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Arda Güler, del Real Madrid, en Mestalla contra el ValenciaEuropa Press

La misión de Güler: aprender a mandar a los veinte años como si tuviera treinta

El Real Madrid está haciendo un trabajo magnífico con Arda Güler, el mago turco del balón que Florentino Pérez le robó a Joan Laporta hace tres años en los últimos días del mercado de fichajes. El club blanco no podía perder a un futbolista que cuelga quilates en sus botas. El presidente madridista hizo muy bien la operación para llevarse a este jugador. El chaval también puso mucho de su parte, porque quería venir al Real Madrid por encima de todas las cosas y solo esperaba que el club del Bernabéu se moviera en consecuencia. Así sucedió. Fue un acierto mutuo que se celebró con una Champions y una Liga a las primeras de cambio.

El turco de dieciocho años ya había ganado la Copa de Europa mientras todos los jugadores del Barcelona no saben lo que es eso. Solo Lewandowski lo sabe y lo consiguió en el Bayern. Güler es un talento precoz, un adelantado a su tiempo y en el Real Madrid ha explotado toda esa brillantez. En Valdebebas confirmó que desde el primer día aprendió en un mes lo que en otro club se aprendería en un año.

Arda aúna tanta calidad que le han encomendado las misiones más complicadas a tan corta edad. Porque los técnicos vieron que está dotado para ello y para mucho más. Ahora está haciendo el más difícil todavía. Lo mejor es que lo está haciendo bien. Lema: mandar. Contraseña: tener carácter para mandar. Santo y seña: encargarse de dirigir el Real Madrid. El chico destacó desde muy joven en la antigua Anatolia como un futbolista de pase genial y de regate perfecto que se movía muy bien cerca del área para dar el último tiralíneas decisivo, para disparar o para crear una jugada especial.

Llegó al Real Madrid y Ancelotti le quiso convertir en interior, no en media punta, porque sus pases en diagonal eran magníficos. Xabi Alonso comenzó a utilizarle como director de juego en algunas ocasiones, pero esa misión también la tenía Bellingham. Precisamente los dos se pisaron la manguera porque los dos querían jugar arriba y Mbappé prefería que el turco estuviera muy cerca de sus pasos para darle el pase perfecto. El inglés también quería estar arriba para seguir marcando goles como hace dos años.

Ahora, Arbeloa ha decidido que el turco lleve la batuta de la orquesta. Timonel del Real Madrid a los veinte años. Porque tiene todas las condiciones para ello. Lo más importante es que este chico quiere serlo porque tiene una valentía mental impresionante que se basa en una clase espeluznante que ya ensalzó Toni Kroos. El alemán subrayó que el talento del turco era indescifrable porque hacía cosas imprevisibles.

Líder siendo el más joven

Es Zinedine Zidane quien dice que un futbolista del Real Madrid evoluciona en tres años lo que en otro equipo evolucionaría en diez. Es lo que está haciendo el Real Madrid con Arda. Tiene un guante en la bota. Su clase tocando el balón, sus giros para cambiar el rumbo del juego, sus recursos para salir de la presión, sus pases medidos a Kylian y su saber hacer para estar siempre en el epicentro del partido le permiten jugar de lo que quiera y dónde quiera. Siempre está cerca de la pelota para que todo el fútbol pase por él.

En el Real Madrid, que conocen bien el paño desde hace más de un siglo, lo vieron pronto. Su respuesta y su reacción ante la responsabilidad que le otorgan es impresionante. Le han dicho, desde que llegó a los 18 años, que en el Real Madrid hay que tener el balón y buscarlo siempre, no esconderse, para ser el jefe del juego y del partido, para ser protagonista en el centro del campo y que se note. Perfecto, pensaba y piensa Arda. Le dijeron también desde el primer día que si perteneces al Real Madrid no puedes pasar desapercibido o te quitarán del once. Es lo que quiere: destacar, ser importante, diferente.

Tiene mucho carácter y quiere ser alguien en el fútbol. Posee tanta calidad que quiere demostrarla. Desea estar siempre en primera fila del juego, porque cuando eres un maestro el balón percibes el instinto biológico de demostrarlo en cada momento. No sientes miedo a la presión, a los silbidos, sino que palpas interiormente que necesitas todo lo contrario, destacar. Como posees tanta clase quieres recibir siempre la pelota y reafirmar tu valía. Arda ha dicho todas estas cosas cuando le han comentado que debe ser protagonista. Para Güler no es una obligación ser un referente del juego de su equipo sino que para él es una necesidad, un deseo.

Arda Guler, durante un partido con el Real MadridEuropa Press

El diamante turco no llegó en bruto porque nunca fue un diamante en bruto sino que sólo necesitaba ser tratado por los técnicos para pulir su experiencia y mejorar su personalidad con el fin de dirigir el fútbol de un club de la relevancia del Real Madrid. Lo único que requería es sentirse bien rodeado en el centro del campo. Y Arbeloa lo ha hecho muy bien. Ha definido la posición y la misión de cada futbolista en cuanto los médicos se lo han permitido. Esperaba realizar lo que ahora está ejecutando. La recuperación de casi todos los defensas, excepto Militao, le permite colocar a sus mejores jugadores en su sitio.

Tchouaméni ha vuelto a ser Tchouaméni y va a jugar como mediocentro sin regresar a la defensa, salvo que el conjunto blanco sufra otra hecatombe de lesiones. Aurelien fue el pivote del Real Madrid en Valencia. A su derecha estuvo Valverde, que regresó a su puesto en el centro del campo. No volverá a ser lateral derecho, pues Carvajal, Trent Alexander-Arnold y David Jiménez compiten por esa plaza. Y a la izquierda de la línea media jugó Camavinga, que tampoco volverá a ser lateral izquierdo, pues Carreras, Fran García y Mendy aspiran a esa titularidad. Este retorno de todos los hombres a sus casillas naturales permite al entrenador llevar a cabo lo que desea.

Una muralla antes de Güler

Arbeloa ha colocado a Güler como director de orquesta y lo ha protegido detrás con la muralla mediocampista que forman Valverde, Tchouaméni y Camavinga. Los tres puntales del centro del campo estaban jugando en la retaguardia y al regresar a sus puestos han formado un muro de contención que permite que Güler y los delanteros se muevan a gusto y se dediquen a explotar su talento ofensivo. La consecuencia de este acierto es que el turco puede brillar y lo hace. Fue el mejor hombre del Real Madrid en Mestalla gracias a su lucimiento en los pases y en el reparto del fútbol en un Real Madrid que no fue brillante. Arda fue la luz.

Lo mejor para el Real Madrid y para el zagal es que éste ha sido el comienzo de una gran amistad, que diría Bogart. La proyección de Güler es impresionante. Vivimos en directo su mejor temporada en el conjunto madrileño. Si el curso pasado disputó 49 partidos, marcó seis goles y dio nueve, en la actual campaña ya ha disputado 35 encuentros, ha firmado tres tantos y ha dado nada menos que doce. Y faltan por jugarse los cuatro meses principales que marcarán el devenir del Real Madrid.

Su evolución es tan constante como imparable. El aumento de sus responsabilidades en el esquema del equipo provoca una mejora táctica personal que se apoya también en una inyección física que Pintus dirige para que obtenga mayor musculatura. La rúbrica es la adquisición de una experiencia que es trascendental para consolidarle como un futbolista de máximo nivel. Y solo tiene veinte. Y esto solo es el comienzo. Arda, sí, es el protagonista de la pasión turca por el fútbol. Su país vibra con él. Todos los turcos se sienten orgullosos de él sean del equipo que sean.