Mikel Merino tras la victoria de España frente a Portugal

Mikel Merino tras la victoria de España frente a PortugalAFP7 vía Europa Press

La lucha incansable de Mikel Merino hasta convertirse en el nuevo héroe de España

Mikel Merino se convirtió en el gran protagonista de la victoria de España ante Portugal. Su gol en el minuto 91 certificó el pase de la selección española a cuartos de final de la Copa del Mundo tras 16 años sin lograrlo. La última vez fue en Sudáfrica, en 2010, cuando España consiguió su primer y único Mundial.

Con este gol, es buen momento para recordar su historia. Su padre, Ángel Miguel Merino Torres, también fue futbolista y desarrolló su carrera en distintos clubes españoles como Osasuna, Celta, Las Palmas o Leganés. Tras el gol de Mikel, habló en COPE sobre el orgullo que siente la familia por él. «Increíble, increíble, este chico no hace más que darnos alegrías en estos campeonatos», dijo el padre.

Una familia orgullosa de su hijo que en ningún momento le presionó para que se dedicara a este deporte. El propio Mikel contó esto hace un par de años en una entrevista que concedió a 'La Vanguardia'. El pamplonés explicó que pese a ser hijo de futbolista nunca sintió esa presión sobre su futuro y que fue decisión suya. «No sé si predestinado pero desde luego no era la intención de mis padres», aseguró.

«Si algo tenía claro mi madre es que no quería balones de fútbol por casa hasta que yo no lo decidiera, que no fuera porque mi padre era futbolista y yo tenía la presión de serlo», contó Merino. De hecho, su primer balón llegó cuando sus padres se percataron de que sí era el fútbol el deporte que él quería practicar. «No tuve mi primer balón hasta que mi madre no me vio quitárselo a los niños por la calle», recordó. Explicó que «para evitar problemas, decidió comprarme uno». Y ya cuando tuvo en sus manos su primer balón, «a partir de ahí, ya fue algo como innato el querer ser futbolista», dijo.

Cuando ya tuvo ese balón y disfrutaba del fútbol como cualquier niño amante de este deporte, fue cuando se percató de que quería seguir los pasos de su padre. «Desde niño no se me ocurrió otra cosa que no fuera ser futbolista», afirmó sobre ese sueño que logró cumplir. En la citada entrevista, contó que él no era consciente de lo complicado que era. «Era mi sueño aunque quizás era un poco inconsciente porque no me daba cuenta de lo difícil que es y de la poca gente que llega y tiene la suerte de poder dedicarse a ello. Pero era lo más deseaba, sabía que iba a ser mi vida», contó.

Además, valoró que su padre nunca se haya metido en su carrera en este deporte. «Nunca ha estado muy encima mío. O sea, después de los partidos jamás me ha dicho ‘tenías que haber hecho esto o aquello’», mencionó. Sin embargo, si algo le ha transmitido su padre han sido «los valores del trabajo en equipo, de currar y de no quejarte», comentó.

Ya en 2015, hace más de 10 años, aseguró en Noticias de Navarra que la fama nunca le asustó. «sobre todo por mis padres. Al venir de una familia que ha estado ligada al deporte, sabía lo que había y no fue un cambio muy drástico», dijo Mikel.

Además, en esta entrevista, también habló sobre cómo compaginó en su día el fútbol con los estudios. «Cuando estaba en segundo de Bachiller me subieron al Promesas y ahí el tema se complicó porque el Promesas entrena por la mañana y las clases también eran en esas horas. Tuve que elegir y me dediqué al fútbol, pero no dejé los estudios», explicó Merino, que pese a tener claro cuál quería que fuese su futuro, nunca apostó todo por ello por si no salía como él quería.

«Siempre que podía iba a clase y si no podía le pedía apuntes a mis amigos. Se hizo duro por el hecho de no poder ir a clase y tener que llevarte todo el trabajo a casa, pero conseguí sacar el curso y luego aprobé Selectividad», dijo el futbolista del Arsenal. Todo un ejemplo para aquellos niños que sueñan con dedicarse a este deporte.

La humildad y sencillez de Merino es quizás lo que le hace tan grande. Tras anotar el gol de la victoria, se acordó de sus raíces y salió en rueda de prensa con el pañuelo rojo tan característico durante estas fechas en Pamplona por San Fermín. Su historia vale la pena y alegra ver que aún quedan jugadores de este estilo, capaces de todo y que se mantienen con los pies en el suelo.

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