Los alquileres están muy caros, pero, ¿los jóvenes ahorran?

Zona antiwoke

Sí, los alquileres están muy caros. Pero, ¿los jóvenes ahorran, o no se privan de (casi) nada?

¡La vivienda! El sueño inalcanzable para muchos. Claro que hay especulación, que falta suelo edificable, que hay fondos buitre, que los salarios son bajos... Pero, ¿podría ser también que muchos no estén dispuestos a renunciar a nada?

Sí, los alquileres han subido mucho y cada vez cuesta más acceder a la vivienda. Esos son los datos objetivos e incontestables. Pero uno puede quedarse en la queja estéril o tratar de ir más allá y pensar en si hay algo que podría hacer para reunir el dinero suficiente con el que independizarse. Porque lo cierto es que hay jóvenes que sí ahorran y acceden a una vivienda. Privándose de otras cosas, claro.

«Niños de papá a quienes les ponen un piso», replicarán algunos rápidamente. Sí, evidentemente, hay padres que pueden ayudar a sus hijos en la entrada de una casa. Algo que, por cierto, no tendría por qué ser criticable. Si una familia puede ayudar, ¿qué hay de malo en que lo haga?

Es la queja generalizada entre los jóvenes (y no tan jóvenes): «No nos podemos independizar porque el precio de la vivienda es altísimo». Lo es. En las llamadas zonas tensionadas, al menos. En multitud de pueblos y ciudades de la España abandonada, sin embargo, los precios son irrisorios. Y faltan trabajadores.

Por un tercio de lo que cuesta un piso pequeño en una gran ciudad española, se puede alquilar (o comprar) una casa de tres o cuatro habitaciones. Y no es fácil hallar en esos lugares fontaneros, camareros, mecánicos, albañiles, electricistas, panaderos, profesores, fisioterapeutas, médicos, taxistas o pintores, por mencionar solo algunas profesiones.

¿Vivir lejos de la gran ciudad?

«Claro, pero, ¿quién quiere irse a vivir a un pueblo?». Bueno, ciertamente, no es una opción válida para todo el mundo. Pero muchos ya lo han hecho. Se han salido del mainstream y han explorado un camino diverso. Lo suben incluso a redes. Y les va bien. Les ha supuesto un montón de cambios en sus vidas. O no tantos. Pero allí están.

Por otro lado, ¿hay conciencia de ahorro entre los jóvenes españoles? Cada uno tendrá que autoevaluarse. Y hacerlo exige humildad y un cierto coraje. No hay una respuesta universal, válida para todos. Algunos, realmente, vivirán con una gran austeridad y sin darse apenas un capricho. Otros gastarán dinero en cosas que les parecerán «lo normal»: comer fuera con frecuencia, fumar, salir de fiesta, viajar, cambiar de ropa cada temporada, el último móvil, un tatueja más... Que cada uno amplíe la lista con lo que quiera. ¿Son cosas malas? Bueno, no todas ellas. ¿Son prescindibles? La mayoría, seguramente, sí. Pero, ¿se quiere «prescindir» de ellas?

«No me estaréis diciendo que, por hacerme un tatuaje, no puedo comprarme un piso. Venga, ¡por favor!». Eso, ciertamente, sería un reduccionismo, una simplificación para no querer ir más allá. Para no salir del estado de queja. Para quedarse cómodamente asentado en ella. La Zona antiwoke de hoy plantea el tema. ¿Hay algo que cada uno puede cambiar, o el sistema es el culpable de todo?