José Mourinho dirige un entrenamiento del Real Madrid
Mourinho inicia su segunda etapa con el Real Madrid más calmado, pero con la misma hambre de títulos
La casa considera que para el vestuario es «perfecta» esta dualidad: el míster transmite ganas de éxito al equipo y no busca la confrontación
Mourinho advierte a sus jugadores: «El día que uno se deje comer por la frustración, la decisión será fácil»
Hambre. Es la palabra. Se han juntado el hambre insaciable de José Mourinho y las ganas de comer eternas de Florentino Pérez. Una sed de títulos compartida. La cúpula ve al portugués como un zorro plateado en busca de su comida. Necesita su pieza. Champions. Liga. Todo. Comerse el mundo pero con mayor serenidad. Así le ven desde la casa. Pasen y vean. «Dónde vas ¿Eres el nuevo Cafú?». Mourinho soltó esta frase a un jugador del Real Madrid hace tres lustros en un entrenamiento. Era un compendio de ironía y de vigilancia táctica. Así es el portugués. Así ha vuelto trece años después.
No ha perdido ese esencia, ese sarcasmo con guiño de complicidad. Cuidado, que detrás de esa sonrisa irónica hay un entrenador que ausculta al futbolista como un doctor. Si ve un atisbo de aburguesamiento le avisa sin tapujos. Los quiere ganadores porque él es un ganador. Tres lustros más tarde mantiene ese ADN del triunfo. Para el Real Madrid es la clave de su fichaje. Presentamos a Mourinho analizado desde el batiscafo del cuartel general de Valdebebas. Visto desde el periscopio del vestuario. Es el mismo, pero es distinto.
Florentino Pérez le conoce bien y le ha fichado por segunda vez porque el portugués mantiene su esencia competitiva. El presidente siempre tuvo una comunicación abierta con el técnico de la Liga de los récords. Congeniaron siempre porque al dirigente le gustan los hombres que luchan eternamente por la victoria y Mourinho representa eso en el fútbol. Pérez nunca olvidará que el hijo predilecto de Setúbal transformó al Real Madrid para hacerlo de nuevo competitivo hasta tutear al mejor Barcelona de la historia, el de Guardiola.
Eso nunca se olvida. Y cuando la casa blanca ha necesitado de nuevo esa inyección de adrenalina, ha vuelto a llamar a quien mejor la inyecta. Pero ha regresado un Mourinho más calmado, dicen en la cocina del vestuario. Más «calmo», apostillan en el cuartel general. El capítulo fundamental es que ese Mou menos sanguíneo sigue siendo el más exigente a la hora del triunfo. Solo le vale ganar. Lo dice y lo demuestra en el trabajo diario. José Ángel Sánchez, que es filósofo antes que fraile, lo sabe muy bien.
El ecosistema de Valdebebas analiza a su entrenador y le gusta lo que ve. «Ahora lo relativiza todo, es más tranquilo». El poso de la experiencia ha domado al león. Pero cuidado, que las garras y el colmillo siguen rugiendo en su interior. Simplemente, las saca cuando hay que ganar, no en las batallas dialécticas que solo sirven para calentones sin premio. Puesto el asterisco, el club y el técnico saben que esas garras también las tendrá que mostrar dialécticamente tarde o temprano. Hoy comienza el espectáculo para el Real Madrid y sus adversarios intentarán convertir sus ruedas de prensa en un espectáculo. Eso debe evitarlo. Lo que no eludirá será criticar cuando sufra una injusticia contra su equipo.
El hambre de victoria con pelo blanco
Desde el observatorio del cuartel general madridista se reflexiona que la dualidad intrínseca del actual Mourinho es perfecta. Es más calmado y a la vez transmite su hambre de títulos a los futbolistas. A unos jugadores que son tan ambiciosos como él y sienten esa misma hambruna de victorias. Por ello necesitan un entrenador que propugne lo mismo. Mourinho sabe que Florentino le ha contratado para volver a conquistar trofeos, no para ser segundo y dejar una buena imagen.
Mourinho es observado como un técnico con necesidad de éxito y con el pelo blanco de la experiencia. No se engañen: es un zorro plateado que quiere comerse el mundo con la calidad de la veteranía. Como el portugués dice: la experiencia te otorga calidad. Verdad. Es muy joven mentalmente y muy experto para no meterse en jardines superfluos. Se meterá cuando sea estrictamente necesario. --
El Real Madrid presenta a José Mourinho, que posa con Florentino Pérez y las Champions del equipo merengue
Mourinho es observado y él observa a sus pupilos. Y el Real Madrid analiza cómo su entrenador observa a sus hombres. Cuidado, detrás de esa ironía cercana se encuentra un jefe que atisba el carácter de sus jugadores. Los quiere con ilusión por obtener títulos. Si ve que un futbolista se aburguesa mentalmente será carne de banquillo. Exige agresividad positiva por vencer. Que el jugador piense de verdad en la Champions y en la Liga. Que sueñe con celebrar éxitos. Detesta el conformismo. Le gusta que el hombre que es suplente inicialmente trabaje duro para ganarse más minutos hasta ser titular.
Se lo ha dicho a ellos: no hay once titulares, hay más. Realizará una rotación constante. Desea que el futbolista que teóricamente es reserva de salida se gane a pulso estar en la primera línea de rotación. Que sea uno de los 15 fijos. Los otros cinco suplentes también serán protagonistas si persisten en su lucha por jugar. Entrar en ese grupeto de los 15 primeros es un reto. Quiere ser justo con el plantel. No puede contentar a todos porque juegan 11 y hará las cinco sustituciones en el segundo tiempo para renovar la potencia y la velocidad. Eso está asegurado.
Lo lógico es que esta noche repita la alineación que venció al Schalke por respeto a quienes han entrenado más tiempo con él y están más rodados. Bernardo y Valverde formarán el doble pivote con Courtois bajo palos, Mbappé y Vinicius en punta y Huijsen y Konaté en el eje de la retaguardia. Ellos integran la columna vertebral.
Su deseo de ser justo
El zorro plateado deja claro que el reparto de esfuerzos definirá su estilo de trabajar en la competición. Nadie debe enojarse por no ser titular esta noche o cualquier otro día, pues si se lo merece jugará en los segundo tiempos y probablemente entrará en el once inicial en la siguiente jornada, por ejemplo el miércoles en el estreno liguero en el Bernabéu.
A Mourinho le gusta que el futbolista no esté contento por comenzar de suplente, le agrada que sienta rabia por no estar en el once de salida, pero el futbolista debe encauzar ese anhelo positivamente para continuar trabajando bien hasta ser titular. Que no haya una sensación negativa porque eso le perjudica en sus entrenamientos. Debe mejorar en el esfuerzo diario para ser mejor. El jugador no debe sentirse decepcionado, porque si se entrega en los entrenamientos será uno de los quince fijos en la rotación. Mourinho intenta ser justo y si algo ha demostrado a lo largo de su carrera es que los nombres no le asustan. Kaká fue suplente e Isco también.
Jugará quien se lo gane, con independencia de estrategias de partidos y momentos concretos que darán paso a los jugadores necesarios en ese instante. Lo importante con Mourinho es que hay que estar listo para rendir cuando él lo pida. Más calmo, pero más inteligente. La experiencia te da más calidad y te hace mejor. La clave es que el hambre del portugués es la misma. Ganar la Champions con el Real Madrid es su sueño. Y una segunda Liga. Y una segunda Copa. Y la Supercopa frente a los eternos rivales españoles. El león tiene las garras escondidas entre el pelaje blanco.