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Raúl Gutiérrez, más conocido como Rulo, presenta con su grupo, Rulo y La Contrabanda, su quinto álbum de estudio

Rulo y La Contrabanda: «La paternidad te cambia, modifica tu manera de ver la vida, te hace mejor»

Raúl Gutiérrez, más conocido como Rulo, presenta su quinto disco

«Reconozco que sentía mucho pudor cuando salían mis discos, pensando que me había desnudado mucho en algunas canciones. He aprendido a que siempre tienes que ser tú». Raúl Gutiérrez, líder de Rulo y La Contrabanda, ha respondido las preguntas de El Debate para presentar su quinto disco y hablar de los 25 años que lleva haciendo música: 13 con el grupo inmortal La Fuga y 12 con la nueva formación, con la que acaba de publicar «5».

–Presentas tu último disco, «5». ¿El título responde a que es tu quinto álbum de estudio o hay más razones?

–Tengo cinco grandes motivos. El primero es que en mi familia somos cinco: soy padre de familia numerosa. Además, en la banda somos cinco; es el núcleo duro, los que llevamos cinco años como La Contrabanda… Además, es mi número fetiche, el número que utilizo para desbloquear mi teléfono.

–El adelanto, Confeti, es un tema enérgico que dedicas a tu hijo Oliver, al que cantas: «Llenaste de confeti mis canciones tristes». ¿Cómo te cambió a ti la paternidad?

–Siempre quise ser padre. Algo que decía desde el desconocimiento de desconocer lo que son las noches en vela... (risas). Siempre me han gustado mucho los niños. La paternidad te cambia, modifica tu manera de ver la vida, te hace mejor. Sé que es una opción, y tengo amigos que han decidido no ser padres, pero para mí ha sido y es un regalo. Yo siempre he sido sensible, pero desde que fui padre las cosas me afectan de otra manera, las noticias me remueven el doble, soy más empático. Para mí, la vida y la música son lo mismo, y por eso no puede no afectarme.

–«Ni lobo solitario ni artista incomprendido». ¿Son clichés de la estrella de rock?

–Yo soy muy transparente, en mis canciones, en la vida, en las entrevistas… No me considero un «personaje». Conviven en mí perfectamente el papá que lleva el niño al cole con la estrella de rock. Entiendo que el público vea el WiZink y perciba una distancia, pero igual por ser de Reinosa [Cantabria] nunca me he creído nada; de hecho, allí no me habrían dejado nunca crearme un personaje [risas]. El lugar de procedencia influye mucho, y si a mí se me empieza a ir la olla, en seguida me dicen: «Oye, que eres hijo de Tomás, el de la fábrica». Por eso siempre he tenido los pies en la tierra. Me considero artista compositor y músico, pero no estoy interpretando un personaje, ni siquiera cuando estoy sobre el escenario.

En mi pueblo me dicen: «Oye, que eres hijo de Tomás, el de la fábrica». Por eso siempre he tenido los pies en la tierra

–¿Alguna vez sientes vértigo por ser tan transparente, mostrarte tan vulnerable?

–Me ha costado mucho hablar de sentimientos, porque soy norteño y por mis padres. Esa generación no hablaba de sentimientos ni de emociones. Cuando era joven, yo tenía una pose de roquero que me impedía «mostrar mi debilidad», pero con los años he aprendido que es al revés: mostrarse tal y como uno es es una fortaleza. Muchos de los problemas que tenemos se podrían solucionar si habláramos de ellos, si no hubiera todavía tantos tabús. Creo que los hombres hemos llevado esta carga, la de no poder hablar con libertad, no poder explorar o compartir nuestras emociones. Pero a estas alturas de la vida yo digo que soy veterano, pero no viejuno: no tengo miedo de mostrarme como soy. Me desnudo en las canciones cada vez más, como he hecho en la portada del disco. Solo tenemos una vida y hay que mostrarse como se es.

