su primer volumen, Maldad (Minotauro, 2026), publicado originalmente en inglés en 2012, ve ahora la luz en castellano con la traducción de Simon Saito. Traducción que, dicho sea de paso, aunque buena, resulta mejorable (todos los monosílabos afirmativos son traducidos por «ajá»). En esta primera parte el lector se acerca a la presentación de los personajes principales: Corban, Veradis, Evnis, Nathair, Cywen, Kastell, el rey Aquilus (cuyo título es traducido como Rey Supremo, aunque mucho mejor sonaría «Alto Rey», de High King) etc., y al comienzo, por tanto, de sus tramas. Estas comienzan separadas, y de hecho cada capítulo nos lleva a una parte distinta de la geografía de las Tierras del Exilio: con Corban estaremos en Ardan, con Veradis en Tenebral, con Kastell en Isiltir, etc. A muchos les recordará la disposición de capítulos de Canción de hielo y fuego de G. R. R. Martin. Son líneas argumentales que, al menos en este primer volumen, son paralelas.
¿Y quiénes son estos personajes? Corban es un joven menor de 14 años que aún no ha realizado el rito de paso (la Larga Noche) que lo convertirá en guerrero, adulto, y miembro del séquito de guerreros del rey Brenin, de Ardan. Veradis ya empuña una espada y comienza a tener reputación de buen espadachín en el séquito del príncipe Nathair, hijo del Rey Supremo Aquilus, en Tenebral. Evnis, consejero del rey Brenin de Ardan, pretende conseguir lo que se le ha negado desde que nació: reconocimiento y poder. Estas vidas, junto con otras, irán entretejiéndose con profecías, signos y magia que apuntan a un cataclismo final. Los principales de ellos: las piedras levantadas por los gigantes sangran, y los mismos gigantes se han empezado a reunir para atacar a los reinos humanos. La respuesta viene de Aquilus y la reunión del resto de reyes para unirse en caso de que finalmente algo ocurra.
Hasta aquí podemos contar. En esta brevísima síntesis hemos condensado en esencia los datos que pueden conocerse de la trama sin desvelar puntos importantes que están más allá del velo de la intriga. Sí diremos que Gwynne lo encaja todo magníficamente. Lo que en un primer momento da una sensación de hilos argumentales algo deslavazados, se ve convertido más adelante en una urdimbre con sentido, y por tanto aumenta el interés y el gusto en la lectura de quien se asoma a las Tierras del Exilio según va leyendo. Sí es verdad que en algunas ocasiones cuesta mantener la magia de la verosimilitud en los diálogos, dado que nos encontramos en un mundo trasunto del medieval, por ejemplo, en los diálogos entre Corban y sus padres, que podría ser perfectamente uno de nuestro mundo y tiempo, o los que tienen lugar entre Aquilus y los demás reyes en la reunión mantenida en Jerolin, que bien podría ser (salvo por la cuestión de las profecías y los símbolos mágicos) la conversación entre jefes de Estado actuales. Los nombres, además, no funcionan muy bien, al menos en castellano. Pero tengamos en cuenta que se trata de la saga con la que debutó el autor, en la actualidad mucho más curtido con la pluma. Pero tras la lectura del volumen, y sopesando los pros y contras, podemos decir: su creación de mundos cuenta con la clara influencia de la historia, y su estilo narrativo con el objetivo de llegar al de los grandes maestros de la fantasía épica (de Tolkien a Martin), pero sin llegar a ese nivel, lo que no impide a Gwynne crear una buena historia, con personajes con los que se empatiza y cuyas aventuras y desventuras desean conocerse. No creará adeptos como el fandom tolkiendili, pero sin duda gustará a todos los buenos amantes de las aventuras en el reino de Fantasía.