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José Mourinho, en su regreso al Santiago BernabéuEFE

Mourinho cambia en dos meses al Real Madrid y ya le quieren hasta sus enemigos acérrimos

Muchos pusieron en duda la decisión de volver a fichar a José Mourinho como entrenador del Real Madrid. El portugués provocó como nadie filias y fobias en el sentir del madridismo hace tres lustros. Una gran parte de los madridistas estaba con él incondicionalmente, pero había otra que deseaba su adiós para cerrar una época convulsa de enfrentamientos con los árbitros, los rivales y sus entrenadores. El descubrimiento del Barçagate de Negreira le dio la razón en sus críticas al colectivo arbitral.

Su famoso «¿Por qué? ¿Por qué?» encontró la respuesta en el pago de 8,4 millones por parte del Barcelona a Enríquez Negreira, vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA). Pero en aquellos tiempos no se había demostrado nada, aunque se olía el tufillo, como él dice. Ahora se sabe casi todo. Y el portugués es mucho más sereno en sus opiniones. Es tal su mesura en los juicios de valor que hoy en día todo el madridismo le quiere. La afición en su totalidad está con él. Futbolísticamente sí tenía un apoyo mayoritario. Fueron sus acciones con Tito Vilanova (el «apagón» de un ojo) y con Manolo Preciado, técnico del Sporting, las peores causas para que esos madridistas pidieran su destitución.

Después tuvo una gran relación personal con Preciado, quien falleció desgraciadamente muy joven, a los 55 años. Como la había tenido antes y la tuvo después con Tito, quien también murió muy joven. Tres lustros después de aquellos conflictos, Mourinho muestra un comportamiento totalmente opuesto. Elogia a sus colegas rivales y saca la mano izquierda con los colegiados y con la Liga. Mourinho se ha convertido en un hombre prudente en sus declaraciones pero igual de duro en el fuero interno del trabajo, la disciplina, la entrega y el carácter, que es lo verdaderamente importante.

El resultado de esta transformación ancestral del luso es que Florentino Pérez escucha ahora con alegría que el mejor fichaje que ha realizado «es Mou». Se lo dicen los socios y los aficionados. El pueblo madridista en general. Lo que es la vida. Hace dos meses tenía que oír que el mejor fichaje era Olise y ahora le repiten en cada sitio donde va que el mejor fichaje es el portugués. Es fútbol. Es el fútbol. Cambiante como una veleta. La clave no es solo esa. El técnico se hace respetar por el grupo porque tiene la autoridad total para tomar decisiones y ha impuesto la disciplina que hacía falta en la plantilla. Disciplina en los horarios. Disciplina en la nutrición. Está aplicando la lógica sobre unos profesionales que tienen todos los medios del mundo para ser los mejores.

El ADN que gusta en el Bernabéu

Futbolísticamente no había duda en la cúpula del club. Mourinho destaca por crear equipos enormemente competitivos que se ganan al aficionado gracias a la lucha, la agresividad, la velocidad y la presión sin fin sobre el contrario, un despliegue que exige un sacrificio físico que el portugués entrena diariamente porque necesita esa eficacia aeróbica para conseguir el pressing atosigante que pretende. La dirección deportiva analiza que el estilo del luso concuerda inequívocamente con la idiosincrasia histórica del Real Madrid.

Es, el de Mourinho, un juego de robo y contragolpe intrépido que casa perfectamente con ese Real Madrid directo y vertical que siempre ganó las Copas de Europa desde 1956, remontando las adversidades con reacciones épicas que solo este club sabe ejecutar. Esa moral indomable, indeleble e infinita que ha definido siempre al Real Madrid es la que Mourinho también aplica en sus pupilos. El Bernabéu disfruta con esas demostraciones de garra que Bellingham y Valverde ejemplifican hoy.

Esa virtud se extiende a todos los futbolistas. El hecho de ver jugar a Mbappé y Vinicius pensando en el equipo es la rúbrica de Mourinho, que coincide con la firma triunfal de Villalonga y de Miguel Muñoz, de Zidane y de Ancelotti. El presidente lo sabe. José Ángel Sánchez lo sabe. El socio lo ve. El aficionado en general lo ratifica. Mourinho es el vivo espejo del Real Madrid biológico.

José Mourinho se abraza con Vinicius Jr.EFE

La cúpula y el entrenador observaron frente a la Real Sociedad unos silbidos minoritarios que surgieron cuando los guipuzcoanos empataron, unos pitos que evidenciaban el malestar sufrido por los aficionados durante dos temporadas. Había desconfianza. El portugués valoró que eran los silbidos de impaciencia. El jefe de la plantilla tuvo que esperar al descanso para reconvenir a sus hombres y dar un vuelco a la situación. Así fue. Tras el intermedio vimos al Real Madrid de la agresividad, la presión alta, la lucha total y el talento sin fin. El equipo se ganó al Bernabéu. Mourinho dejó su sello. El estadio volvió a disfrutar.

La dirección deportiva reflexiona sobre la inteligencia de este entrenador. Primero se ha ganado al plantel con su defensa del éxito del equipo por encima de las individualidades y después conquista al madridismo con el desarrollo de ese fútbol basado en la entrega táctica de todos para imponer la presión desde arriba y no dejar respirar al contrario. Su deseo de ser justo con los jugadores remata el mapa de calor de Mourinho. Quien rinde merece jugar. Güler es el mejor ejemplo.