José Mourinho, en un partido con el Real Madrid esta temporada
Mourinho blinda a sus hombres y espera que ellos hagan lo mismo para que no se lleve todas las culpas
El madridismo le exige que imponga su «autoridad» y los jugadores saben que si fallan el técnico tomará las decisiones drásticas que le piden
El centrocampista que ha entrado en la órbita del Real Madrid y enamora a José Mourinho
Mourinho les protege. Pero ahora espera que ellos le protejan. Blinda a su equipo y espera que su equipo sepa blindarle a él. Mourinho pone un escudo ante Mbappé y espera que el francés ponga uno delante del banquillo con goles y victorias. El luso pone un muro de contención para salvar a Vinicius del fusilamiento y desea que el brasileño rompa el muro protector y saque todo su fútbol. «Porque no se le puede haber olvidado jugar bien al fútbol», comenta un viejo del lugar en Valdebebas. Mourinho es la clave de todo. Y tiene las llaves del éxito y de la imprescindible catarsis.
El portugués ha tapado con una manta a todos sus pupilos, con un aura de protección extrema, y ahora espera que todos salgan de la cama y ofrezcan lo mejor de sí mismos. Hasta ahora han estado dormidos demasiado tiempo.
Los resultados y los pitos les han despertado. Es hora de levantarse, jalea Mourinho. La imprescindible catarsis comienza por los titulares y continúa por los suplentes si los primeros no funcionan.
Lo que ha hecho el entrenador del Real Madrid durante mucho tiempo ha sido esconder los defectos de sus hombres y protegerles para que entreguen en el césped lo mejor de sí mismos. Ha mantenido en la alineación a Vinicius, porque si lo sienta el golpe anímico será peor para el carioca. Ha dado minutos a diversos futbolistas para ver si se asentaban en el esquema. Pero ya en el Metropolitano comenzó a realizar variantes, porque las cosas no salían. Diomande, Bernardo y Rüdiger fueron los mejores en territorio comanche. Los tres protagonizan la primera revolución interna del portugués.
La afición pide autoridad a Mourinho
Hay un dato elocuente de las sensaciones que vive el madridismo. Todos los aficionados consultados exigen a Mourinho que imponga su autoridad. Algunos le piden la mano dura de antaño. La mayoría sugiera que imponga su autoridad con mesura, sin excesos, que es lo que molestaba hace tres lustros. Pero desean que se imponga. No quiere mano blanda con los futbolistas. Y anhelan que tome decisiones drásticas.
Todos, pero todos los seguidores, concuerdan en que Diomande debe ser titular. Y la mayoría desea que jueguen Bernardo como director y Rüdiger en defensa, a sabiendas de que el alemán no puede jugarlo todo por sus problemas de rodilla.
Giuliano Simeone pelea un balón con Yan Diomande, en el Atlético de Madrid - Real Madrid
El madridismo demuestra un cariño especial hacia Mourinho. Los simpatizantes madridistas le protegen. Le piden que actúe y realice cambios porque si no lo hace las culpas acudirán a él como un bumerán. La protección sobre sus pupilos se volverá contra él si estos no funcionan en el campo. Le avisan. El entrenador lo sabe. Por eso necesita que sus hombres le respondan a la hora de la verdad.
Los capitanes asumen esta responsabilidad y han hablado para dar un salto adelante en esta fase de cinco partidos que acaba en el clásico. No pueden fallar. No le pueden fallar a un entrenador que les protege como nadie en su carrera. Mourinho pone la cara para que se la rompan, pero esos golpes los deberían encajar los jugadores. Lo saben. Tienen que dar el do de pecho. De lo contrario, el responsable del plantel deberá meter el bisturí.
Cambios inmediatos y pausados
Mourinho sabe lo que debe cambiar. Pero ejecutará las variaciones paulatinamente. Hay tres hombres que extienden la titularidad a catorce futbolistas fijos. Diomande ya es el duodécimo. Bernardo lo va a ser a partir de ahora. Rüdiger ya lo es, en una rotación constante con Huijsen y Konaté. La siguiente decisión es consabida: Vinicius. La filosofía del jefe del banquillo es clara. Seguirá contando con el brasileño, pero si las cosas no van le cambiará, como sucedió en el Metropolitano en favor de Diomande. Nunca le habían quitado a los 53 minutos. También le sentó en el 68' unos días antes.
Si el resultado va mal, no habrá paños calientes. Será relevado. Pero el número siete no será apartado al ostracismo de la suplencia. Jugará en un reparto de esfuerzos con Diomande, Bernardo y Güler, según los rivales.
Ahora, Mourinho piensa en atacar los dos partidos consecutivos, Villarreal y Roma, y los dos onces se compensarán el uno con el otro. Dos hombres teóricamente titulares no lo serán esta noche, reservados para la visita a Roma. El cuadro técnico se plantea cada primer partido como prioritario y hay que ganarlo, pero la planificación se hace con dobles parejas de partidos, porque los futbolistas no pueden darlo todo esta noche y llegar cansados a Roma. Hay que repartir energías.
No es Mourinho amante del reparto de esfuerzos, pero este calendario inhumano le obliga a ello. El entrenador pone su guinda: por favor, no piten al equipo por «inventos mediáticos». No monten la bicicleta de «la polémica falsa».