–Tú llevas 25 años viviendo «dentro de una canción». ¿Cómo han sido estos años para ti? Cantas: «Tuve un ataque de cordura y de intuición cuando entregué mi alma al rock and roll. La vida es menos aburrida dentro de una canción»...

–Para hacer una carrera larga tienes que aguantarte muchos años a ti mismo y sostener tu historia: tienes que ser tú. Ahora no tengo nada que ver con la etapa en la que se acabó La Fuga; entonces tenía la autoestima los suelos. Ahora hablo con la alegría y seguridad que me han dado el público, que entiende mis vaivenes y mis inquietudes. Me han dado certeza, confianza y respaldo. 25 años de carrera son gasolina para reafirmarme. Por eso me considero un privilegiado. Soñaba con grabar un disco y he desprecintado un total de 15; en este he currado tres años, y me emociono al hablar de ello. Repito: soy un afortunado. Desde pequeño quería cantar, y de repente lo conseguí, llegué al WiZink, y a mirar la vista atrás me doy cuenta de que es algo sorprente y muy poético.

Cuando era joven, yo tenía una pose de roquero que me impedía «mostrar mi debilidad»

–¿Crees que sigue habiendo sitio para el rock hoy? Para hacerlo y escucharlo?

–Sí. Yo intento no llevar mucho la bandera del rock, porque si te defines mucho, te limitas. Aunque todo el mundo me define como rock, tengo muchas inquietudes. Puede que el rock ya no sea algo mayoritario, pero en realidad sí, siguen llenando estadios. Nunca está de moda, pero igual por eso siempre permanece.

–¿Tú percibes el cambio generacional? ¿Tienes nuevos oyentes o los tuyos van creciendo contigo?

–Suceden las dos cosas. Cuando terminamos en el WiZink mi mánager me hizo darme cuenta de toda la gente joven que había en el público. Había gente de 15, 16 años con sus padres, todos llevando la misma camiseta. Eso es lo mejor que te puede pasar como compositor vigente, que es lo que quiero ser. Si solo viniera gente a verme por canciones que hice hace 25 años sería un fracaso. Pero el público ha crecido conmigo… han sucedido las dos cosas. Y lo que me encanta es que mi público le da valor a todas mis canciones, y eso es gasolina y alegría, aunque también siento esa responsabilidad.

–¿Cómo vives tú la rueda demencial de la producción musical? ¿Tu larga carrera hace que puedas crear al margen de esos tiempos?

–Efectivamente, es demencial. Es algo que puede llegar a afectarte mucho. No puede ser que se esté todo el rato bombardeando la creación solo porque hay que hacerlo, buscando la cifra en vez de la emoción. También tengo la suerte de que yo compongo solo, y elijo y decido mis tiempos; puedo elegir parar, aunque mi madre siempre me dice: «Si a la gente le gusta lo que haces, ¿por qué paras?». Pero es que a veces lo necesito.

La creación no es un bombardeo, no se puede buscar la cifra en vez de la emoción

–Con 10 años fuiste a ver a Los Suaves en tu Reinosa natal y ahí decidiste que te dedicarías a esto. ¿Cómo fue aquel primer concierto? ¿Crees que a alguien le ha pasado lo mismo contigo?

–Como ese no he vivido ninguno. Mi padre tocaba la guitarra, era guitarrista de orquesta, y había guitarras en casa, y mi madre tenía un programa de radio amateur en la Cope, por lo que he crecido en una familia muy musiquera. Pero aquella noche fue determinante. Éramos 500 personas, y no me fascinó lo de abajo, los aplausos, sino lo que vi arriba. Yo quería estar arriba... pero mis padres pensaron que se me pasaría la fiebre.

–Al principio en tu casa no te hicieron caso con lo de la música… ¿Cómo serás tú como padre con tus tres hijos?

–La mayor estudió conservatorio y hace piano, y toca, pero no tiene inquietud. Es artística, pero no creo que siga el camino de la música. El siguiente toca la batería y la guitarra. Mi pareja también es música… ¡Tenemos más camerinos que Raphael! Pero yo no quiero influir en el futuro de mis hijos.